Cuando los hippies bailaban con los ricos: historia oral de la fauna de Pacha Ibiza

Este año la mítica discoteca cumple medio siglo. Es difícil encontrar a algún famoso que nunca haya apurado la noche en algunas de las sucursales de esta firma, que nació con la humilde pretensión de que moviéramos el esqueleto.

Lola Flores y Encarnita Polo. Foto: Cortesía de Pachá Ibiza

En una crónica de la juerga y el desmadre, Ibiza ocuparía siempre un lugar privilegiado. Cronológicamente, serían los años 70 los que merecerían el capítulo más extenso, ya que fue por aquellas fechas cuando la isla aglutinó a muchos de los personajes más estrambóticos y divertidos del planeta. Si se era joven, guapo, antisistema y se flirteaba con el cannabis, la geografía proporcionaba una ruta de peregrinación –la hippie trail– que incluía puntos como San Francisco, Katmandú, Goa, Ámsterdam e Ibiza.

Algunos coinciden en que el descubrimiento de esta pequeña isla al mundo, llevado a cabo por extranjeros –los españoles nunca fuimos muy buenos en eso de reconocer paraísos locales–, tuvo bastante que ver con una película. Según Carlos Martorell, cronista y protagonista de aquellos años, “fue un largometraje, More (1969) de Barbet Schroeder, con música de Pink Floyd, el que dio a conocer a muchos este trozo del Mediterráneo. La cinta, rodada íntegramente en la isla, hablaba de las drogas como vehículo de conocimiento e interiorización del propio yo”.

Roman y Emanuelle Polanski en Ibiza. Foto: Cortesía de Pachá Ibiza

Indiscutiblemente, Ibiza era el lugar ideal para hippies, personajes al margen de la ley, yuppies europeos o americanos que se anticiparon al downsistem o desertores de la guerra del Vietnam con el beneplácito de sus comprensivos padres, que les giraban mensualmente sus dólares al único banco del pueblo. La isla era un lugar apartado, barato –entonces se podía alquilar una casita de campo por 30 euros al mes– y con un clima privilegiado. ¿Qué más se podía pedir?

En medio de aquel decorado Ricardo Urgell, genio e inventor de Pacha, reunía dos condiciones básicas para su misión: un instinto catalán para los negocios y unas enormes ganas de diversión. Él fue el encargado de rentabilizar el desparrame a partir de una filosofía simple y ancestral, recogida en el prólogo del famoso Libro Rojo de Pacha: “desde que existe el hombre existe el baile”. En 1967 abrió el Pacha de Sitges, su primera discoteca, a pesar de las suspicacias de sus amigos, que no veían el proyecto muy claro. Su mujer, en cambio, le pronosticó, “ganarás tanto dinero que podrás vivir como un pachá”. De ahí sacó el nombre.

Julio Iglesias. Foto: Cortesía de Pachá Ibiza

En la España de Franco, Sitges y más tarde Ibiza –el Pacha ibicenco abrió sus puertas en 1973- escaparon como por arte de magia a la censura, la mojigatería y el recato de la época. La isla por su lejanía con la península y el pequeño pueblo catalán, según la periodista Silvia Alexandrovitch, “porque había un enorme desconocimiento por parte de las autoridades de lo que allí estaba pasando”. El propio Ricardo Urgell, reconoce que tuvo más encontronazos con la ley y el orden en el Pacha de Madrid, contemporáneo de la Movida Madrileña de los 80, que en los años anteriores. “En la capital me cerraron el local por venta de alcohol a menores, algo que todo el mundo hacía y sigue haciendo”, cuenta el empresario. “En los años 70, sin embargo, los problemas con las autoridades fueron puntuales y no exentos de cierto humor. Cosas surrealistas que yo creo que contribuyeron todavía más a crear la fama de la discoteca”.

Fernando Porcar y la actriz Grace Jones. Foto: Cortesía de Pachá Ibiza

En una ocasión, unos policías entraron en el Pacha de Sitges y exigieron a su dueño un periódico. Urgell, extrañado, preguntó para qué lo querían. Contestaron que intentaban comprobar si había luz suficiente para leerlo. Ricardo les aclaró que la gente no iba a las discotecas a ver la prensa, que era un nuevo concepto de diversión. No sirvió de nada y el club fue precintado durante un tiempo. “Esta es una discoteca de maricones”, afirmó un miembro de las fuerzas del orden en otra ocasión, no pudiendo entender que los hombres bailasen suelto, unos frente a otros.

Otro episodio sonado fue el de la redada masiva que se llevó a cabo en la famosa terraza del Hotel Montesol, en el centro de Ibiza, por fumar porros. Aunque como maniobra, resultó más inteligente la confiscación de discos. Se les acusó de contrabando, puesto que éstos eran importados. Sin embargo, los amigos prestaron los suyos y Pacha pudo abrir el fin de semana siguiente.

Mecano. Foto: Cortesía de Pachá Ibiza

Diversión sin zona VIP ni barreras sociales

La música era un ingrediente esencial, un agente catalizador. La noche inaugural de la discoteca de Sitges se pinchó jazz mientras llegaba el público y, de repente, se oyó un cacareo de gallinas. Era el principio de Sargent Pepper’s de los Beatles.

Muy pronto Pacha se convirtió en la puerta por la que entró la música y la moda procedente de Europa y el mundo. Cuando los millonarios y aristócratas empezaron a anclar sus yates en la isla para ver lo que allí se estaba cociendo, la ropa los igualó con los hippies locales. En la pista de baile era difícil diferenciar a la princesa Gloria von Thurn and Taxis de cualquier residente en la isla, en lo que a aspecto se refiere, ya que ambos vestían según las reglas del momento: ropa estrambótica y colorista con los mayores elementos exóticos posibles. Para los que nunca hubieran viajado a la India, el mercadillo hippy era una solución rápida y barata para hacerse con el look adecuado, versionado y comercializado más tarde como moda Adlib.

Miguel Bosé, Mariscal, Ana Torroja, Lolita, Bibiana Fernández, Miguel Ríos, Serrat y Massiel. Foto: Cortesía de Pachá Ibiza

El éxito de Pacha residió en ese espíritu democrático, anterior al macabro invento de la zona VIP. La misma fórmula de clubs tan emblemáticos como el Estudio 54 de Nueva York, por el que circulaban sin fronteras ni lucha de clases Divine, Mike Jagger, marchosas viejecillas vestidas de Chanel, homosexuales enfundados en cuero y cualquiera que llegase al limite de extravagancia exigido para poder cruzar la puerta que lo introducía en el paraíso.

Como alguien anónimo dice en el Libro Rojo de Pacha, “era un verdadero espectáculo contemplar la pista de baile. Nunca he visto tanta alegría y tanta buena energía concentrada”.

“El factor diferencial que tenía Ibiza con respecto a otros sitios”, cuenta el fotógrafo Toni Riera, que inmortalizó aquellos años, “era que nunca conocías el apellido de nadie. Los guapos no iban de estrellas y, sobre todo, estaba el hecho de que el que tenía algo lo compartía con todos”.

La diseñadora de joyas Elsa Peretti. Foto: Cortesía de Pachá Ibiza

La fauna del Pacha de entonces incluía entre sus asiduos a Ernesto de Hannover, Ricardo Bofill, el recientemente fallecido Ángel Nieto, Nina Haggen, Veruschka, Niki Lauda, Ursula Andress, Mimo Ferretti, Fulgencio Rubén Batista (hijo del mandatario cubano), las princesas Wittgenstein (Loretta y Johanna), Clio Glodsmith, Carlos Sotto Mayor (la portuguesa con nombre masculino, novia de Jean Paul Belmondo), Roman Polanski o Elmyr de Hory, un falsificador de cuadros buscado por la Interpol.

Revueltos con los grandes circulaban personajes anónimos que llegaron a la isla y se hicieron legendarios como Jana, una nórdica que desembarcó en Ibiza con 17 años, y acabó comprando una casa con el dinero procedente de vender tangas en la playa, que ella misma confeccionaba.

El músico Xavier Cugat. Foto: Cortesía de Pachá Ibiza

Por aquel entonces la juerga no se limitaba solo a la noche. Esta también era diurna e incluía porros en la playa, asados argentinos o escapadas en el yate de algún amigo millonario a las calas más inaccesibles. Sylvia Polakov recogía con su cámara estas escenas, que se proyectaban cada noche en las paredes de Pachá. No salir en aquellas diapositivas era como no existir.

A lo largo de los 50 años de la marca de las cerezas han pasado por sus pistas personajes de toda índole. Julio Iglesias, Mari Santpere, Xavier Cugat, Brigitte Nielsen, Grace Jones, Jean Paul Gaultier, Almodóvar, Rossy de Palma, Tita Cervera, Kate Moss, Kylie Minogue, Helena Christensen… Es difícil encontrar a algún famoso que nunca haya apurado la noche en algunas de las sucursales de esta firma, que nació con la humilde pretensión de que moviéramos el esqueleto.

Norma Duval, Lolita y Guillermo Furiase. Foto: Cortesía de Pachá Ibiza

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