19 mujeres dispuestas a cambiar el mundo

Las ideas femeninas, con una identidad que impone creatividad y audacia, construyen una sociedad más justa e igualitaria. He aquí 19 ejemplos.

mujeres

Foto: Antártica y Josefina Andrés

BENEDETTA TAGLIABUE

Su estudio de arquitectura, Miralles Tagliabue EMBT (que creó con su esposo Enric Miralles, fallecido en 2000), tiene proyectos en marcha en países como Italia, Francia, Alemania o China. Solo uno de sus trabajos, cuya inauguración se prevé para 2019, se está realizando en España, concretamente en Barcelona: el Centro Kālida Sant Pau: «Trabajo demasiado fuera –reconoce–, pero este es un proyecto maravilloso». Necesario.

Benedetta Tagliabue, Centro Kālida Sant Pau. Foto: Antártica y Josefina Andrés

Situado junto al Servicio de Oncología del Hospital de Sant Pau y diseñado según el principio de arquitectura «para cuidar», dará soporte práctico, emocional y social, de manera gratuita y abierta, a personas con cáncer y sus familiares. Su puesta en marcha confirma la increíble capacidad de la arquitectura para mejorar la sociedad: «Ratan N. Tata, con quien he compartido el jurado de los premios Pritzker, me ha transmitido esa fe en nuestra profesión», comenta Tagliabue.

Su vínculo desinteresado por este proyecto único en nuestro país y perteneciente a la red internacional de centros Maggie’s, con la que han colaborado reputados arquitectos como Zaha Hadid, Norman Foster o Frank Gehry, nació tras la experiencia de vivir el cáncer de su marido: «La idea de Maggie’s proviene de una mujer, Maggie Keswick Jencks, y es tan de sentido común que quizá un hombre no hubiera tenido la valentía de proponerla. Es genial, potente, importante. El centro Kālida tendrá una arquitectura con un punto de vista femenino e intentará hacer felices a los demás. La mujer tiene un papel especial en la sociedad porque se mueve con una capacidad de ayudar increíble y constante».

El estudio de arquitectura Miralles Tagliabue EMBT tiene proyectos en marcha en países como Italia, Francia, Alemania o China.

MYRTHA CASANOVA

Su vida da para una serie de alto presupuesto, con escenarios en Cuba, Estados Unidos, México, Venezuela y España, y en la que Kennedy y Castro tendrían papeles secundarios, ambos como villanos. Nacida en Cuba en 1936, estudió Filología y salió del país antes de la Revolución. Trabajó en publicidad en Estados Unidos, en una agencia no muy distinta a la de Mad Men, y fue reclutada por el FBI para hacer propaganda anticomunista. Tras el fracaso de la invasión de bahía de Cochinos, que consideró una traición a los cubanos de fuera de la isla, dejó el país desengañada y recaló en la España tenebrosa de 1962. Fundó la primera empresa de marketing moderno del país, CYGLA, y antes de llegar a los 30, ya dirigía la filial de Stanhome, la multinacional de productos de limpieza.

Myrtha Casanova, Inst. Europeo para la Gestión de la Diversida. Foto: Antártica y Josefina Andrés

Está orgullosa de haber empoderado a más de 80.000 mujeres, que se convertían en microempresarias de venta directa, las famosas reuniones caseras tipo Tupperware. «A las primeras entrevistas, las candidatas venían con sus maridos. Había que vendérselo a ellos», rememora. No es ninguna broma. Algunas, sin ninguna formación universitaria, estaban ganando en poco tiempo 100.000 pesetas al mes, una cantidad nada desdeñable en 1968. Más tarde, inspirada en parte por el ejemplo de su hijo Mario, nacido con parálisis cerebral, fundó el Instituto Europeo para la Gestión de la Diversidad, que promueve la integración de distintas capacidades en las plantillas, y la asociación Artistas Diversos, para promover la inclusión social y profesional de personas con discapacidad a través del arte.

Libélulas, de Sergio Crespo, una de las obras del proyecto Artistas Diversos, promovido por Myrtha Casanova.

CARLOTA PI

Es ingeniera y fundadora de HolaLuz, la primera eléctrica europea en conseguir la certificación B Corp, que engloba a más de 2.400 empresas de 50 países, cuyo objetivo es, más allá de generar ganancias, innovar para maximizar un impacto positivo en los empleados, en las comunidades donde sirven y en el medio ambiente. «Mi objetivo y el de mis dos socios es conseguir que el mundo se mueva cien por cien por energías renovables y construir un modelo de compañía donde nos podamos desarrollar como seres humanos».

Carlota Pi, cofundadora de HolaLuz. Foto: Antártica y Josefina Andrés

Su empresa tiene más de 156.000 clientes y crece a un ritmo de 500 nuevos por día. «La clave es generar confianza, ofrecer una tarifa justa y plana. Siempre con total transparencia». Pi, que considera que los tres pilares que van a permitirnos cambiar el mundo son la sanidad, la educación y la revolución energética, confiesa que su mayor fuente de energía son sus tres hijos, «mi inspiración». La mueven a luchar por un futuro mejor. «El día que derogaron el fatídico impuesto al sol, en HolaLuz nos abrazamos. Al fin nos va a permitir transitar de un modelo energético contaminante a uno ecológico, que nos dará un aire limpio y evitará enfermedades», afirma. «Las renovables no son caras, son la solución. Hemos perdido de 10 a 15 años con politiqueos, cuando son el futuro. Ha sido falta de visión y de generosidad. Otros países sin tensiones políticas en un tema tan importante nos han tomado la delantera. España debe liderar las energías sostenibles. Nos toca ponernos las pilas».

CONCHA MONJE

Mejor Científica Contemporánea 2017 y Premio Mujer y Tecnología, Concha Monje es ingeniera robótica y trabaja en el desarrollo del robot con base bípeda TEO: «Pretendemos que sea un robot asistencial del futuro, que realice labores de colaboración con el humano como ayudar a trasladar un mueble, planchar o hacer de camarero. Hemos conseguido que tenga capacidades tan sofisticadas como mantener el equilibrio con una bandeja o detectar las arrugas en una prenda», explica Monje, para quien la robótica tiene la gran ventaja de que, bien empleada, mejora la calidad de vida a las personas. «TEO nos puede aliviar de muchas tareas en casa, las más rutinarias, las menos creativas. Apretar una tuerca no da valor al producto, pero pensar cómo será esa tuerca, sí», apunta y añade que no hay que tener miedo a los avances, ya que «sin la tecnología no tendríamos el mundo que tenemos hoy».

Concha Monje, investigadora de Robotics Lab. Foto: Antártica y Josefina Andrés

Además, rompe una lanza a favor de una educación diferente, que potencie las habilidades y, en lugar de formar en conceptos repetitivos, enseñe a ser críticos, a analizar y, por supuesto, robótica y programación. «Nos menospreciamos pensando que no somos capaces de desarrollar tareas creativas. La sociedad tiende a hacernos creer eso porque es más fácil criar borregos fáciles de dominar. Hay que apostar por las nuevas generaciones para que desarrollen estas habilidades y estén preparadas». Pide una sola cosa, visibilizar a la mujer: «Ver a una ingeniera que hace robots ayuda a que las niñas lo perciben como algo natural. La igualdad puede cambiar el mundo de verdad».

Robot ‘asistente’ del proyecto TEO, de la investigadora Concha Monje.

MÓNICA GUTIÉRREZ

¿A qué llamamos basura? Contestar a esta pregunta es una de las reflexiones planteadas por Basurama, un colectivo de arte y arquitectura que surgió de la Escuela de Arquitectura de Madrid en 2001 y, desde entonces, trabaja con elementos «que suelen denominarse así solo porque el propietario ha decidido no utilizarlos» y, de algún modo, él mismo ha convertido en desperdicio. «Ningún material es basura en sí –apunta Mónica, cofundadora del proyecto–. Por eso, lo que nosotros planteamos y hacemos es aplicar otro modo de relacionarnos con estos materiales y así reconsideramos el modelo de consumo».

Mónica Gutiérrez, de Basurama. Foto: Antártica y Josefina AndrésMónica Gutiérrez, de Basurama

Ambientóloga y gestora cultural, Mónica lleva ocho años trabajando en la plataforma. Actualmente coordina ReLabs_Laboratorio de residuos vivos, proyecto desde el que se fomenta la cultura de reutilización en las instituciones públicas y en la sociedad en general. Para ello, realizan el diagnóstico y mapeo del actual sistema de gestión de materiales dentro de las diferentes áreas. Proponen reflexionar sobre nuevos modelos de gestión de lo público: «Trabajamos en entornos degradados donde construimos otras posibilidades. Lo hacemos con vocación de transformación social, para generar espacios que unan comunidades. Localizamos un problema y lo abordamos con proyectos efímeros, permanentes, artísticos, educativos…», explica. Entre sus logros, están la recuperación de lugares en desuso como espacios públicos o comunitarios.

Abierto x Obras, instalación expuesta por Basurama en 2016.

SHARON NÚÑEZ

Cuando estudiaba Sociología en la Universidad Complutense, Sharon Núñez ya defendía como voluntaria los derechos de los animales «porque me parecen los seres vivos más vulnerables. No pueden protestar, pero son capaces de sentir. Cuando a una vaca la separas de su cría llora y muge durante días, como cualquier hembra. La crueldad hacía ellos nos hace peores como personas y como sociedad». En 2001 se hizo vegana y en 2006, junto a Javier Moreno, creó Igualdad Animal. «Éramos un grupo de activistas que, con pasión, queríamos cambiar la realidad. Nos encadenábamos a mataderos, saltábamos al ruedo con carteles de abolición y fuimos ganando atención de los medios, españoles e internacionales», recuerda.

Sharon Núñez, Pdta. y fundadora de Igualdad Animal. Foto: Antártica y Josefina Andrés

Hoy, Igualdad Animal es una organización referente. Sus reportajes de investigación en las industrias de explotación animal han llegado a millones de personas, están en ocho países y cuentan con 85 empleados. Esas investigaciones los llevan a vivir situaciones arriesgadas. «La que más me marcó fue una en una granja que suministraba carne de cerdo a una empresa cárnica. Cuando entré en la zona de maternidad, las cerdas estaban en jaulas y no podían ni darse la vuelta. Había una madre dando a luz y las crías caían en las heces. Pensé ‘qué forma de llegar al mundo’. Seguimos trabajando para que compañías como esas sean conscientes del daño que hacen. Sus productos no son éticos ni están libres de crueldad». Por ello, y aunque se muestra esperanzada con los cambios y anima a bajar el consumo de carne, Núñez tiene claro su objetivo: «Quiero ver un mundo en el que los animales sean respetados y estén protegidos».

JOHANNA THÖRNBLAD

«Las mujeres sabemos escuchar y las personas que trabajan en Teixidors merecen ser escuchadas», nos dice Johanna Thörnblad, actual directora de la firma de artesanía textil que, desde 1983, basa sus principios de fabricación en la inclusión social y las oportunidades laborales para personas con discapacidad intelectual. Sueca afincada en Barcelona, adonde llegó en 2002 para estudiar un MBA de la Universidad de Chicago, Johanna descubrió Teixidors en Maison Objet: «Entonces tenía mi propia distribuidora, Nordiska Design. Cuando más tarde me propusieron dirigirla, no lo dudé un momento. Es una manera de decirle a la sociedad que queremos cambiar las cosas».

Johanna Thörnblad, dir.a de Teixidors. Foto: Antártica y Josefina Andrés

El concepto «hecho a mano» tiene en Teixidors valor añadido. En su veintena de telares manuales se tejen fibras con trazabilidad y garantías: cachemir de una cooperativa de Mongolia, lana merina ecológica de La Provenza, pero sobre todo, se consigue un producto final de diseño excepcional que se comercializa actualmente en más de 30 países y que ha seducido a diseñadores como Faye Toogood, con la que han hecho una colección que incorporarán a su catálogo esta temporada. «Todos somos diferentes y es la suma de estas diferencias lo que hace posible que podamos conseguir algo mejor», concluye.

Uno de los talleres manuales de Teixidors.

ROSA ESCANDELL

Con 23 años, se convirtió en una de las directoras de banco más jóvenes de España. Allí desarrolló su carácter emprendedor y descubrió que se le daba bien ser gestora, pero que prefería serlo para quienes no tuvieran recursos. Por eso, dejó su trabajo para seguir a su conciencia social. «Me marché a Bangladesh a trabajar en los microcréditos, estuve por América Latina, pero al final volví a España para poner en valor lo que había aprendido», cuenta. De este modo, ha creado varias empresas sociales destinadas a dar trabajo a los colectivos más desfavorecidos, empresas cuyo objetivo es generar recursos económicos propios que les permita funcionar por sí mismas. «Si quieres ayudar, lo más importante es generar empleo». En España montó PRM, un programa de reinserción de mujeres que les da una formación textil de tres o cuatro años, más larga de lo habitual, para garantizar que serán profesionales muy cualificadas. «Nuestra experiencia nos dice que así salen de verdad de su situación de exclusión para siempre. También tenemos un piso de acogida para víctimas de violencia de género», explica.

Rosa Escandell, fundadora de A Puntadas. Viste con abrigo reversible de WEEKEND MAXMARA. Foto: Antártica y Josefina Andrés

Más tarde nació A Puntadas, que realiza productos textiles de manufactura por pedido y la marca Malas Meninas. Además, Escandell fundó ADCAM, un proyecto de cooperación con la comunidad masai en Kenia. «Tenemos una escuela primaria y tres parvularios, más de 1.400 mujeres masai de Tanzania y Kenia crean diseños para la empresa de calzado española Pikolinos y hemos montado un campamento turístico, gestionado por los guerreros masai, que permite a los viajeros conocer nuestros proyectos y descubrir el Masai Mara de la mano de sus guardianes. Y no, a mis 52 años, nunca me he arrepentido de haber dejado el trabajo en el banco».

Más de 1.400 mujeres masai en Kenia trabajan gracias a ADCAM, proyecto de cooperación que fundó Rosa Escandell con esa comunidad en el país africano.

ANGÉLICA DASS

En una charla TED, la fotógrafa brasileña afincada en España explica que aunque hace 128 años que el último país americano, Brasil, abolió la esclavitud, el color de la piel no solo causa una primera impresión, sino que marca la definitiva. Cuando Dass buscó sus orígenes descubrió una herencia europea, indígena y africana. «Y supe que, de todas, la que menos valor me daba como ser humano era la africana. Es duro, pero así es. Quiero que me miren como a un ser humano, no como a ese concepto anacrónico de la raza», explica. Lograrlo es el germen de su proyecto Humanae, que mezcla el collage de sus fotografías con talleres educativos para niños y niñas, donde a través de los autorretratos que realizan descubren la belleza de los colores de la piel humana. Lo captan muy deprisa y juegan a encontrar el suyo. «Luego corrigen a sus padres si dicen que el lápiz rosa o beis es el color carne. ‘Hay de muchos colores’, les argumentan», dice.

Angélica Dass, creadora de Humanae Institute. Foto: Antártica y Josefina Andrés

Dass, que pasa la mitad del año en nuestro país y el resto en EE UU, donde está recibiendo mucho apoyo, hace una defensa encendida del profesorado español. «Son el motor del cambio. Desean educar a los niños no solo en lo académico, sino como seres humanos», asegura. Humanae ya se utiliza en 37 países y Dass ha dado conferencias y talleres en los cinco continentes. Solo en Chile, participaron 75.000 niños y niñas. Ella acude como voluntaria siempre que puede a formar a maestros. «Sé que después tendrán el potencial para impactar en sus alumnos durante toda su carrera», afirma. Su charla en Internet ya lleva más de dos millones de visualizaciones. «Está bien, pero quiero ser viral también en el mundo real».

Exposición de Humanae, de Angélica Dass, en Bilbao.

CAMINO ALONSO

Arquitecta especializada en sostenibilidad, es una de directoras creativas del estudio Ábaton, donde tratan de impulsar el uso de la madera como un sumidero de carbono que ayude a la protección medioambiental. El sector de la edificación es el responsable del 40% de las emisiones de CO2 y, desde su estudio, Alonso quiere ofrecer alternativas al respecto. «Nuestro objetivo es crear viviendas que no solo sean sostenibles y con consumo cero, sino que además sean sumideros de CO2», aunque reconoce que en España cuesta que se apueste por este elemento estructural. «Nosotros trabajamos con la madera que mejor responde ante terremotos y que, además, se autoprotege en los incendios», aclara. Señala que la arquitectura sostenible es una tendencia mundial: «En España estamos más que preparados para liderar esa tendencia».

Camino Alonso, cofundadora de Ábaton. Foto: Antártica y Josefina Andrés

Alonso apunta que la arquitectura puede ser un motor de cambio para estructurar las ciudades de modo que no haya zonas privilegiadas y otras que no lo sean. Ha creado la casa móvil ÁPH80, un espacio habitable de 27 metros cuadrados que se puede transportar en un camión y que consume poca energía y cuesta a partir de 25.000 euros. «Demuestra que la vivienda puede ser accesible y que podemos cuidar el planeta con ella». Por este diseño ha recibido varios premios internacionales como el Architizer A+. L.

LAURA MARTÍNEZ

Las mujeres rurales representan más de un tercio de la población y el 43% de la mano de obra en la agricultura y la ganadería. Sin embargo, ellas ocupan las posiciones inferiores en la jerarquía laboral. El rango salarial femenino oscila entre los 400 y los 1.000 €, mientras que el masculino lo hace entre los 1.001 y los 1.400 €. Solo el 20% de los titulares de ganaderías en España son mujeres. «Por eso creamos Ganaderas en Red (GeR), un colectivo de mujeres de toda España que luchamos por la igualdad», explica Laura Martínez Núñez, veterinaria y ganadera de cabras en la sierra de Madrid. GeR nació en 2015 y han recibido el Premio a la Excelencia del Ministerio de Agricultura. Además, se hicieron virales gracias a una versión agro de la canción Despacito, con la que reclamaban igualdad en el campo y apuestan por la ganadería extensiva sostenible.

Laura Martínez, socia de Ganaderas en Red. Foto: Antártica y Josefina Andrés

Con un ánimo profundamente colectivo, además de fomentar el empoderamiento de la mujer rural y asistir a eventos, denuncian situaciones como las minas de uranio que afectan a los pastos de compañeras en la sierra de Gata (Cáceres) o en Retortillo (Salamanca). «Conlleva el destrozo de muchas hectáreas de monte y de vida», señala. Para comunicarse con fluidez, usan el teléfono móvil a través de Slack, una aplicación parecida a WhatsApp, que les permite tener canales de diversas temáticas. «¡Hay mujeres que sin haber estudiado saben más de veterinaria que yo!», explica. «Estar de pastoreo ahí arriba es duro. Antes nos sentíamos solas, ahora no».

Uno de los retos de Laura Martínez es fomentar el empoderamiento de la mujer rural.

SIMONA LEVI

Preguntarse el porqué es el detonante de su activismo forjado en una familia turinesa de librepensadores que se remonta a Claudio Treves, hermano de su bisabuela y promotor en 1892 del Partito dei Lavoratori Italiani, germen del Partito Socialista: «Cuando el socialismo era otra cosa», puntualiza Simona. Con una idea muy activista y pragmática de las cosas y formación en artes escénicas –estudió en la Escuela de Jacques Lecoq en París– Simona valora la narración porque «la acción merece contarse, para que se conozca y se pueda replicar», nos dice.

Simona Levi dirige la plataforma Xnet-x.net. Foto: Antártica y Josefina Andrés

Ella dirige la plataforma Xnet-x.net para la renovación de la democracia, «un grupo de guerrilla de comunicación» desde la que se impulsan dispositivos o demandas de transformación reales; una especie de buzones contra la corruptela: «Hay que desmantelar la corrupción que impide que las cosas cambien», afirma. Desde Xnet abrieron el caso Bankia y sacaron a la luz las pruebas de las tarjetas black, lo que ha permitido llevar a Rodrigo Rato a la cárcel. El próximo proyecto: una querella contra Florentino Pérez y cinco ministros por el caso Castor. «Creo que las mujeres somos muy buenas líderes, pero nos educan a no fiarnos de nuestras capacidades. Es más fácil encontrar un hombre incapaz que se cree supercapaz que una mujer muy capaz que se dé cuenta de lo muy capaz que es».

MAR C. LLOP

Muchas veces se dice que el trabajo de alguien es transformativo, pero pocas veces adquiere un sentido tan literal como en el caso de la fotógrafa Mar C. Llop. Cuando ella empezó a documentar experiencias de transición de género para su proyecto Construcciones identitarias, que después se convirtió en un libro y en una exposición, aun no había arrancado con su propio tránsito. Se dio cuenta de que en ese momento le hubiera hecho falta alguien como ella. Por eso ahora, que vive felizmente fuera del armario como mujer trans, se dedica a hacer activismo en micro y en macro, a través de la asociación Generem. Allí realiza cosas tan sencillas como organizar fiestas para que se acerquen a hacer preguntas aquellos que tienen dudas y tan complicadas como ayudar a modificar todo el protocolo médico en torno a las personas transgénero.

Mar C. Llop, Construcciones identitarias. Foto: Antártica y Josefina Andrés

«Antes, ibas a las Unidades de Trastorno de la Identidad de Género y te preguntaban si de pequeño jugabas con espadas o con muñecas. Según lo que dijeses, salías ya con tus hormonas». Ahora, por lo menos en Barcelona, existe Trànsit, un sistema que Llop considera «modélico» y que sustituye el «juzgado de género» por un acompañamiento. Como fotógrafa, Llop acaba de estrenar un proyecto en Noruega junto al bailarín Daniel García Mariblanca, que integra vídeo, foto y danza, y prepara uno nuevo retratando a familias de niños trans, «gente que en su vida se ha planteado el género y de repente se encuentra dejándose la vida por sus hijos».

Una de las obras que forman parte del trabajo de Mar Llop Construcciones identitarias. Work
in progress.

ESTHER BORAO

Cuando acabó la carrera de Ingeniería Industrial, pensó que necesitaba algo que de verdad llenara su parte creativa y social. Descubrió en su ciudad natal, Zaragoza, a Makeroni Labs, un colectivo que hacía proyectos sociales y tecnológicos artísticos y supo que había encontrado su sitio. Con ellos ganó un premio de la NASA y además la fichó el equipo de ciencia del programa El hormiguero. Hace un año, con 29, montó junto a sus compañeros Innovart, un estudio creativo que desarrolla proyectos a medida para empresas, juegos para Room Scape y temas de educación. «Mi último proyecto es Academia de inventores, un nuevo espacio en Zaragoza, donde los niños pueden crear. Sería el equivalente al conservatorio, solo que aquí aprenden distintas ramas tecnológicas y a inventar con nosotros como mentores», explica.

Esther Borao, cofundadora de Innovart. Foto: Antártica y Josefina Andrés

La editorial Edelvives está detrás de este nuevo proyecto que ha iniciado su andadura en noviembre. Borao ha creado junto a su equipo The Ifs, «una familia de cuatro robots diseñados para revolucionar la educación infantil y enseñar a programar a los más pequeños» (a partir de tres años) con el que ha ganado, entre otros, el primer premio del programa de aceleración de proyectos Ideas Camp, que concede la Fundación Rafael Pino y Vodafone. «Son robots llenos de sensores con los que pueden programar para que enciendan una luz si hay oscuridad o les avisen si alguien entra en su cuarto. En el futuro todo el mundo va a saber programar y eso es algo que te ayuda a estructurar la cabeza, es otra forma de pensar». Destaca Borao que los han hecho con un diseño atractivo también para las niñas, ya que ella está comprometida con romper la brecha de género en la tecnología. Para poderlos producir, en unos meses pondrán en marcha una campaña de crowdfunding en la plataforma Kickstarter. «El mayor éxito de mis proyectos es que sean útiles para las personas. La educación tiene que vivir una revolución y nosotros queremos contribuir a ella».

«En el futuro todo el mundo va a saber programar y eso es algo que te ayuda a estructurar la cabeza, es otra forma de pensar», asegura Esther Borao.

LUZ RELLO

De niña lo pasó muy mal porque tenía dislexia. Durante mucho tiempo fue ajena a ello. Simplemente pensaba que era «la tonta de la clase». Por eso cuando creció y fue consciente de su problema supo que quería contribuir a normalizar esta dificultad del aprendizaje que afecta a un 40% de la población. Lingüista, investigadora y doctora en Ciencias de la Computación por la Universidad Pompeu Fabra, Rello creó en 2015, junto a su equipo, la aplicación Change Dyslexia, en la que ofrecen de forma gratuita el Dytective Test, un juego informático con el que se puede detectar –con un 90% de efectividad y en solo 15 minutos– si se tiene dislexia y, en caso afirmativo, ofrecen la posibilidad de tratamiento. «Antes, la forma de detectar la dislexia era cuando el niño o la niña empezaba a ir mal en el colegio, cuando ya se había convertido en un problema. Con nuestro proyecto lo atajamos antes, de manera preventiva, lo que además abarata costes», explica Rello.

Luz Rello, fundadora de Change Dyslexia. Foto: Antártica y Josefina Andrés

Para ella es fundamental luchar contra los mitos alrededor de esta alteración de la lectura: «Los niños afectados ni son vagos, ni menos inteligentes». Más de 150.000 personas de 50 países han usado ya su test y la propia Rello ha sido destacada por la publicación MIT Technology Review como una de las científicas españolas menor de 35 años más innovadoras. Tras evaluar la mejora de 112 niños en cuatro colegios, más de 100 centros madrileños comenzarán a usar su programa en Primaria. Además de donar el dinero que gana en premios al proyecto para garantizar su viabilidad y poder becar a los pequeños que lo necesiten, Rello –quien acaba de ganar el premio MAS (Mujeres a seguir) al talento femenino– ha publicado Superar la dislexia (Planeta), donde entrevista a personas célebres que la sufren como la escritora Dolores Redondo, la artista Lita Cabellut o el youtuber matemático David Calle. «Para mí es una apuesta personal –señala–. Hay un movimiento global que acabará por normalizar la dislexia y yo formo parte de él».

La aplicación Change Dyslexia, en la que ofrecen de forma gratuita el Dytective Test, un juego informático con el que se puede detectar –con un 90% de efectividad y en solo 15 minutos– si se tiene dislexia.

LUCÍA RODRÍGUEZ

En su perfil de Twitter, Lucila Rodríguez deja claras sus intenciones: «Creo que hay que cambiar el mundo del todo cuanto antes y uso la comunicación para hacerlo». Esa idea la llevó a crear la Fundación PorCausa junto a Gonzalo Fanjul, Gumersindo Lafuente y Carlos de la Serna. PorCausa es una estructura innovadora difícil de clasificar. No es una ONG, ni un think tank, ni un medio de comunicación, aunque tiene un poco de todo ello. «Hacemos investigación social y periodística sobre temas migratorios con el fin de difundir información veraz e inteligible dirigida a grandes audiencia», explica Lucila Rodríguez. Ella aporta las nuevas narrativas a un proyecto que podría suponer el futuro de la comunicación social en la lucha contra la desinformación y las fake news.

Lucila Rodríguez, dir.a Fundación PorCausa. Foto: Antártica y Josefina Andrés

«El objetivo es que la opinión pública esté informada y saque sus propias conclusiones, siempre con datos rigurosos», resume. Entre sus mayores éxitos está el cierre del Centro de Internamiento para Extranjeros (CIE) de Fuerteventura, que llevaba cinco años recibiendo un millón de euros anuales pese a estar cerrado. «Pusimos esa información en conocimiento de la opinión pública y los ciudadanos han exigido el cierre. Ese es el poder del periodismo y de las personas. Unidos podemos generar cambios», apunta. En PorCausa proporcionan datos a los medios para que creen contenidos, desde informes a cómics, siempre destinados a la defensa de los Derechos Humanos colectivos. «Ahora mismo hay una peligrosa tendencia a cerrarse y defender solo los derechos de unos pocos, esos a los que crees que perteneces. Pero si haces eso, aceptas que quizá mañana seas tú quien se quede fuera», advierte.

En PorCausa proporcionan datos a los medios para que creen contenidos, desde informes a cómics, siempre destinados a la defensa de los Derechos Humanos colectivos. Foto: Ignacio Marín

SARA COBOS

«Me crié en el campo con padres y tíos enamorados de la naturaleza, así que no podía hacer otra cosa que convertirme en una activista ecologista», reconoce entre risas. Su fuerte conciencia le hizo crear en 2016 una ONG dedicada a la reforestación, Trees4Humanity. Pero durante un viaje a Borneo, donde trabajó como voluntaria para preservar los bosques en los que viven los orangutanes, descubrió el gran daño que está haciendo el plástico al planeta y decidió que había que hacer algo más. «Montamos una empresa social que atacase la raíz del problema, el plástico ya creado, reciclándolo», explica. Así nació Todarus, una startup española que pretende «dar una solución a las toneladas de plásticos que se acumulan en los océanos», y que sustituye objetos de uso cotidiano habituales por otros fabricados con materiales sostenibles.

Sara Cobos, cofundadora de Todarus. Foto: Antártica y Josefina Andrés

Además, a la hora de pagar, el cliente puede elegir entre plantar un árbol o reciclar un kilo de plástico del mar, proyectos que llevan a cabo desde Trees4Humanity, organización a la que destinan el 100% de los beneficios. Sus productos estrella son la Eco-bottle, botella de uso ilimitado que pretende acabar con el gasto indiscriminado de botellas de plástico, y los cepillos de dientes de bioplásticos (tal ha sido su éxito que estos están agotados). Todo su negocio es online. Su lema es «consume local, piensa global». «Internet te da la posibilidad de ser muy libre y hacer las cosas de otra manera. Eso ayuda a que sea más fácil crear iniciativas para cambiar el mundo».

Todarus es una startup española que pretende «dar una solución a las toneladas de plásticos que se acumulan en los océanos»,

GLORIA GUBIANAS

En los foros del sector a Gloria Gubianas se la considera un referente de la moda sostenible en España. La semilla nació en una viaje a Nepal, durante el cual supo que quería hacer algo para contribuir al desarrollo social de ese país. «Podría haber donado dinero a una ONG, o ayudar a recaudarlo. Pero vi que lo que de verdad les iba a servir era crear un proyecto sostenible que permitiera el desarrollo a largo plazo», explica Gubianas. Así nació hace un par de años Hemper (Gloria tenía 21 años), una startup que apuesta por el movimiento slow fashion adaptado a los complementos de moda. «Apoyamos a la gente en Nepal, generando un impacto positivo, y concienciamos a la sociedad de aquí para apostar por otro tipo de consumo, menos masivo y que busque un producto de calidad y respetuoso con las personas y con el medio ambiente. Como consumidores podemos cambiar el mundo».

Gloria Gubianas, cofundadora de Hemper. Foto: Antártica y Josefina Andrés

Diseñan mochilas hechas con cáñamo, producto tradicional de Nepal. Doce mujeres se dedican a tejer las telas de este material y hay 15 matrimonios de sastres que confeccionan las mochilas. Venden en 13 países europeos con una facturación de 55.000 euros. «Hemos apostado por el comercio electrónico, queremos ser una marca que cuide lo que hace y aporte valor social más allá del meramente económico», explica Gubianas, que considera que «ya que poseemos las herramientas para modificar lo que nos rodea y tenemos otra visión de cómo podrían ser las cosas, hagámoslo realidad».

Mochila Nuptse, de Hemper, fibra 100% natural, de Gloria Gubianas.

MONTSE ROURA

Ella y el abanico es una comunidad 2.0 dirigida a mujeres de 40 a 60 años sobre la menopausia, una etapa aún llena de tabúes y dudas. Este portal es líder en los países de habla hispana con 1.870.225 visitas, y ya son más de 5.000 las mujeres que han asistido a sus fórums anuales que van por la XII edición. Detrás de este proyecto está Roura, dueña de una productora de fotografía publicitaria a la que la coincidencia de la llegada de la crisis con su propia menopausia a los 52 años le dio la oportunidad de reinventarse. «Como me quedé sin trabajo y tenía tiempo, busqué información por Internet. Mis amigas estaban igual, así que creé el primer Salón de la Menopausia en 2010. A partir de ahí fue un crecimiento imparable», explica. «Mi objetivo era que las mujeres tuviéramos toda la información y un espacio donde, además de conocer de la mano de profesionales las soluciones a los posibles síntomas, sintieran que no están solas».

Montse Roura, directora de Ella y el abanico. Foto: Visual Balance

Roura considera que hace falta mayor implicación de las instituciones porque, pese a no ser una enfermedad, sí que puede trastocar la vida si viene acompañada de sus muchos efectos secundarios. «El sistema sanitario público debería tener unidades para tratarla. Hay mujeres que ni se enteran, pero otras lo pasan muy mal», afirma y recuerda que «con la esperanza de vida en 86,9 años, ya es la etapa más larga en la vida de una mujer en el siglo XXI». Respecto al sexo, aconseja tomárselo como una época de transición. «Nosotras tenemos sequedad vaginal y perdemos deseo. Ellos, con la andropausia, pierden potencia. ¿Y…? Esta sociedad basa la sexualidad en la penetración. Dejémonos de límites y aprovechemos para disfrutar sin la presión de las hormonas disparadas».

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