#TurnArdern: la campaña sexista contra Jacinda Ardern que ha dividido a Nueva Zelanda

El movimiento forjado en Twitter contra la primera ministra neozelandesa insta a dar la vuelta a todas las portadas de libros y revistas en las que aparece en señal de protesta contra su gobierno y su notoriedad mediática.

#TurnArdern: la campaña sexista contra Jacinda Ardern que ha dividido a Nueva Zelanda

La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern. Octubre, 2019. Foto: Getty Images

Desde hace varias semanas, no son pocas las revistas y libros que han aparecido dados la vuelta en supermercados y librerías de Nueva Zelanda. En sus portadas escondidas, una protagonista en común: Jacinda Ardern, la primera ministra del país. La iniciativa, difundida a través internet bajo la etiqueta #TurnArdern (dale la vuelta a Ardern), proviene de un usuario de Twitter, identificado por medios neozelandeses como Colin Wilson, un hombre de 66 años que vive en Christchurch y es albañil.

En una entrevista con New Zeland Herald, Wilson explicaba sus motivos para llevar a cabo esta campaña de desprestigio: «La gente está harta de todos esos artículos blandengues: quieren una primera ministra, no una modelo. Muchos de nosotros sentimos que ella pasa mucho tiempo en sesiones de fotos en lugar de estar dirigiendo el país”. Una protesta con la que el inventor de la campaña se refiere al éxito mediático de la política laborista, que ha copado portadas de medios internacionales no solo por sus gestiones como premier –véase el aplauso generalizado que levantaron su aparición y sus declaraciones tras el atentado de Christchurch– sino también por haberse erigido como icono feminista en el poder. Un ejemplo de esto último lo deja el número de septiembre de Vogue que editaba Meghan Markle para Reino Unido bajo el título «voces del cambio», en el que Jacinda Ardern aparece junto a mujeres como Greta Thunberg, Jane Fonda o la escritora Chimamanda Ngozi Adichie en una fotografía tomada por videoconferencia que sería la última del fallecido Peter Lindbergh

Tras esta iniciativa que Wilson y sus secuaces (identificados en su mayoría como hombres conservadores simpatizantes del Partido Nacional de Nueva Zelanda) defienden como pacífica, han surgido voces disidentes que identifican en ella un claro patrón sexista y misógino. Es el caso de Michelle Duff, la autora de la biografía no autorizada Jacinda Ardern. La historia detrás de una líder extraordinaria que estos días ocupa las estanterías siendo víctima del movimiento #TurnArdern pero también como beneficiaria indirecta de la publicidad que la protesta le está brindando: lleva más de siete semanas entre los libros más vendidos del país. «El hecho de que un grupo de hombres se sienta tan amenazado por la imagen de una mujer poderosa que ni siquiera pueden soportar mirarla a la cara no tiene gracia. A lo largo de la historia, ha habido múltiples intentos para silenciar a las mujeres. Se nos ha quemado como brujas, se nos ha negado el voto, se nos ha hecho luz de gas en las relaciones, se nos han robado nuestras ideas en reuniones de trabajo y se han silenciado y minimizado nuestras voces y opiniones (…) es otra manifestación del odio latente a las mujeres”, escribe en The Spinoff.

“Mientras que Wilson no es capaz de especificar exactamente en qué debería consistir el trabajo de Jacinda Ardern, sí que lo es de señalar esas prácticas de ella que le irritan”, escribe David Fisher, el periodista del diario New Zeland Herald que ha entrevistado al impulsor de #TurnArdern. En opinión del periodista, «las quejas de Wilson sobre Ardern destacan un comportamiento por parte de la primera ministra que no difieren mucho del adoptado por John Key [su predecesor conservador durante ocho años. «Key también apareció en portadas de revistas (en una ocasión lo hizo abrazando a un cachorro), se saltó la asistencia al Parlamento la mayoría de los jueves, viajó al extranjero tanto como Ardern, se entregó de pleno a las redes sociales -algo que Ardern no ha hecho- y encontró repercusión mediática en la mayoría de sus apariciones públicas», escribe. Fisher, además, señala la tendencia de Wilson en su cuenta de Twitter –ahora privada– a hacer alusión a Jacinda sin llamarla por su nombre o mencionar su puesto, sino usando ‘Cindy‘. Un uso peyorativo del nombre en forma de estereotipo misógino gestado en internet que en español encuentra versiones similares como las Charo o las Maruja y en Estados Unidos con las Karen.

En el hervidero internauta misógino que ha extendido el movimiento anti Ardern conviven el desprestigio a las revistas femeninas que la entrevistan, el mayor escrutinio al que ella y tantas mujeres de la política son sometidas a lo largo de su carrera y el auge del movimiento reaccionario que se gesta en internet contra las mujeres en forma de acoso, especialmente contra aquellas que ocupan puestos públicos y periodísticos en los que expresan su opinión –más aún si se declaran feministas–. Así lo señalaban el pasado mes de junio desde la UNESCO y se evidencia con iniciativas como la de ONU Mujeres en Argentina junto a Instagram y su Guía de seguridad de Instagram para las mujeres en política, que aconseja sobre cómo protegerse ante estas agresiones que ocurren tres veces más a mujeres que a hombres, aunque sin poner el foco en la raíz del problema: educar a esas personas que aprovechan su anonimato en las redes para atacar con odio y acosar. Precisamente víctima de su propia táctica, Colin Wilson ha denunciado haber sufrido amenazas de muerte («Die, boomer») tras revelarse su identidad como germen del #TurnArdern. Aunque se jactaba al mismo tiempo de haber conseguido así más seguidores.

Pero esa fuerza de convocatoria que Jacinda Ardern ya demostró con su entrada a lo grande como candidata del Partido Laborista en 2017 como fenómeno político y pop, la ha vuelto a demostrar dos años después. Si entonces consiguió hasta 500.000 dólares de apoyo y 3.5000 voluntarios para su campaña en cuestión de una semana al ser nombrada por sorpresa líder del partido tres meses antes de las elecciones –mientras este estaba en crisis– e internet se desvivió convirtiéndola en heroínas como Wonder Woman o la princesa Leia en ilustraciones y memes, ahora el contraataque se ha materializado también en forma de etiqueta: #ReturnArdern (traed de vuelta a Ardern). Una iniciativa que no solo le da la vuelta de manera literal a la situación reuniendo los vídeos en los que las portadas de Jacinda vuelven a estar a la vista, sino que alienta a hacerse con esos ejemplares de Women’s Weekly y de la biografía que la primera ministra protagoniza. Y como proponía la anterior primera ministra neozelandesa Helen Clark según The Guardian#ReturnArdern se postula como el mejor lema posible para su próxima campaña.

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