Sheryl Sandberg: el ocaso de la ‘lideresa’ del feminismo corporativo

La número 2 de Facebook sale muy mal parada de la investigación del 'New York Times' y lo tendrá difícil para seguir siendo la cara amable de Silicon Valley.

Sheryl Sandberg

Sandberg cuando testificó frente al Senado el pasado mes de septiembre. Foto: Getty

El reportaje de The New York Times sobre las turbulencias en Facebook tiene más de 6000 palabras pero empieza con estas cuatro: “Sheryl Sandberg estaba furiosa”. La número 2 de la red social es, por encima incluso de su jefe, Mark Zuckerberg, la verdadera protagonista de la investigación, que ha llevado seis meses, más de 50 entrevistas y en la que han trabajado cinco periodistas. Y la que sale peor parada. Se acusa a la ejecutiva de ser el cerebro que coordinó la campaña de lobbying, obstrucción y desinformación para salvar la reputación de la empresa, acusada de ser una herramienta para la propaganda política torticera no sólo en Estados Unidos, también en Alemania, India y Myanmar.

Ella, dice The New York Times, “aduló o puso contra la pared a los legisladores hostiles, intentando acabar con la idea de que Facebook era un bastión del liberalismo de San Francisco”. Y jugó a todas las bazas. Para empezar, contrató a Decliners, una agencia de comunicación que habitualmente trabaja con los republicanos, que se dedicó a hacer trabajo sucio contra Apple y Google para disipar la atención –cuando Tim Cook de Apple criticó a Facebook por mercadear con la información sensible de sus usuarios, Zuckerberg se enfadó tanto que pidió a todos sus empleados que dejaran de usar Apple y se pasaran al sistema Android–. Decliners también hizo una cosa peor: atizar en los medios conservadores el odio contra George Soros, el millonario prorgresista al que los seguidores de Trump aman odiar y que es habitualmente el blanco de insultos antisemitas. Criticar a Soros es habitualmente una manera disimulada de criticar a la comunidad judía.

Pero mientras hacía eso, Sandberg también hacía lobbying para que la Liga contra la Difamación Judía presentase a Zuckerberg y a ella misma, también judíos, como víctimas de ese tipo de insultos. La asociación, que en muchas ocasiones se había mostrado anti-Facebook (no les hace demasiada gracia que Zuckerberg mantenga las páginas que niegan el Holocausto abiertas porque lo considera libertad de expresión) pasó a defenderlos, citando por ejemplo un cartel que se mostró en una protesta en el que los números 1 y 2 de la Facebook aparecían como un pulpo de dos cabezas dominando el mundo, lo que se podría considerar una caricatura antisemita.

En conjunto, y a lo largo del reportaje, Sandberg aparece como una astuta manipuladora de la opinión pública que, a la vez, intenta proteger su marca personal, como le afearon al parecer los empleados de la empresa.

Sheryl Sandberg

Sandber en los tiempos de lideresa del ‘Lean in’ con el el secretario de Defensa de EEUU en un círculo femenino organizado por Sandberg con militares femeninas en 2015. Foto: Getty

No es la primera vez que la ejecutiva de 49 años se enfrenta a las críticas. Ya las tuvo cuando publicó en 2013 su biblia Lean In, que en España se publicó en Conecta como Vayamos adelante. En esa mezcla de memorias, manifiesto y libro de autoayuda, Sandberg inauguró un feminismo corporativo que abogaba porque las mujeres avanzasen en el sistema capitalista sin cuestionarlo. Hubo objeciones sí, pero también hubo una portada en Time y un reconocimiento global de que había surgido una nueva voz para las mujeres en el área política. Se llegó a hablar de ella como candidata presidencial y, cuando se daba por hecho que Hillary Clinton llegaría a la Casa Blanca, se esperaba que Sandberg tuviese un puesto prominente. Sandberg, que había trabajado ya en la Administración de Bill Clinton y ocupó un alto puesto en Google antes de unirse a Facebook en 2008, se convirtió en un icono y no desaprovechó la oportunidad de posicionarse como la cara humana de Silicon Valley. En 2014, impulsó la campaña para prohibir el uso de la palabra “bossy” (mandón, o mandona), considerada negativa para la percepción de las niñas como líderes, junto a Beyoncé, Condoleezza Rice o Jennifer Garner.

La ejecutiva siempre ha tenido la capacidad de reciclar sus vivencias personales en enseñanzas públicas y lo hizo también en su momento mas doloroso, cuando enviudó de manera inesperada hace dos años. Su marido, David Goldberg, murió de manera inesperada de una crisis cardiaca mientras corría en la cinta elíptica de un hotel, de vacaciones en México. Habló de esa experiencia en el libro Option B, que ofrece consejos a personas que han experimentado una pérdida en la familia. El artículo de The New York Times también alude al hecho de que Sandberg estaba capeando la peor crisis de la historia de Facebook mientras pasaba por ese duro momento personal. En su cuenta de Instagram, suele dedicar posts a su marido, pero no suele aparecer junto a su actual pareja, Bobby Kottick, dueño de la empresa de videojuegos Activision Blizzard, con el que empezó a salir a los pocos meses de enviudar.

Tras la publicación del reportaje, a la ejecutiva no le ha quedado otra que defenderse. En un post en Facebook, admite: “Mark y yo hemos dicho muchas veces que fuimos demasiado lentos, pero insinuar que no estábamos interesados en saber la verdad o que queríamos esconder lo que sabíamos o que intentamos obstruir la investigación es sencillamente mentira”. Asegura que ella ni siquiera sabía que Facebook había contratado a la polémica agencia Decliners y admite que debería haberlo sabido.

Aun así, todo indica que su imagen pública quedará afectada por el artículo. En una pieza de opinión en The Washington Post, la editorialista Molly Roberts, argumenta que a nadie debería sorprenderle: esta Sandberg es la Sandberg de siempre. Todo estaba ya en su libro. “Vayamos adelante no es un manifiesto feminista. Es un mapa de carreteras para operar dentro del sistema, quizá cambiando alguna cosa en los márgenes para que sea más fácil para otras mujeres operar dentro del sistema”, escribe, y por lo tanto no es extraño que ahora se haya comportado como alguien que se mueve con igual comodidad en las aireadas oficinas de Facebook diseñadas por Frank Gehry y en las cloacas.

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