Lo que la televisión hace mal (y bien) cuando trata el tema del aborto

Entre la ficción y la realidad existe una gran brecha en cuanto a la percepción sobre el aborto: la ficción parece negar la experiencia general de las mujeres.

Lo que la televisión hace mal (y bien) cuando trata el tema del aborto

Fotograma de la serie GLOW. Foto: Netflix

En la serie de animación Bojack Horseman, la estrambótica satira de Hollywood protagonizada por un caballo antromorfo, vieja estrella de la televisión, que lidia durante cuatro temporadas con problemas como el alcoholismo, la ansiedad o la depresión, hubo un episodio centrado en el aborto. Fue en el año 2016 y el episodio titulado Brrap Brrap Pew Pew marcó un antes y un después en la forma de tratar este tema en televisión. El capítulo sigue a un personaje secundario, la estrella del pop adolescente Sextina Aquafina quien, después de alborotar las redes sociales al tuitear accidentalmente sobre su decisión de abortar, decide sacar una canción titulada ‘Get Dat Fetus, Kill Dat Fetus‘ (‘Coge al feto, mata al feto‘). La cosa es que Sextina no está en realidad embarazada, sino que ha sido uno de los personajes protagonistas de la serie, la escritora Diane, quien accidentalmente ha tuiteado desde la cuenta de la cantante puesto que lleva sus redes sociales. Diane sí está embaraza y acude a una clínica abortiva con su marido. En la clínica, la canción de Sextina resuena por todas partes y Diane la rechaza, alegando que una canción así es «como gasolina para los provida». Sin embargo, en la misma clínica en la que está Diane se encuentra una adolescente a la que le encanta la letra. La adolescente le dice a Diane que la letra es solo una broma y así es como debería entenderse: «abortar es algo que asusta, y cuando haces bromas sobre ello, asusta un poco menos, ¿no te parece?».

El aborto no es un tema habitual en comedia. O no lo era. El aborto en televisión suele aparecer dentro del género del drama. Hemos visto episodios sobre aborto en series como Anatomía de Grey o Friday Night Lights y en infinidad de dramas legales o médicas. En todas estas series el aborto era sinónimo de trauma y dolor y, muchas veces, ha sido utilizado como recurso narrativo para marcar un antes y un después en la personalidad de la mujer que pasaba por esa experiencia. El episodio de Bojack Horseman no fue el primero que trató el aborto en un género más ligero (ya lo hizo, por ejemplo Sexo en Nueva York), pero sí fue uno de los más arriesgados y políticamente incorrectos en la historia de la televisión.

Cuando se trata un tema que no solo es un tabú en televisión sino en la vida real, la forma de contarlo puede tanto ayudar tanto a romperlo como a crear falsos mitos e ideas preconcebidas.  En el año 2018, en la ficción televisiva estadounidense pudimos ver 18 historias cuyo argumento giraba alrededor del aborto, según el análisis publicado por Advancing New Standards in Reproductive Health, un grupo de investigación de la Universidad de California. Las protagonistas de estas historias o bien decidían abortar o se planteaban hacerlo, pero también se incluían aquellas que hablaban abiertamente sobre un aborto sucedido en el pasado. Un detalle clave supone una mejora respecto a años anteriores: la mayoría de las mujeres que tomaban la decisión de abortar aparecían en pantalla acompañadas por amigos, parejas o ex parejas, rompiendo el estereotipo de que abortar es algo que se hace en soledad, silencio y sin la compañía de las personas más cercanas. Otro cambio frente a años anteriores es que las tramas sobre aborto aparecían en comedias como GLOW, Dear White People o Insecure, y fue tratado desde una perspectiva más realista que la vista en dramas legales.

Lo que está mal sobre el aborto en ficción

Escena de Dear White People. Foto: Netflix

El Advancing New Standars in Reproductive Health lleva analizando la manera de tratar el aborto en ficción y elaborando informes anuales desde 2016. En sus estudios explican las diferencias y las ideas equivocadas que habitualmente vemos en torno a este tema, así como las mejoras que han encontrado al analizar todas las películas y series que han tratado el aborto desde 1913. Una de las conclusiones de este análisis es que, si solo nos fíasemos de lo que aparece en nuestras pantallas, el procedimiento para acabar con el embarazo podría parecernos mucho más arriesgado de lo que es en la vida real.

En ficción, el 14% de las historias que tratan sobre el aborto terminan con el fallecimiento de la mujer, llegue o no a producirse la intervención. En algunas tramas, después de pasar por la intervención, la mujer se suicida. En el 9% de estas tramas, la mujer fallece a consecuencia directa de la intervención. En la vida real, el riesgo por muerte en una intervención de este tipo –siempre producida dentro de la legalidad– es del 0%.

Existen también diferencias entre quién aborta en ficción y quién aborta en la vida real: en una comparativa con datos oficiales, las mujeres en cine y televisión que abortan suelen ser más jóvenes, más blancas y económicamente más solventes que las mujeres que abortan en la vida real. El 32% de las mujeres que abortan en ficción son adolescentes, frente al 17% de las adolescentes que abortan en realidad. La raza también es importante, según datos de Estados Unidos, las mujeres que abortan son, por porcentajes: 36% blancas, 29% negras y 24% hispanas… algo que en televisión no se muestra. El 87% de las tramas sobre aborto estaban protagonizadas por mujeres blancas, un dato que se relaciona directamente con la falta de representación de mujeres en racializadas en cine y televisión en Estados Unidos. El hecho es que si no hay mujeres racializadas en televisión, tampoco tienen tramas sobre el aborto.

Otro dato que resulta curioso es que tan solo el 15% de las mujeres que abortan en televisión tienen ya hijos, cuando en la vida real el 61% de las mujeres que abortan ya son madres. Si el cine y la televisión utilizan el aborto como recurso dramático y como punto de inflexión para las mujeres que se someten a la interrupción del embarazo, siempre resulta más teatral mostrar a una mujer joven cuya decisión no es tanto la de abortar o no, sino la de elegir sobre su futuro.

Las razones que llevan a una mujer a abortar

Pero donde la ficción mete especialmente la pata es en la serie de razones por las que sus protagonistas deciden abortar: en el 47% de las tramas, las mujeres abortan porque un bebé interferiría en sus oportunidades de futuro. En la realidad, el 40% de las mujeres que abortan lo hacen por no estar económicamente preparadas para la llegada de un bebé. En ficción, por tanto, y quizás debido a que las mujeres que aparecen son más jóvenes que las mujeres reales, el aborto aparece relacionado con la ambición y con la posibilidad de alcanzar una vida mejor si la decisión de tener familia se pospone, lo cual no estaría tratando el problema real al que se enfrentan muchas mujeres, que es que la inestabilidad laboral actual no les permite plantearse tener una familia, aunque así lo deseen.

La segunda razón por la que las mujeres abortan en ficción, en un 29% de los casos, es por no ser lo suficientemente maduras para tener un bebé. Como comentábamos anteriormente, el hecho de que los embarazos en televisión se retraten especialmente en personajes adolescentes, favorece que esta sea la narrativa. En la vida real, la segunda razón por la que las mujeres interrumpen su embarazo, en un 36% de los casos, es porque no es el momento indicado pen sus vidas ara tener un bebé.

La tercera razón por la que las mujeres abortan en ficción, en un 13% de los casos, resulta altamente alarmista y responde a necesidades narrativas de impacto: el embarazo se ha producido tras una violación. En la vida real, el 31% de las mujeres que abortan lo hacen por temas relacionados con su pareja o, en un 29%, porque necesitan centrarse en sus otros hijos.

Entre la ficción y la realidad existe una gran brecha en cuanto a la percepción sobre el aborto: la ficción parece negar la experiencia general de las mujeres. Ni la mayoría de las mujeres que abortan son tan jóvenes, ni son todas mujeres blancas con una buena posición económica, ni las razones para abortar son las que los guionistas creen, ni un aborto supone un peligro para la vida de la mujer. Sin embargo, series como Dear White People, Glow o Insecure, mencionadas al principio, sí que han conseguido romper la narrativa común y presentar no solo a otro tipo de mujeres, sino otro tipo de situaciones y planteamientos sobre este tema. Como dato adicional: los capítulos que trataron sobre este tema en las tres series han sido dirigidos por mujeres.

Lo que está bien sobre el aborto en ficción

Escena de Bojack Horseman. Foto: Netflix

Para que algo deje de ser tabú tiene que empezar a hablarse con mayor naturalidad. Y, en ese sentido, la cultura popular como transmisora de historias puede ayudar a normalizar algo que ya es normal en la vida de muchas mujeres. La educación sexual y la información médica sobre prevención del embarazo o interrupción del mismo no pueden ser sustituidos por historias, pero unas historias más acercadas a la realidad sí que pueden ayudar a comprender qué pasa cuando una mujer decide poner fin a un embarazo no deseado.

En ese sentido, el cine y la televisión cada vez están tratando más el tema del aborto de una manera más plural y diversa: mediante el uso de más géneros se consigue desechar la idea de que el aborto tiene que ser siempre un suceso trágico y una desdicha para la mujer que decide acudir a la clínica, cuando lo que está claro es que siempre es una decisión meditada y consciente y, en muchos casos, liberadora y poco dramática. La otra parte ya la hemos visto una y otra vez, así que es positivo escuchar otras voces y contar otras historias.

Por otro lado, las series que en algún momento incluyen tramas que tienen que ver con el aborto van en aumento. El auge de una ficción con más personajes femeninos ha llevado a contar más historias que reflejen distintas experiencias y la aparición de series creadas, dirigidas o guionizadas por mujeres, además de protagonizadas por un casting casi en exclusiva femenino como Orange is the New Black, GLOW o Big Little Lies, favorecen aproximaciones más realistas a temáticas relacionadas con la mujer.

No podemos olvidar la importancia que los acontacimientos del mundo real tienen sobre la ficción: del mismo modo que el movimiento #MeToo favoreció que temas como los abusos sexuales y de poder tuvieran hueco en nuestras pantallas, las últimas noticias sobre los derechos reproductivos en Estados Unidos también están favoreciendo el trato de este tema en cine y televisión. Con algo de suerte, las historias sobre el aborto podrán verse reflejadas con mayor mimo y realismo. Porque son historias que las mujeres –tanto las de ficción como las de verdad– están deseando que dejen de ser tabú.

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