Por qué necesitamos hombres aliados del feminismo como Benedict Cumberbatch

Más acción y menos palabras vacías: el intérprete ha anunciado que no participará en rodajes donde los hombres cobren más que las mujeres por la misma labor y que desde su productora incentivará las voces y miradas femeninas.

Benedict Cumberbatch

Benedict Cumberbatch en una imagen promocional de 'Patrick Melrose', su último proyecto. Foto: Showtime

El debate sobre qué papel deben adoptar los hombres en la lucha feminista sigue sobre la mesa. El número de los que salen a las calles para unirse a protestas por los derechos de las mujeres crece progresivamente. Se vio con la reciente resolución del juicio a La Manada, las históricas manifestaciones del 8 de marzo y hasta con el polémico pañuelo violeta que se anudaron los líderes sindicales el pasado 1 de mayo. Los hombres ya no temen hablar públicamente sobre igualdad. Lo hemos visto en alfombras rojas –poniéndose el pin de Time’s Up o sujetando el abanico que reivindica ‘#MásMujeres’– u otros escaparates mediáticos, donde ya se ha hecho habitual ver a hombres declararse feministas con algún discurso que se acaba haciendo viral. Acotar una respuesta sobre qué manera de actuar es la idónea resulta complejo, pero el actor Benedict Cumberbatch ha arrojado luz sobre una vía para hacerlo: menos palabras y más acción. ¿Su decisión? No participar en ningún proyecto en el que sus coprotagonistas femeninas cobren menos que los hombres.

“Se trata de implementarlo. La igualdad salarial y un lugar en el poder son principios centrales del feminismo. Mira lo que cobras, pregunta cuánto se les paga a las mujeres y di: ‘Si no les pagan lo mismo que a los hombres, yo no lo haré”, ha explicado en una entrevista en Radio Times. Allí apunta que el próximo proyecto de su productora, SunnyMarch, “es una historia femenina con un enfoque femenino sobre la maternidad, en un momento de desastre ambiental (…) Si mi nombre sirve para obtener inversores, entonces podemos usar esa atención para una serie de proyectos femeninos. La mitad de la audiencia es femenina”.

Para algunos, que el actor británico se acoja a ese privilegio de utilizar su fama para amplificar la concienciación en la igualdad podría presentar una contradicción en términos de feminismo por su género. Como señala Mary Beard en Mujeres y poder (Ed. Crítica), las voces de los hombres siempre han sido las más acreditadas en la cultura occidental, “voces de autoridad”. ¿Es buena idea en este caso que él, hombre, se encargue de velar por una reclamación propia de las mujeres? Para Luisa Posada, profesora titular de Filosofía y miembro del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid, “es positivo”. “No se trata solo de palabras de aliento, es una acción en apoyo a la igualdad. Sí, crea una contradicción, pero a pesar de que nuestra sociedad valore más lo que hace un hombre, en este caso viene muy bien, beneficia, y crea más peso en el imaginario social”, cuenta a S Moda.

Una posición activa para atajar el problema de la brecha salarial que, a pesar de copar denuncias y conversaciones (en Hollywood y fuera de él) rara vez se combate con medidas concretas –la ley de igualdad salarial de Islandia sería una excepción–, como se demostraba hace escasas semanas con el caso de Claire Foy en The Crown. Aun siendo la protagonista de la serie en la que encarna a la reina Isabel II, salía a la luz que la actriz había estado cobrando 13.500 dólares menos por capítulo que su coprotagonista masculino Matt Smith, que interpreta al Duque de Edimburgo. Netflix anunciaba días después que pagaría a la actriz la diferencia correspondiente por las dos temporadas ya emitidas en las que ha participado, un total de unos 225.000 euros. Una tendencia a ‘enmendar’ el error si se filtran los datos que ocurría de igual manera con Evan Rachel Wood en Westworld, que tras más de veinte años de carrera va a recibir “por primera vez” la misma cantidad de dinero que sus compañeros hombres. El actor Mark Wahlberg también se vio entre la espada y la pared tras darse a conocer que para regrabar las escenas de Todo el dinero del mundo en las que aparecía Kevin Spacey (excluido del proyecto por las denuncias de abuso sexual) habría exigido cobrar un millón y medio de dólares mientras que su compañera, Michelle Williams, lo hacía por la simbólica cantidad de 1.000 dólares con tal de que el proyecto quedara libre de Spacey. Al destaparse donó la astronómica cantidad al fondo de defensa legas para las víctimas de abusos sexuales de Time’s Up.

Benedict Cumberbatch

Matt Smith y Claire Foy en ‘The Crown’. Foto: Netflix

En otros casos que sí son algo encomiables, los propios compañeros masculinos han sido quienes han ajustado la cuenta con ellas. Emma Stone contaba (sin dar nombres) en una entrevista con Out Magazine: “En el tiempo que llevo en esta carrera he necesitado que mis compañeros hombres tengan que reducirse el sueldo para que yo pueda estar en igualdad salarial. Y eso es algo que ellos hacen porque sienten que es lo correcto y lo justo. Eso, además, es algo que no necesariamente se discute”. Y Susan Sarandon desvelaba en marzo de este año que allá por 1998 Paul Newman le dio parte de su sueldo en el rodaje de Al caer el sol para igualarse en condiciones. Fuera del ámbito cinematográfico, tras la dimisión de la editora de BBC China al conocer su desventaja salarial frente a sus compañeros masculinos, seis presentadores de la cadena se bajaron el sueldo. Acto que siguió de cerca el CEO de la aerolínea Easyjet, Johan Lundgren, ajustando su salario anual con el de su antecesora, Carolyn McCall, (unos 40 mil euros menos al año). Gestos de alianza positiva pero no lo suficientemente tajantes para combatir el problema de raíz. ¿No sería mejor luchar por la subida del salario de las mujeres o, como propone Benedict Cumberbatch, asegurar la igualdad de base?

La idea es cambiar la manera establecida y patriarcal de las cosas. “No se trata de que los hombres se quieran apropiar de los espacios de las mujeres ni de su lucha, sino que ellos mismos revisen sus privilegios y espacios, cómo se ha construido la masculinidad y cómo se benefician de ello. Y que, desde ahí, mirándose al espejo, la deconstruyan”, explica Luisa Posada. En esta línea, Ashton Kutcher se encargaba en 2015 de reivindicar la corresponsabilidad de cuidados desde el lado masculino: “NUNCA hay cambiadores de pañales en los baños públicos para hombres. ¡El primer establecimiento público al que vaya y lo tenga se lleva una mención gratis en mi página de Facebook! #SéElCambio”, escribía el actor en su perfil de la red social. Completaba la iniciativa con una petición en Change.org, ‘Frenad los estereotipos de género: proporcionen cambiadores universalmente accesibles en todas sus tiendas’, instando a dos grandes cadenas estadounidenses a hacerlo.

There are NEVER diaper changing stations in mens public restrooms. The first public men's room that I go into that has one gets a free shout out on my FB page! #BeTheChange

Posted by Ashton Kutcher on Sunday, March 8, 2015

El cocinero Anthony Bourdain, pareja de Asia Argento (que denunció haber sido violada por Harvey Weinstein), reflexionaba a propósito de ello en una entrevista con Slate asumiendo responsabilidades con respecto a su masculinidad y en el entorno de la restauración. “He sido un tío que ha sexuaIizado la comida en televisión. Que ha usado un mal lenguaje (…) Que ha hecho mierda ofensiva. Un tío en un mundo de tíos que ha celebrado el sistema. Estaba muy orgulloso de haber sobrevivido a este sistema anticuado, francamente falocéntrico y muy opresivo”, explicaba. Lamentando también no haber sido una persona de confianza a la que esas mujeres que han sido acosadas o víctimas de agresiones sexuales, como su pareja, acudieran en busca de ayuda: “Conozco a mujeres con historias como estas desde hace años y nunca me han dicho nada. ¿En qué he fallado? ¿De qué manera me he presentado ante ellas para no haberles dado confianza o por qué no he sido el tipo de persona a la que verías como un aliado en estos casos? He empezado a poner la mirada en eso”.

“En España, Octavio Salazar reflexiona sobre ello en su libro El hombre que no deberíamos ser (Planeta, 2018)”, comenta la profesora Posada. “Estos hombres que están revisando los modelos, que piensan sobre sí mismos para reconstruirse fuera de ellos, sí son feministas. Han dado un paso más allá del ser aliados de causas concretas”, añade. A los hombres que quieran de verdad participar del lado del feminismo les toca despojarse de sus privilegios y abrazar definitivamente el verbo hacer.

“Un hombre haciendo algo bueno por las mujeres, haciendo lo correcto, no es la norma de oro. Es simplemente el estándar. Debería SER el estándar”, afirma la escritora Roxane Gay.

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