El porqué de las figuritas con forma de “caca” que decoran estanterías por todo el mundo

Nacieron como una serie de humor y van camino de convertirse en símbolo de justicia feminista.

El porqué de las figuritas con forma de “caca” que decoran estanterías por todo el mundo

Lula Gómez, creadora de 'Eres una caca'.

Apropiarse del humor desde el feminismo y usarlo como herramienta para sobrellevar el horror. Este es el objetivo de las “cacas” que inundan ya las estanterías de salones, comedores, habitaciones, recibidores y hasta, quién sabe, baños de toda Europa, Japón, Latinoamérica o Australia, por mencionar sólo algunos de los lugares en donde ya están presentes. Cacas parlantes hechas de plastilina y protagonistas de vídeos stop motion —esos que se hacen a base de continuas tomas fotográficas y se manipulan físicamente para que parezcan que se mueven— que han sido creadas como crítica al machismo, al patriarcado y a conductas inasumibles que, todavía a día de hoy, se perciben como normales.

Estos pequeños trocitos de plastilina con encantadores formas de caca se han convertido en el medio perfecto para repartir justicia feminista en clave humorística. Su creadora y cabeza pensante es Lula Gómez, realizadora, animadora, fundadora de La Academia de Animación de Barcelona y codirectora del Stop Motion Barcelona Short Film Festival. A través de su cuenta de Instagram Eres una caca, Lula publica una serie de animación feminista formada por vídeos de 40 segundos inspirados en situaciones que nos encontramos a diario las mujeres, con el objetivo de darles visibilidad para entender el porqué de la importancia del feminismo, de la igualdad y de la erradicación de este tipo de conductas. “Porque cuando lo ves expuesto es cuándo te das cuenta de que estos actos y actitudes no están tan bien como creemos en la naturalidad del día a día”, explica Lula.

A la cabeza de una mini-revolución, hablando siempre en plural y en femenino, Lula explica que utiliza el humor como herramienta para reírnos de una situación que en realidad no deja de ser dura, ni se está edulcorando. “No pretendo hacer que las cacas sean simpáticas. Lo que genera el vídeo es tensión. Una tensión que al finalizar llega con el alivio de la pisada. Ahí está el chiste. Utilizamos el humor para pensar en determinadas situaciones y para canalizar tanta mierda”.

El origen de “este” proceso digestivo

Desde su estudio en Barcelona, Lula comenzó su pequeña revolución (o digestión) de justicia feminista en octubre de 2017 cuando subió su primer vídeo a la red social en la que a día de hoy ya cuenta con 136.000 seguidores. Desde el momento que colgó su primer corto pensó en la lluvia de haters que se vaticinaba pero, para su sorpresa, ocurrió todo lo contrario. Cada vez más mujeres comenzaron a apoyar su creación y, junto al empujoncito de actrices e ilustradoras a las que les envió de forma privada el vídeo, como Flavita Banana o Malena Pichot, se lanzó a crear una cuenta dedicada en exclusiva a sus creaciones. “Tenía muchas ganas de hacer una serie que pudiera abarcar yo sola y además ya venía ‘calentita’ desde hace unos cuantos años con el feminismo. De manera que se convirtió en la forma de volcar lo que tenía dentro, uniendo el feminismo a las ganas de crear. Y mira, salió este chiste”, responde Lula a la pregunta de cómo surgió la idea de identificar ciertas conductas con cacas.

“No, no desconfío de vos, desconfío de los tipos. Por eso te reviso el teléfono. ¿Qué te crees que a mí me gusta preguntarte con quién estás, a dónde vas, a qué hora vas a volver? ¡Vos sos muy ingenua y si no te cuido yo, ¿quién te va a cuidar?”. Diálogos como éste son los que introduce en sus vídeos (que le llevan una media de entre cinco y seis horas de producción) y los que considera la parte más difícil de su trabajo. “El desafío más grande de mi serie es resumir una situación en dos o tres frases para que quepan en 40 segundos. Es el poder sintetizar todo el horror de un concepto como el de una orden patriarcal o el de un abuso”. Entre las personalidades que han dado vida a través de su voz a estas cacas se encuentran conocidos nombres españoles y argentinos como el actor Lucas Lezin, la actriz y directora Leticia Dolera, la actriz y comediante Malena Pichot, la pareja de youtubers Sara y Marta de DeVermut o la ilustradora Flavita Banana, quién le dio el empujón crucial para el lanzamiento de su serie.

Estas cacas parlantes nacieron como una serie de humor y se han convertido en todo un símbolo de lucha feminista. Lula lo que busca con esto es que tratemos de entender cómo funciona el sistema porque “para intentar desmontarlo tenemos que estar fuertes teniendo herramientas para discutir, para pelear y para saber cuál es nuestro lugar. En definitiva, para apropiarnos del lugar que nos han quitado”.

La sutil diferencia entre “caca” y “mierda”

Pero, ¿qué actitud puede tener una persona que llegue a identificarse con alguno de sus vídeos? “Me gusta pensar que no se llegan a enfadar del todo porque te llaman ‘caca’, no ‘mierda’, además son bonitas, tienen colorcitos suaves y son muy simpáticas en cuanto a sus formas. Creo que les peta la neurona y no saben si enfadarse o no y, además, se preguntarán: ‘pero, ¿me está insultando o no?’ Y esto es productivo porque al no generar un choque creo que hay algo que se queda”. Cuando se le pregunta qué pueden hacer quienes quieran apoyar la causa feminista Lula explica algo que, de base, parece lógico pero que a juzgar por lo que ocurre no lo es tanto: “Lo primero que deben hacer es no violar, no abusar, no tocar culos… Digo esto porque el sistema nos hace creer que los violadores, los que pegan o matan, son monstruos y no tienen nada que ver con nuestro hermano ni con nuestro compañero de trabajo. Lo segundo, no molestar, callarse, aprender y escuchar. Y lo tercero, y muy importante, empezar a pararles los pies a sus propios amigos y a la gente de su alrededor. El tipo feminista está rodeado de hombres machistas y su trabajo está con ellos, con sus amigos”.

A esto se suma un factor que se ve de una forma muy fácil a través de algunos de sus stories: la educación desde la infancia. Pablo es su hijo de ocho años. Un niño cualquiera, de una ciudad cualquiera, al que le diferencia una madre que le ha hablado de feminismo. De la diferencia entre machismo y feminismo. Ahora pregúntense, ¿alguien nos habló de estos temas cuando éramos pequeños? “Existe la idea de que éstos son temas muy complejos pero mi hijo es capaz de comprender la saga de Star Wars o de Harry Potter y, el patriarcado, no es más que un cuento que nos han contado en el que obtiene beneficios la mitad de la población mundial. Es un invento, es una historia que se puede explicar a un adulto o a un niño. Es una historia de buenos y de malos como cualquier otra que se cuenta en una serie o película. Y aquí también hay una lucha y un objetivo que conseguir. Es el guion de cualquier película y lo pueden entender los niños perfectamente”.

Todos, motivos suficientes para no dejar de hablar de feminismo, para avanzar cada día un poquito más hacia el lugar que nos pertenece por que… Si vigilas cada segundo a tu pareja; si crees que los bebés que hacen caquitas son para las niñas y los astronautas para los niños; si estás hartx de escuchar sobre el #NiUnaMenos; si consideras que los piropos gratuitos no son para tanto; si crees que los hombres no pueden ir a la huelga del 8M o si no comprendes las razones del feminismo, ERES UNA CACA.

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