Cuatro sucesos del Mundial que sacan a relucir una sociedad machista y misógina

Aficionados, publicistas e incluso las propias organizaciones futbolísticas demuestran que igualdad y respeto, a pesar del aumento de conciencia y denuncias, siguen siendo asignaturas pendientes en el entorno del deporte rey.

Cuatro sucesos del Mundial que sacan a relucir una sociedad machista y misógina

Aficionado de la selección colombiana y mujeres vistiendo traje tradicional ruso en Kazan durante el Mundial 2018. Foto: Getty Images

Desde las profesionales hasta las aficionadas, las mujeres que presencian el Mundial de Rusia tienen más complicado realizar su trabajo o disfrutar de los partidos por la mera razón de serlo. No faltan pruebas. Faltas de respeto constantes, abusos, acoso y muchas líneas rojas que se cruzan con demasiada frecuencia y facilidad por parte de los aficionados, pero que también se promueven por parte de grandes empresas con la publicidad que lanzan o incluso desde las propias organizaciones futbolísticas. Los casos de las reporteras acosadas frente a las cámaras mientras hacen una conexión en directo, las burlas machistas de las que mujeres de diferentes nacionalidades han sido víctimas (recopiladas en vídeos denuncia de alcance viral) o la idea imperante, anticuada y falsa de que ellas no disfrutan del fútbol que transmiten anuncios creados ex profeso para el torneo, como el de la firma de lencería Vicky Form, sacan a relucir en este entorno -tradicionalmente asumido de dominio masculino- un problema que es de calado social. “Son comportamientos muy cuestionables y referencias a una masculinidad muy simplona -que se espera represente cada vez a menos hombres- que confronta con el reconocimiento de hombres y mujeres como iguales”, explica Sara García Cuesta, socióloga y antropóloga experta en Género (Universidad de La Laguna), a S Moda.

Bromas de corte machista aprovechando la barrera del idioma

Podría ser humor ‘cuñado’, pero el trasfondo es más preocupante. La clásica broma de hacer a un extranjero decir algo en tu idioma -esa que explota Pablo Motos– se eleva con frecuencia a nivel de degradación a la mujer durante el Mundial. Son varios los vídeos denuncia que circulan por redes recopilando momentos en los que hombres que hablan español y portugués se aprovechan de mujeres de diferentes nacionalidades que no hablan el idioma para hacerlas repetir soeces o frases de contenido sexual sin que ellas sepan qué están diciendo.

El cántico “vagina rosa, vagina rosa” de algunos miembros de la hinchada brasileña, entre los que se identificó a un policía, o el “yo soy perra” que un aficionado colombiano incitaba a decir a una aficionada japonesa (juzgado y rechazado públicamente por la Cancillería Colombiana) son algunos ejemplos. Al hincha argentino Fernando Penovi, que hacía lo propio con una mujer rusa, le ha costado incluso la expulsión de todos los partidos del Mundial a petición del gobierno de su país por “procaz, por deshonesto y por indecente”.

“La presión social está haciendo efecto”, es el apunte en positivo de la socióloga García Cuesta. “Donde antes había miradas hacia otro lado (o incluso complicidad más o menos explícita), ahora hay cada vez más rechazo social en todo el mundo. Es ya políticamente incorrecto grabar estas formas de abuso verbal. No significa que no se sigan reproduciendo estos comportamientos, pero mujeres sobre todo, y también otros hombres, están condenando y respondiendo críticamente a esto como nunca antes”.

La constante del acoso y abuso a reporteras mientras hacen su trabajo

Más mujeres profesionales cambiando la historia del Mundial y un contexto de menor tolerancia y más denuncia, pero las dinámicas de algunos aficionados son las de siempre. En plena era #MeToo, cuando los testimonios de situaciones de abuso y acoso sexual copan titulares y el mensaje cala en una buena parte de la sociedad -por desgracia aún no tanto en la justicia, como ha quedado demostrado en nuestro país con la reciente puesta en libertad de La Manada-, la escena de hombre que interrumpe y acosa sexualmente a una mujer que realiza su trabajo no deja de repetirse. Dos sucesos como este, que podría decirse que constituyen un género de acoso en sí mismo, ha dejado el Mundial de Rusia en cuestión de una semana.

Primero fue el caso de la periodista colombiana Julieth González Therán, de DW Español, a quien un hombre tocaba un pecho e intentaba besar en pleno directo. Días después el de la periodista Julia Guimarães, de las cadenas brasileñas Globo Esporte y SporTV, a quien un aficionado también trataba de besar y ella respondía con una bronca en directo denunciando su actitud: “No te permito que hagas eso. Nunca, ¿vale? No es educado y no está bien. No vuelvas a hacer eso a una mujer, ¿vale? Respeto”. Esta misma reportera ya había participado junto a más periodistas deportivas brasileñas en la campaña ‘Déjala trabajar’, creada para concienciar frente al abuso antes del Mundial. Un reflejo de la “sensibilización de forma más contundente y el estado de alerta frente a este tipo de situaciones que medios y redes sociales han adoptado”, señala García Cuesta.

Publicidad que dibuja a una mujer objeto, ¿ignorancia o provocación?

“La publicidad busca llamar la atención y es perfectamente consciente de los debates y targets sociales a los que debe dirigirse para tener éxito”, dice Sara García. ¿Qué persiguen entonces marcas como Vicky Form o Burger King Rusia con sus polémicos anuncios sexistas lanzados durante el Mundial?

En el primero, una pareja heterosexual. Ella se queja de que el torneo hace que su chico “encienda la televisión y ya no exista nadie más”. La firma lencera ofrece entonces una solución para que “ambos disfruten por igual” de la competición: ropa interior inteligente que traduce la intensidad del juego que él está viendo por vibración para ella. Sexualización, cosificación y, de nuevo, querer perpetuar la idea de que el fútbol es cosa de hombres. Cuesta creer que la agencia encargada de realizar el spot mexicano no haya investigado al respecto y sepa que, en el país latinoamericano, el 45% de la audiencia televisiva total del Mundial de Brasil (2014) fue femenina, según datos de la propia FIFA (en España fue del 38%).

«Las chicas que se queden embarazadas de estrellas de fútbol mundiales tendrán derecho a tres millones de rublos (unos 40.000 euros) y Whoopers gratis de por vida”. Así de desconcertante era el eslogan de la campaña del Mundial de Burger King en Rusia. Su intención, “promover el éxito de la selección rusa para próximas generaciones”. Fue retirado horas después de su lanzamiento con las disculpas de la compañía, que reconocía que su contenido era “demasiado insultante”. Un mensaje que incide en el estereotipo y en la idea de que el cuerpo femenino es de dominio público y que, según explica García Cuesta, no tiene pinta de “error de cálculo. Parece que hay reincidencia en ese estilo tan agresor contra las mujeres por parte del gigante en Rusia, quizás asociado a un clima social que pueda estar teniendo lugar en el país como respuesta al empoderamiento de las mujeres y cargado de una cierta misoginia”.

Mensajes que fallan ya desde la base

Antes de que el Mundial de fútbol arrancara oficialmente, la polémica ya estaba servida. Y con razón. Empezó a circular por redes sociales un manual creado por la AFA (Asociación de Fútbol Argentino) dirigido a más de 40 periodistas alumnos de un taller impartido por la organización, con un capítulo titulado ‘Qué hacer para tener alguna oportunidad con una chica rusa’. «A las chicas rusas no les gusta que las vean como objetos”, decía paradójicamente el libro que la AFA dijo haber retirado rápidamente de la circulación impidiendo que llegara a manos del grueso de sus alumnos y alegando la creación de este capítulo controvertido a «un tercero ajeno a la AFA que vivió muchos años en Rusia”.

En un clima de conciencia feminista que aumenta y en el que precisamente en el país argentino, las mujeres acaban de alcanzar logros como la legalización del aborto. O el propio Mundial nos ha dejado mejor sabor de boca con noticias como la posibilidad de que las mujeres iraníes ya puedan acceder a sus estadios a ver jugar a su selección (aunque aún con fuertes resistencias), la sensación con este tipo de situaciones que se repiten sistemáticamente es la de que el camino hacia la igualdad sigue siendo largo y empedrado. Como defiende la periodista deportiva Marion Reimers desde su columna en The New York Times ‘El absurdo estereotipo femenino del Mundial’, “el fútbol es probablemente uno de los megáfonos más poderosos de lo que acontece a su alrededor, un espejo del mundo en el que vivimos y que, con la Copa del Mundo, cada cuatro años visibiliza el estado de las cosas”.

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