Así consiguió Margarita Salas que la dejasen de tratar como ‘la mujer de’

La investigadora, que ha fallecido a los 80 años, padeció la discriminación y machismo de la época: los científicos preferían hablar con su marido, Eladio Viñuela, ignorándola a ella por ser mujer.

Así consiguió Margarita Salas que la dejasen de tratar como ‘la mujer de’

Margarita Salas posando para 'S Moda' en 2015. Foto: Sergio Moya y Ximena Garrigues

Cuando Margarita Salas empezó a hacer la tesis doctoral en bioquímica, ni la comunidad científica ni la sociedad en general creían que las mujeres sirvieran para dedicarse a la investigación. Tuvo que mediar todo un premio Nobel, Severo Ochoa, paisano y primo político del padre de la desaparecida bióloga, que ha fallecido este jueves a los 80 años, para que la aceptaran en la tesis. Él fue también quien la llevó a Nueva York junto a su marido, el químico y biológo molecular Eladio Viñuela, a mediados de los sesenta. Salas recordaba aquellos años en la efervescente Gran Manzana como los mejores de su vida, una oportunidad única para desarrollar su carrera en un momento en el que España estaba a años luz en avances científicos. «En Estados Unidos tampoco había muchas mujeres investigadoras, pero allí no sentí ninguna discriminación por el hecho de serlo. Aquí sí», recordaba la asturiana en una entrevista concecida a Jot Down en 2015.

Efectivamente no fue nada fácil para una joven de ventipocos años abrirse camino en una sociedad tan machista como la de la época. Sus colegas de profesión ni siquiera le dirigían la palabra y se limitaban a charlar con su marido Eladio. «Yo era ‘la mujer de Eladio’. Supe lo que era ser discriminada, o es más: ser invisible. Era como si no existiese, yo no pintaba nada», recordaba la pionera. El director de su tesis doctoral, Alberto Sols, reconoció tiempo después que cuando estudió la candidatura de Salas para trabajar con él decidió darle algo fácil por si el proyecto no salía adelante por el hecho de que fuera una chica.

Cuando su marido y ella regresaron de Estados Unidos después de cuatro años con la esperanza de poder aplicar a la ciencia española lo que habían aprendido (y con financiación americana para lograrlo), Eladio decidió empezar a trabajar en nuevo proyecto para que su mujer pudiera avanzar en el estudio del fago Phi29, un virus que infecta a las bacterias, y cuya investigación permitió conocer cómo funciona el ADN y cómo la información que contiene se transforma en las proteínas que hacen funcionar al virus. El químico se centró en la peste porcina africana para que su mujer pudiera obtener el reconocimiento que merecía de forma independiente. «Dejé de ser ‘la mujer de’ para ser Margarita Salas», confesaba a Rosa Montero en una entrevista publicada en El País Semanal recordando lo «generoso» que era su marido.

Así fue cómo la asturiana, primera española en entrar en la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y tercera mujer en ocupar un sillón en la RAE, entre otros hitos, logró labrarse un nombre propio en la comunidad científica. «Si hubiésemos seguido trabajando juntos seguramente habría sido muy difícil», reconocía ella. A pesar de que la científica admitía el techo de cristal que no solo le afectó a ella, sino que siguen sufriendo las mujeres tanto en la ciencia como en otros muchos campos, Salas siempre se mostró contraria a las cuotas. En una entrevista concedida a S Moda en 2015 repetía su postura: «A mí no me gustan. Tenemos que llegar por nuestros propios méritos. No quiero discriminación positiva, pero tampoco que se nos quite algo por ser mujeres. La única cuota que admito son los jurados con proporciones equitativas», explicaba a Ana Fernández Abad. Y añadía: «Llegar a los puestos altos lleva tiempo, y nos hemos incorporado tarde a la investigación. En los laboratorios, ahora hay más mujeres empezando la tesis doctoral que hombres. Soy optimista, creo que todas se plantean ya su carrera profesional. Hace años, la mujer hacía una tesis, pero no pensaba en un futuro como investigadora, sino en casarse, la familia… No había el chip de decir que quería ser una profesional. Ahora eso ha cambiado». Un cambio que no hubiera sido posible sin pioneras como ella.

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