Cómo integrar una librería en el salón con acierto

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Los amantes de la literatura lo tienen claro: nada de esconder los libros. El salón, sin duda, es el mejor escaparate, pero… ¿cómo los colocamos?, ¿dónde?, ¿cómo deben ser las baldas? Ante las multiples dudas que pueden surgir –y el peligro a llenar el salón de novelas y ensayos sin demasiado criterio– hemos hablado con varios expertos. Aquí están sus consejos.

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La primera pregunta está clara: ¿tener una librería en el salón es buena o mala idea? Griselda Hernández Nores, de ghn arquitectura, explica que “una librería siempre es una buena opción en un salón porque es un espacio de relax, ideal para tumbarse a leer un libro. Además, al ser un mueble abierto, sirve para exponer objetos pequeños de manera ordenada, dando un toque desenfadado a la estancia”.

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En opinión de Pau Ginés, uno de los artífices de la plataforma digital para la creación de muebles generativos online Imotiu, “las librerías son un elemento que da carácter al salón: son contenedoras de elementos personales y decorativos”. Ginés, además, hace hincapié en la elección de elementos a colocar en ellas, “tanto en número como en estilo, para asegurar que la vista resulte agradable y no se cargue de elementos dispares. Por eso, la inclusión de puertas en las librerías incrementa las posibilidades de almacenamiento, dejando oculto el contenido que no queramos exponer”

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Marina Benavides, diseñadora de interiores de Aldea, comparte una vivencia muy personal: “Hace unos meses, un arquitecto de prestigio comentaba en un artículo que en las casas actuales ya no se concebía una zona dedicada a la librería porque las nuevas generaciones usan dispositivos digitales. Me dio pena leer algo así, porque los libros me han acompañado en varias mudanzas y forman parte de mi vida”, dice. Para Marina la librería es fundamental. “Es fuente de recuerdos, saberes diversos, consultas, juegos y música. En la librería de mi casa, en los estantes inferiores, tengo hasta los libros de mis hijas… de vez en cuando, aún me piden que se los lea”.

Llevados por motivos decorativos o sentimentales, y decidido que sí, que queremos una librería en el salón, ahora queda decidir cuál necesitamos. Esta decisión depende del espacio disponible y, sobre todo, de la cantidad de libros que tengamos”, comenta Griselda Hernández: “Queda fatal ver una estantería vacía. Por eso, a veces la solución está en combinar libros con objetos de decoración –jarrones, cajas, fotos”. Dependiendo de la densidad de nuestra biblioteca, Griselda plantea dos opciones: “Si hay muchos libros, recomendaría ocupar toda una pared, modulando en distintos tamaños los estantes para que haya dinamismo y para tener opciones para los distintos tamaños de libros. Si la biblioteca fuera breve, optaría por una estantería baja que sirva de aparador”.

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Ante la duda de decantarse por una librería abierta o por una cerrada, Marina Benavides, la decoradora de Aldea, prefiere las abiertas: “Son más ligeras, ocupan menos espacio y permiten tenerlo todo a mano… aunque sus detractores digan que en los libros se acumula más el polvo en ellas”. Otra ventaja de las librerías abiertas es que permiten dividir espacios de una forma elegante, como muestra el ejemplo de la fotografía. “Hay librerías modulares movibles que permiten cerrar una parte”, dice Benavides, recordando que para esta elección se precisa de una amplio salón.

También existen muchos modelos de estanterías suspendidas en pared, que conforman impactantes formas. “Las suspendidas me gustan por su ligereza y por el reto técnico que suponen”, reconoce Marina. “Hay modelos suspendidos mediante cables o soportes verticales, que permiten regular la altura de las baldas. Y destaco también la versatilidad de las modulares metálicas, cuyos elementos se repiten y combinan dando mucho dinamismo”.

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“Los libros tienen mucho peso, hay que tener en cuenta la resistencia del material que utilicemos. Y, sobre todo, hay que tener cuidado con el pandeo o inestabilidad”, opina Benavides:

“Otro asunto a tener en cuenta es el tamaño de las baldas. Para una librería grande, que ocupe toda una pared de arriba a abajo, yo optaría por baldas irregulares. Y, si se trata de una librería pequeña, regulares”.

La cuadratura del círculo - Reforma de vivienda en Joaquín Costa

 

¿Y dónde montamos la librería? Es decir, de las distintas paredes del salón, ¿cuál elegimos? “No la pondría próxima a una ventana: el sol estropea los libros”, cuenta Griselda: “Además, la estantería suele ser un elemento pesado y rompería toda la ligereza que aporta la luz que entra por una ventana”.

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Minimalista, gigantesca, cerrada con puertas, dispuesta con distintos ángulos…, la librería es uno de los muebles que más puede vestir una estancia.“Siempre me han parecido o fríos esos salones de revista en los que no hay librería y, por ende, ningún libro, recuerdo o foto”, concluye Marina.

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