Rosalía, la imagen del nuevo duende

Rosalía, la imagen poderosa y femenina del nuevo flamenco, se viste de joven moda española para reivindicar una innovación que no olvida las raíces.

Rosalia Vila

La artista lleva americana y pantalón corto de tul con hilos rojos de PEPA SALAZAR y pendientes de la colección Lantana de DANIEL ESPINOSA. Estilismo: Paula Delgado. Foto: Gianfranco Tripodo

En esa barra en la que hoy se apoya Rosalía se acodó más de una vez el maestro Morente. David Morales, tercera generación de la familia a cargo de Casa Paco, una de las tabernas más castizas de Madrid, le pide a la cantaora que pose con él para añadir un retrato más a su pared, desde donde sonríen Lola Flores y Juanito Valderrama. Porque esta artista nacida en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona) en 1993, con sus uñas de gel, sus dedos llenos de anillos y su larga melena al viento, es la imagen del nuevo duende. Que parte de la ortodoxia flamenca, pero colabora con músicos urbanos como C. Tangana. Que pasa con fluidez del tablao al Primavera Sound.

Rosalía Villa está culminando un 2017 de revelación y éxito: en febrero lanzó su primer disco, Los Ángeles (Universal Music), creado junto a Raül Refree; su gira –que cierra el 3 de febrero en el Circo Price de Madrid y el 1 de marzo en el Palau de la Música de Barcelona– la ha llevado a Montreal y Basilea, pero también a Begur y Ferrol; y hace apenas tres días acaba de llegar de Las Vegas, donde ha asistido a la gala de los Grammy Latinos, a los que fue nominada como Mejor Nuevo Artista. «Esa ciudad me sorprendió. De día era como de cartón, como un no lugar, de noche era brillante y deteriorada a la vez, fue una experiencia muy intensa. Toda la industria latina se reúne ahí», explica. No se siente desbordada ante la acogida de su debut, que ha atraído a figuras como Pedro Almodóvar a sus conciertos: «Siempre he hecho música desde la intuición y mi prioridad ha sido crecer como músico. Creía que Los Ángeles supondría un paso más en mi aprendizaje como cantaora, sería un disco del que me sentiría orgullosa, pero no contaba con el alcance que ha tenido».

Rosalia Vila

La artista viste un cuerpo de lentejuelas de PALOMO SPAIN. Foto: Gianfranco Tripodo

Le habían hecho ofertas antes, pero quiso tomarse su tiempo, encontrar el proyecto adecuado. ¿La prisa es enemiga del arte?

Supongo que la prisa nunca es buena. Aun así, considero que cada proyecto y cada artista tiene sus tiempos. Yo he necesitado aunar un bagaje que quizá a otro no le haga falta; al querer hacer una propuesta dentro de un género como el flamenco sentía que no me importaba esperar hasta que tuviera algo que decir.

¿Por qué en un mundo tan rápido, contagiado de la inmediatez que promueven las redes sociales, eligió el camino pausado? Su primer disco es casi una apuesta por la artesanía.

No antepongo nunca la inmediatez a la calidad. Comprendo que el mundo en el que estamos hay unos ritmos y unas exigencias, pero en mi caso el proceso creativo es la prioridad. Si Los Ángeles necesitó dos años de desarrollo, yo se los di. Aquello que es de calidad sobrevive al tiempo, mientras que lo que no tiene fundamentos y es solo tendencioso suele tener más que ver con la inmediatez. No digo que todo deba funcionar de esta forma, también me gusta ser capaz de hacer un single en dos horas, y está bien así. Todo depende del proyecto y lo que esperes generar con ello.

¿En eso se asemeja a los jóvenes diseñadores españoles, que abogan por la artesanía, por conocer la tradición y partir de ella para hacer algo original?

¡Claro! Las raíces son lo que te da identidad. Soy consciente del talento que me rodea y lo reivindico cuando me visto. Creo que es muy necesario mirar hacia dentro, España está llena de talento. No hace falta ir de grandes firmas extranjeras. ¡Si hasta Beyoncé viste de Palomo Spain y YolanCris!

Asistió a los Grammy Latinos con un diseño de María Simun. En otros momentos ha vestido Maria Ke Fisherman, Lydia Delgado o Palomo Spain… ¿Lucir estas firmas en eventos internacionales es una forma de reivindicarlas?

Sí, quiero transmitir fuerza y que lo que vista me represente. Y siempre me ha interesado la vinculación con otros artistas y entre ellos estos diseñadores españoles. María es amiga mía y de mi hermana, y compartimos el proceso de diseño con ella, fue capaz de desarrollar un vestido lleno de luz y poder. La estética es una parte más que cuido en mis proyectos.

Decidió que quería estudiar flamenco al escuchar a Camarón cuando estaba en un parque con sus amigos. ¿Cree que las nuevas generaciones, pese a que Internet pone toda la música a su alcance, no exploran, se centran en lo comercial?

No, creo que las nuevas generaciones se sienten orgullosas de una música que forma parte de nuestra cultura como es el flamenco. Reciben esta música sin prejuicios y la aprecian igual que otros géneros. Nadie más tiene esto. A mí la voz de Camarón me traspasó.

Rosalia Vila

Rosalía con traje de MARÍA ESCOTÉ y pendientes de aro de la colección Cerezo de DANIEL ESPINOSA. Foto: Gianfranco Tripodo

Ahora va a participar en Levi’s Music Project, para enseñar música a jóvenes en riesgo de exclusión en el barrio barcelonés de El Raval. ¿Puede el flamenco ser un salvavidas?

La música en sí ya es una maestra, si quieres ser músico debes ser humilde y constante. Además, tocar es un ejercicio mental y emocional valiosísimo. Creo que hay que enseñar a valorar la música en sí sin aplicar clasismo entre géneros. De esta manera, a partir de una visión amplia, uno elige qué escuchar. No hay una música mejor que otra, lo importante es ofrecer opciones, y el flamenco es una más.

Tras descubrir el cante con 13 años, Rosalía decidió dedicarse a ello profesionalmente: estudió en el Taller de Músics primero y luego hizo la carrera en la Escola Superior de Música de Catalunya (Esmuc) de Barcelona. A los 16, encontró a su maestro, José Miguel Vizcaya, Chiqui de la Línea. A los 17, tuvieron que operarla de las cuerdas vocales; había forzado demasiado su instrumento. «Fue un capítulo más dentro de mi camino hasta convertirme en músico profesional. Lo encaré como ‘voy a aprender de esto’. Empecé a cuidar mis cuerdas, dejé de salir para dedicarme en cuerpo y alma a mi objetivo. Tuve la suerte de que mi familia me apoyó, en especial mi madre».

¿Por qué decidió encerrarse a estudiar, en lugar de presentarse a un programa televisivo de talentos, a un concurso?

Me di cuenta de que la única manera que tenía de aprender flamenco era a partir del conocimiento y la figura de un maestro. Yo partí de cero, en mi entorno esta música no existía y tuve que trabajar pacientemente y durante muchos años. Construí mi identidad musical desde unos cimientos muy clásicos. Ir a una escuela me hizo ver que lo académico no es suficiente, que también uno debe desaprender. Mi forma de abordar la música siempre es a partir de la experimentación.

¿Es importante la ortodoxia en el flamenco?

Al igual que es importante la heterodoxia. Una existe porque existe la otra. Se necesitan entre sí y cobran sentido por tener su opuesto.

¿Hay que actualizar los códigos para conservar este patrimonio musical y hacer que llegue a más gente, que no se vea como algo pasado?

Pienso que para aportar a un género debes conocerlo en profundidad, solo desde ahí se puede avanzar. Me considero una persona curiosa que da valor al conocimiento y siente interés por su propia cultura y las demás. Por eso intento explicar lo que hago desde mí misma y el momento que estoy viviendo. De una forma u otra, el flamenco siempre estará ahí. Aunque vaya modificándose con el paso del tiempo tiene un peso que le permitirá mantenerse vivo, como ha hecho hasta ahora.

¿Cómo se ha sentido acogida en un mundo, el del flamenco, en ocasiones tachado de machista?

Muy bien. He encontrado compañeros como Chicuelo, Alfredo Lagos, Rocío Márquez o El Perrate que me han apoyado y enseñado mucho. Sobre la igualdad entre hombres y mujeres todavía queda mucho trabajo que hacer, pero en vez de colocar flamenco y machismo en una misma frase y vincularlos de forma clicheada, prefiero hablar de mujeres con poder en el género.

¿Es necesario renovar las letras, crear cantes como hizo la Niña de los Peines, para romper imágenes antiguas y crear un discurso diferente? El de las letras de las canciones es un debate abierto: el pasado verano se habló mucho del machismo presente en algunos temas de reggaeton, por ejemplo.

Es necesario crear nuevos discursos que se basen en el respeto y en la igualdad. Ahora bien, no creo que el flamenco o el reggaeton sean más machistas que el pop o el rock, solo hace falta escuchar la letra de Getting Better de los Beatles o I Used to Love Her de Guns N’ Roses como ejemplos. Estas letras son machistas porque al final son un reflejo de lo que está pasando en la calle. Pienso que cuanto más sana sea una sociedad, más sana será la cultura que esta genere; la música no es más que un espejo.

Rosalia Vila

La cantaora, dejando que fluya el duende entre azulejos con camisa de THREEONES, pantalón de JCPAJARES y pendientes de DANIEL ESPINOSA. Foto: Gianfranco Tripodo

¿Ahora, con nombres como el suyo o el de Rocío Márquez se podría hablar de un flamenco feminista?

Es un poco raro para mí vincular un género musical a posturas ideológicas o políticas. Pueden existir artistas cuyas propuestas tengan esa unión, pero no un género que se caracteriza por su hondura emocional como este. Creo que hay un movimiento general de empoderamiento femenino, y eso se extiende al flamenco de manera natural, porque hoy en día hay muchas primeras figuras que son mujeres y que lideran sus carreras y sus propuestas.

«Me siento afortunada, me da la sensación de que todo el trabajo realizado a lo largo de estos años cobra ahora sentido», asegura Rosalía. Ella no afloja el ritmo, persiste en el trabajo. Justo un día después de la entrevista lanzará el vídeo de su nuevo tema, Aunque es de noche, una versión del tema de Enrique Morente inspirado en los versos de San Juan de la Cruz. Lo ha dirigido Ignasi Monreal –ilustrador que ha colaborado en las últimas acciones de Gucci–, y en él la cantaora irradia una fuerza que en la pantalla se transforma en coloridas ilustraciones. De nuevo, tradición y vanguardia.

Su carrera se forjó en el tablao. ¿Qué le enseñó?

Los códigos de una música compleja como esta. Allí en todo momento músicos y bailaores están muy conectados entre sí e improvisan. También me di cuenta del desgaste diario que supone. Admiro a los compañeros que cada día se suben al escenario, hacen tres veces el mismo show y siguen poniéndole ganas como si fuera la primera vez, porque si no se hace así el público no siente nada. La música no es algo que se pueda mecanizar; si no te implicas, no suena.

¿Le gustaría explorar algo mixto, combinando baile y cante, como va a hacer en mayo Israel Galván –que ya lo hizo con Sílvia Pérez Cruz– con Niño de Elche en La fiesta (Teatros del Canal)?

He bailado toda la vida. Me interesa todo lo escénico y el movimiento es uno de los pilares de la interpretación. Trabajar con Israel Galván me entusiasmaría, igual que con Malpelo, Hofesh Shechter o Sidi Larbi Cherkaoui. Niño de Elche, Galván o Rocío Molina hacen propuestas arriesgadas y personales que refrescan el género.

¿El duende puede llegar en cualquier escenario?

Es interesante que en un tablao se proponga un repertorio que vaya más allá del folclore tradicional y que en un festival indie suene un género como el flamenco. Todo está inventado y lo interesante está en contextualizar o descontextualizar algo, en darle un significado nuevo a partir del uso del contexto.

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