Iñárritu, ¿el director más impopular de las redes sociales?

El mexicano y su película ‘El Renacido’ parten como favoritos en los próximos Oscar pese a que su cine y personalidad cada vez divide a un mayor número de cinéfilos.

“La Tierra ha soportado el paso de glaciaciones, epidemias y guerras, pero dudo que pueda con el ego de Iñárritu ganando dos Oscars seguidos”. Así de contundente mostraba este tuitero su preocupación segundos después de que el galáctico Harrison Ford leyera que la ganadora del Globo de Oro a la mejor película era El Renacido (The Revenant) de Alejandro González Iñárritu. Fue entonces, sobre las cinco de la mañana en nuestro país, cuando buena parte de los usuarios más cultivados de Twitter (que haberlos, haylos) multiplicaron sus mordaces comentarios tras haber asistido a una nueva oda galardonística del director mexicano. “Si Iñárritu gana dos Oscar seguidos su ego va a consumir el oxígeno de la atmósfera y todos moriremos”, decía uno. “Esta noche en Mega Construcciones: El ego de Iñárritu”, escribía otro. Y así, ajena a las virulentas opiniones de las redes, El Renacido se hizo con los tres premios más importantes, convirtiéndose en la triunfadora de la noche pese a haber llegado de tapada ante las previsiones que señalaban a Carol o Spotlight como las principales candidatas. Su éxito en la mencionada gala se une a sus doce nominaciones en los próximos premios Oscar, siendo la cinta con mayor número de candidaturas. Si a esto le sumamos que con apenas 52 años el palmarés del director acumula más de una treintena de nominaciones, resulta difícil buscarle peros a su talento. Sin embargo, ser uno de los cineastas más aplaudidos de nuestro tiempo puede servirle para meterse a la Academia en el bolsillo pero no es suficiente para ganar el cariño unánime del público.

El desencanto de los espectadores no está dirigido al contenido o a la factura de la película, que ha cosechado más alabanzas que críticas. Especialmente destacables son la fotografía de Emmanuel Lubezki y la interpretación de Leonardo DiCaprio, que se mete en la piel de un cazador abandonado por sus compañeros en la América salvaje del S. XIX. Parece que este rol otorgará por fin, en su tan merecida como obsesiva búsqueda, el Oscar al actor californiano. Pero no es eso lo que tiene inquietas a las redes sociales. El centro de críticas y la controversia recaen sobre el director del filme. Sí, definitivamente hay algo en Alejandro G. Iñárritu que despierta cierta antipatía entre los amantes del séptimo arte.

¿Por qué uno de los autores más premiados de nuestro tiempo se ha convertido en uno de los más discutidos o impopulares? ¿Es debido a sus problemas en los rodajes, la ambición de sus obras o su actitud ante la prensa? ¿Cómo se expresa la supuesta egolatría del cineasta? Jordi Costa, crítico de El País y experto en animadversiones cinéfilas (es autor del tebeo Mis problemas con Amenábar), parece tener claro que Iñárritu es “el paradigma de director sobrevalorado; y sobre todo, con una alta concepción de sí mismo, que no se corresponde con lo que hace”. Costa califica el trabajo del cineasta como “cine de macho alfa”. “Es por esa especie de esfuerzo de convertir la testosterona en estilo. Muy masculino y patriarcal; aunque admito que todas sus películas hay que verlas”. Su personalidad cinematográfica le ha hecho granjearse comparaciones con autores de la talla de Coppola, Von Trier o Kubrick; siendo éste el apodo con el que se refería a él Brad Pitt durante el rodaje del film Babel, debido al gran número de tomas que pedía el mexicano.

La misma minuciosidad, una búsqueda casi enfermiza de la perfección, es la que ha explotado en el rodaje de El Renacido. El director insistió en filmar con luz natural, reduciendo algunas jornadas de grabación a 90 minutos al día, sufriendo temperaturas bajo cero, nevadas y lluvias torrenciales, lo que provocó las denuncias de un equipo que exigía mejores condiciones o trabajar en plató. “Eso es exactamente lo que no quería”, explicó Iñárritu. “Si terminamos en un croma verde, con café y pasando un buen rato, todo el mundo estaría contento, pero seguramente la película sería una mierda”. El presupuesto se sobrepasó en más de 40 millones de dólares y hasta una veintena de miembros de la producción abandonaron o fueron despedidos por unas condiciones tan límites que calificaron de “infierno en vida”. Incluso el propio director fue acusado de maltrato tras una escena en la que un actor tuvo que ser arrastrado por la nieve completamente desnudo. “He trabajado en muchas producciones y ésta es muy diferente de lo que suelo ver. Es importante que la gente diferencie entre conseguir una película increíble a cualquier coste, y la seguridad”, aseguró a THR Damien Petti, presidente del sindicato de técnicos IATSE.

Aunque diga lo contrario, en la pasada edición de los Oscar posó encantado con sus 3 estatuillas.

Aunque diga lo contrario, en la pasada edición de los Oscar posó encantado con sus 3 estatuillas. Foto: Corbis

El Negro, como se le conoce en el gremio, tuvo que salir de la sala de montaje para negar todos los hechos y defender su película: “Como director, si identifico que un violín está fuera de tono, tengo que sacarlo de la orquesta”. Ni la gran estrella del reparto se libró del estándar de exigencia. Durante la grabación de una secuencia en la que el personaje de Leonardo DiCaprio tiene que comerse el hígado de un bisonte, Iñárritu le ofreció dos opciones: uno falso y otro real. Según The New York Times, el actor apostó por ingerir la víscera auténtica, para mayor agrado del cinéma vérité propuesto por el director.

Además de sus problemas en los rodajes, el cineasta de Ciudad de México es tan consciente de su desmesurado ego que lo hizo el tema central de su anterior película, Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), la gran triunfadora de los Oscar del pasado año con cuatro estatuillas. “La sociedad está obsesionada con la competición y me parece horripilante. Lo odio. Preferiría que, en lugar de haber un ganador, los Oscar se limitaran a mostrar los mejores trabajos del año”, confesó a la prensa tras la gala. Sin embargo, ese sentimiento se contrapone al hecho de que, dejando fuera su sorprendente ópera prima Amores Perros, todas las películas que componen la filmografía del mexicano se han estrenado en el último trimestre del año, justo al comienzo de la temporada de premios. Resulta también paradójico que en su particular tratado sobre las maldades del yo, éste fuera alimentado como nunca antes, al recibir un ingente número de galardones y elogios. “Yo no lo conozco personalmente, pero creo que convertir sus dos últimas películas en una gesta heroica es indicativo de un tipo determinado de personalidad. Ésta última es avallasadora, muy pirotécnica y desbordante, pero creo que dentro de unos años sus películas nos van a parecer antiguas”, apunta Costa.

Otro de los posibles motivos por los que su cine sea cada vez menos accesible para la audiencia es la propia disposición del cineasta, que se ha declarado encantado de encontrarse muy lejos de los gustos del gran público. “Hoy vivimos en un contexto donde la ambición se castiga. Casi todas las películas, ya pueden estar bien o mal, deben cumplir ciertos parámetros: que sean claras, que no incomoden, que no sean misteriosas, que no sean difíciles de leer… Cualquier ambición del otro lado es castigada”, afirma el director. Con las doce nominaciones que avalan El Renacido, aún no sabemos si será castigado o si volverá a repetir la hazaña del pasado año. Lo que es seguro es que si finalmente lo consigue, pasaremos un buen rato leyendo ingeniosos tuits sobre su petulancia. Por su parte, Iñárritu ha confirmado que su siguiente guión será “una historia sencilla sobre habitaciones y jardines”. Nosotros, dejando a un lado su alta estima, estaremos encantados de disfrutarla.

Iñárritu y DiCaprio durante el rodaje de 'El Renacido'.

Iñárritu y DiCaprio durante el rodaje de ‘El Renacido’. Foto: Cordon Press

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