Natalia Vodianova: “Soy la mujer que siempre quise ser”

La top Natalia Vodianova, que cumple una década como imagen de Guerlain, alterna su presencia en la industria del lujo con su trabajo al frente de su fundación.

Natalia Vodianova: “Soy la mujer que siempre quise ser”

"Cuando eres pobre solo cuentas con tu dignidad. Es algo que he intentado no perder nunca en mi carrera". Foto: Benjamin de Lapparent

Eramos muy pobres. Nuestra principal preocupación era saber qué comeríamos el día siguiente», recuerda Natalia Vodianova, que nació hace 34 años en la ciudad rusa de Nizhni Nóvgorod, entonces conocida como Gorki. Dice que si de pequeña le hubieran anunciado que un día se haría rica y famosa, se habría echado a reír. Su madre vendía pasteles en un mercado local y tenía tres hijas a su cargo. Una de ellas, Oxana, con parálisis cerebral y autismo.

Pero la suerte de Vodianova lo cambió todo a los 17 años, cuando se mudó a París y empezó a encadenar importantes contratos para marcas como Calvin Klein, Stella McCartney o L’Oréal. Aunque su relación profesional más larga es la que sigue manteniendo con Guerlain, firma de la que es imagen desde 2007, concretamente del mítico perfume Shalimar y, desde este otoño, también de Lingerie de Peau Aqua Nude, una nueva gama ligera de base de maquillaje creada por la maison francesa.

Tras diez años con Guerlain, ¿qué balance hace de su colaboración?

Si lo comparo con mis experiencias anteriores, ha sido como pasar del fast fashion a la alta costura. Aquí se trabaja de forma mucho más íntima. Soy una persona con opinión y, desde el principio, tuve la sensación de que me escuchaban y me apreciaban por ser como soy.

Y, a nivel personal, ¿qué ha cambiado a lo largo de esta década?

Para empezar, he tenido mucha descendencia… [es madre de cinco hijos, los dos últimos con Antoine Arnault, heredero del imperio LVMH]. Diría que he logrado reconciliar mi trabajo como modelo con mi labor humanitaria. Como diría mi amiga Diane von Fürstenberg, me he convertido en la mujer que quería ser.

Con su actual marido, Antoine Arnault. Foto: Getty Images

Su fundación Naked Heart construye parques para huérfanos y niños enfermos en su Rusia natal. ¿Ser modelo no le bastaba?

Nunca me sentí realmente modelo, porque no fue algo que escogiera conscientemente. Cuando me lo propusieron dije que sí, porque eso es lo que hace uno cuando no tiene otras opciones. Fue más tarde, al empezar a colaborar con Guerlain y otras marcas, como Calvin Klein, así como con los fotógrafos con los que he tenido la suerte de trabajar, cuando me enamoré de este oficio.

¿Cómo se asimila el éxito cuando se ha vivido en la pobreza?

Me costó digerirlo, sentía que era algo que me había caído encima, sin que me lo hubiera ganado. Ahora creo que venir de donde vengo me ha ayudado. Yo he sido muy pobre. Y, cuando eres pobre, solo cuentas con tu dignidad. Es algo que he intentado no perder nunca, lo que explica que me haya protegido mucho al trabajar en esta industria, de maneras de las que prefiero no hablar… Conservar esa dignidad ha sido una forma de permanecer conectada con mi pasado.

Habla a menudo de su abuela como ejemplo a seguir.

Trabajaba en una fábrica de coches. No podía permitirse vestir de grandes marcas, pero tenía sus guantes, bufandas y collares. Antes de salir por la puerta se hacía un moño y se pintaba los labios de rojo. Yo soy como ella: utilizo el maquillaje para sacarme provecho, nunca para convertirme en algo que no soy.

¿Cómo ha condicionado esa infancia su vida adulta?

He aprendido a trabajar duro, que es importante si quieres tener éxito. Contar con una trayectoria como la mía hace que te vuelvas una persona con los pies en la tierra. Gracias a eso sé que el dinero no te da la felicidad, aunque sí te da opciones. La pobreza es sinónimo de humillación. Cargas con una vergüenza y con un estigma y no interesas a los demás. En todo caso, ahora sé que podría salir adelante y ser muy feliz teniendo muy poco.

Natalia junto a Doutzen Kroes y Karlie Klos Foto: Getty Images

Empezó a trabajar a los 11 años, se convirtió en modelo a los 15 y se casó a los 19. ¿Tiene la sensación de que le robaron la juventud?

Al revés, siempre he pensado que sacaba ventaja a los demás. Tengo más tiempo para equivocarme o experimentar que el resto de la gente de mi edad.

El fotógrafo Mario Testino la apodó Supernova…

Me encanta. Describe esa parte de mi personalidad que está siempre buscando algo nuevo que hacer. Y prefiero Supernova a hámster… [risas].

¿Cada cuánto vuelve a Rusia?

Muy a menudo, por mi trabajo con mi fundación. Mi barrio es mucho más verde y seguro. Hay menos crimen y menos mafia. Ya ve cuál fue el espíritu de mi juventud…

¿Le entristece la imagen que tiene Rusia en el extranjero? Hay quien sigue percibiéndola, tantos años después de la Guerra Fría, como una amenaza.

Me da pena porque soy muy patriótica. Pero, cuando leo libros de historia, me doy cuenta de que Rusia siempre ha sido incomprendida. Cuando la gente viene a vernos descubren una inteligencia, curiosidad y alegría que no sospechaban. Rusia no es una amenaza, es generosidad. Supongo que, cuando un lugar es tan vasto y está tan lejos, surgen estos malentendidos. Pero también diría que hay países a los que se les da mejor el marketing que a nosotros…

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