Lexi Boling: «En la escuela me sentía una marginada»

Encaje, terciopelo, asimetrías y piel. Lexi Boling nos sumerge en el reverso gótico de las fiestas. Su actitud habla de confianza y resolución pese a sufrir ‘bullying’ en su etapa escolar.

Vestido largo con reverso de lana y escote arabesque de Saint Laurent by Anthony Vaccarello (c. p. v.). Foto: Drew Jarrett

Rojo y negro. Terciopelo, piel y encaje. En Nueva York, Lexi Boling se sumerge en el reverso gótico de las fiestas navideñas. «¡Me ha encantado esta sesión de fotos, disfruté trabajando con Drew! Él llevó rock and roll al set, transmitió una vibración rockera y chic que me hizo sentir fuerte y poderosa», dice la modelo nacida hace 25 años en Belvidere (Illinois), uno de los rostros más codiciados de la industria de la moda. Versace, Chanel, Prada, Fendi, Givenchy, Saint Laurent, Calvin Klein o Coach la han tenido en sus desfiles de p-v 2019; es la imagen de la campaña de este invierno de Tom Ford, y también aparece en las de Versace y Zara; y desde 2016 anuncia la fragancia Prada Candy (en sus versiones Kiss y Gloss).

Vestido asimétrico con capucha de Versace (c. p. v.). Foto: Drew Jarrett

Le han dicho mil veces que en esos retratos recuerda a Françoise Hardy, con su cara angulosa y el flequillo sixtie. Aquel icono que rompió códigos vistiendo ropa masculina. «Me encanta porque hacía lo que quería, y eso, como mujer, es inspirador. Me interesa cualquier fémina que haga lo que le dé la gana sin pedir disculpas a nadie y también aquellas que son fieles a sí mismas», sentencia. No responde si se siente cómoda con el cartel de ‘fashion bad girl’ (‘chica mala de la moda’) con el que fue etiquetada desde sus inicios, pero su actitud deja claro que valora la libertad. Y le importa un bledo el qué dirán.

Capucha roja de Versace (c. p. v.), braguita de INTIMISSIMI (c. p. v.) y botines de Missoni (c. p. v.).

Es algo que la ha llevado a meterse en algún que otro problema, como la vez que comentó en tono jocoso una foto de Kendall Jenner en Instagram, post que acabó en disculpa pública. «Las redes sociales son ahora parte del trabajo de una modelo. Te dan la oportunidad de mostrar tu voz, pero no creo que haya ninguna obligación de hacerlo. Soy una persona reservada y me gusta mantener el misterio de mi vida para mí misma», explica con cautela.

Capucha de Versace (c. p. v.). Foto: Drew Jarrett

Eso no impide que en su Instagram hable con frecuencia de su novio, el también modelo Ben Allen: «Compartir vida y trabajo con él es maravilloso. Viajamos por todo el mundo y ambos entendemos la locura de este trabajo, tenemos empatía». Su otro gran cómplice en la industria es el fotógrafo Steven Meisel: «Me ha enseñado muchísimas cosas, es el mejor profesor y es un placer trabajar juntos. La comunicación y la confianza con un fotógrafo son claves».

Abrigo de cuero de MIU MIU (4.500 €). Foto: Drew Jarrett

Incide en la importancia de la confianza cuando recuerda cómo se reían de ella de adolescente, algo que la ha llevado a crear una beca en su antigua escuela de secundaria. «Cada año, ayudo a dos estudiantes con inquietudes para que hagan algo de forma inmediata y no se queden en una ciudad pequeña. No es que tenga nada en contra de los sitios así, pero si tienes una mentalidad abierta te pueden hacer sentir atrapado e incapaz de acceder a tu verdadero yo», argumenta.

Vestido de terciopelo con detalle drapeado de Gucci (c. p. v.). Foto: Drew Jarrett

Ella estudió en una zona residencial, «donde todos pensaban y vestían igual», rememora. Y el bullying la marcó: «La escuela en EE UU es difícil y es una pena que los chavales tengan que ir allí con miedo. Siempre habrá pandillas y estereotipos. Hay que recordarles a los niños que es algo temporal, que puedes cambiar tu entorno y encontrar a tus verdaderos amigos, gente que te entiende. Yo allí me sentía una marginada por tener ideas avanzadas sobre la exploración y el vestir, por eso cuando me gradué, me mudé a Los Ángeles, un lugar donde ser libre y expresarme sin sentirme juzgada». Ahora, admite, nada frena sus ambiciones. Se plantea ya crear su propia marca, combinando sus dos pasiones, la ropa y los deportes extremos: «Mezclar moda y snowboarding será mi futuro».

Vestido largo de encaje de Pinko (685 €). Foto: Drew Jarrett

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