Elena Anaya: “Rechacé mi segunda película porque un director me dijo que le enseñara las tetas”

Tras casi dos años de parón después de su maternidad, la actriz se estrena en la pequeña pantalla con dos mujeres «luminosas». Producen HBO y la BBC británica.

Elena Anaya

Vestido de algodón blanco, cinturón Infinity y botas Archlight. Todo de Louis Vuitton. Foto: fede delibes. realización: paula delgado

Elena posee lo que ella llama “una tendencia” a subirse a los árboles. Lo hace desde que era niña. Mira hacia arriba, observa donde agarrarse, y trepa.Un día me dijeron: ‘Prueba a subir, ya verás’ Y, claro, me sentí libre. ¿Por qué dejarlo?”, ríe. Sus dos décadas en el cine también han sido una escalada hacia el más difícil todavía: África (Alfonso Ungría), Familia (Fernando León de Aranoa), Sin noticias de Dios (Agustín Díaz Yanes), Habitación en Roma (Medem), La piel que habito (Almodóvar), Van Helsing (Stephen Sommers), Wonder Woman (Patty Jenkins). La fuerza de sus ojos, desiguales, sigue intacta. Si nos pusiéramos cursis, podríamos decir que el yoga y la maternidad (tiene un hijo con la figurinista Tina Afugu) han dado, quizá, otra luz a su mirada. Lo que ella asegura –este año se estrena en televisión con dos series internacionales: Jett, en HBO, y MotherFatherSon, con Richard Gere, en la BBC– es que tiene las cosas más claras que nunca: “Hice África con 19 años y he cumplido 43. He sido muy valiente y he hecho todo tipo de piruetas. Ahora estoy lista para contar otro tipo de historias”.

Como actriz, ¿qué ha sido lo más duro de asumir en todo este tiempo?

Que esta es una carrera muy injusta en muchos aspectos. Comprobar que hay momentos de mucha soledad, de incertidumbre. Siempre que acabas un proyecto no sabes si van a llegar más. O si te volverán a llamar o si lo estás haciendo bien. Han pasado 24 años pero sigo amando mi oficio muchísimo. Lo sigo respetando como el primer día. Y me sigo formando.

Nunca ha dejado de hacerlo. A pesar del éxito.

Lo necesito. Para mí es volver a lo elemental: practicar, ponerme nerviosa, equivocarme. Esta es una carrera de fondo. Pero con amor lo superas todo, porque es la fuerza que mueve lo imposible. Aunque si me preguntas otra vez qué ha sido lo más duro, es irte de casa cuando has tenido un hijo y recordar al chófer abrazándome para que dejase de llorar [sonríe].

¿Suele llevar a su hijo al trabajo?

Sí, claro. Absolutamente a todos los sitios. Y he hecho un parón de dos años prácticamente. Quería dedicarle mi vida entera. Disfrutar de este momento privilegiado. En los dos primeros años de la vida de un bebé el vínculo que tienen con las personas de apego es tan importante a nivel neurológico y emocional. Lorenzo viaja conmigo.

¿Por qué se llama Lorenzo?

La noche de San Lorenzo es muy importante para mí. Me han llevado muchas noches a ver la lluvia de estrellas y he pedido muchos deseos.

¿Le gusta pedir deseos?

Sí, me gusta creer en el rastro de un cometa que te puede hacer pedir un sueño.

Elena Anaya

Vestido de algodón azul, rojo y negro, de Versace. Sandalias de piel negras, de Sportmax. Foto: fede delibes

¿Cómo ha cambiado ser madre su vida profesional?

La vida adquiere otra dimensión. No hay nada más valioso. Si tienes que ir a trabajar, vas con más ganas. Si puedes quedarte con tu hijo e ir al parque, eres la mujer más feliz del mundo, y si te subes a los árboles ya ni te cuento.

¿Sus padres no eran de los que le insistían: ‘Te vas a caer, te vas a caer’.

¡Para nada! Me subía a un cerezo centenario y yo siempre intentaba ir hasta arriba del todo. Si te caías, las consecuencias eran totales. Pero, ¿sabes qué hicieron? Me compraron un arnés y me dijeron: ‘Tú, sube, y si no te sientes segura, pues te pones el arnés’ (ríe).

He leído que de niña llevaba un parche y que su madre se lo tuneaba.

Sí. Era guay. Aunque al día siguiente llegaba al colegio, que era de monjas, y le decían: ‘Usted no puede traer a su hija vestida de pirata… [ríe]’. Y vuelta al marrón.

La echaron del colegio, por cierto. ¿Cómo se lleva desde entonces con la religión?

¿Qué religión?

La católica.

Pues no sé. Cuando leí el informe que decía que hace 24 años que no se permitía hacer una inspección de los abusos sexuales en la Iglesia me preguntaba, ¿por qué? Hablamos de pederastas que violan a niños abusando de su poder e influencia. Niños que luego se convierten en personas torturadas para el resto de su vida. No se puede permitir que ocurran este tipo de cosas. Ojalá la Conferencia Episcopal permita definitivamente que se haga esa revisión y denuncien tantos casos.

¿Qué opinión tiene del papa Francisco?

En el papa Francisco veo gestos de que hace un esfuerzo por mejorar el mundo y la vida de las personas. Da visibilidad a países que han nacido en guerra y conflictos a los que el resto de los países no ponen un momento de atención. Y está visitando lugares donde otros papas no querían ni asomarse. Eso me parece impecable. Me encantaría darle un abrazo y tomarme un té con él.

¿Practica algún tipo de fe? ¿En qué cree?

Yo creo en la educación. Y en el amor y el respeto, que van de su mano. Porque hay mucha gente que no tiene la suerte de nacer con amor, en un entorno afectivo. Creo en mirar al otro y entenderlo, en dejar las cosas como te gustaría encontrártelas, en ser consecuente con el cambio climático y las injusticias terribles que hay en el mundo, y en hacer lo que sea posible para ayudar y que tu vida no perjudique la existencia de los demás… Yo amo España, aquí está mi casa. Pero cuando vives en otros lugares, como en Toronto, una ciudad diversa donde se hablan 250 idiomas y nadie es raro, descubres lo que nos queda por aprender de otros comportamientos. Aquí, vas por la calle y la gente fuma y tira la colilla al suelo, nadie se mira a los ojos ni se da los buenos días. Creo en que, si hay alguien tremendamente maleducado que tira un papel al suelo, me agacho, lo recojo y se lo digo. Aunque lo que te puedes llevar es una mala respuesta o un manotazo. Hay que educar con el ejemplo.

La educación ha cambiado mucho. En su adolescencia usted ayudó a su madre trabajando en la pensión. Hoy, nos lamentamos de que los niños están ‘sobreprotegidos’…

No es solamente que se les sobreproteja, es que a veces se les trata como idiotas. Igual que el hecho de negarles información cuando ocurren cosas determinantes en las familias. Lo mío, ayudando en casa, fue una cosa puntual de un año. Y está bien colaborar. A veces se dice: ‘Déjalo, es pequeñito’. ¡Y el niño tiene 14 años! Se puede levantar y recoger la mesa o hacer su cama. Creo en el sentido común. Si cuando eres niño te explican las cosas para que las entiendas y no te tratan como a un imbécil, aprendes rápido. Conmigo lo hicieron. Te hace libre.

Ya ha hablado dos veces de libertad. ¿Es la condición o el derecho que más valora?

Todos los sentimientos que surgen desde el amor. El respeto, la compasión, el afecto. Los que te hacen ver al otro como un igual. ¿Qué importa el color, la religión, el lugar de origen, a qué te dediques o quién seas? El mundo no es solo este pedacito en el que vivimos. Hay que mirar con un poquito más de perspectiva.

¿Ha podido elegir siempre en qué papeles se metía y en cuáles no?

Absolutamente.

¿Y cuáles son las premisas que ha seguido para elegir sus trabajos?

Además de pasármelo bien, he tenido claro lo que NO quería hacer, que es tomarle el pelo a la gente. Yo me acabo todos los guiones de arriba abajo para estar segura. No quiero defraudar. Cuesta mucho esfuerzo ir a un cine y, para mí, entrar en una sala es un momento privilegiado, de ensoñación. Quiero trabajar en películas que me gustaría ver como público.

Elena Anaya

Chaqueta y falda de piel brillante, ambas de Givenchy. Foto: fede delibes

También ha producido algún título.

He producido poniendo el dinero de mi sueldo. La memoria del agua (la historia de una pareja que intenta sobreponerse a la muerte de su hijo) por ejemplo, fue prácticamente así. Pero es que el guión me atravesó el corazón. Estuvimos como dos años buscando actor, ninguno quería hacerlo. Y lo entiendo. Todos eran padres. Yo ahora no la haría.

¿Por qué?

Porque casi me muero de verdad. En esos momentos te dices: estoy entrenada, sé entrar y salir del personaje, y entras… Pero pasados los tres meses de rodaje, más otro de ensayo, más los dos años de preparación, descubres que estás en un momento que no es el más fuerte, que estás sola, sin nadie a tu lado, que cualquier tipo de divertimento está prohibido, todo es la tristeza … y acabas hecha polvo.

¿Y qué aprendió de ese proyecto?

Muchas cosas. Personalmente fue difícil de rodar. Y aprendí que si un doctor te ingresa en urgencias y te dice que te tienes que quedarte ingresada, simplemente para hidratarte y meterte tres botellas de suero porque tu cuerpo no aguanta más, no te puedes quitar la vía e irte porque te están llamando para rodar. Eso me pasó. Me llamaron de producción y me dijeron tienes que venir a rodar. Dije: estoy en el hospital. Y me dijeron: da igual, vuelves por la noche cuando termines.

Este año estrena Jett y MotherFatherSon. ¿Por qué ha dicho que sí a ambos proyectos?

Porque me han parecido impecables. Y cuando lees un guión extraordinario, no importa que el personaje sea pequeñito. Jett lo dirige Sebastian Gutierrez, a quien me presentó hace muchos años Pedro Almodóvar. María, mi personaje, narra una maravillosa historia de amistad con la protagonista, una ladrona que sale de la cárcel y tiene que asumir también su papel de mujer y madre, interpretada por Carla Gugino, una extraordinaria actriz y una mujer maravillosa. Y a veces no se cuentan esas historias. En la ficción las mujeres suelen ser rivales, envidiosas, malas compañeras. Esta historia de amistad para mí es importante porque yo tengo amigos y amigas por los que daría mi vida. Y me gusta que se hable de amistad a un nivel profundo y bonito, como parte de un compromiso con la vida.

¿Y qué le atrajo de Sofía, su papel en MotherFatherSon, que interpreta a la mujer del personaje de Richard Gere?

Que el guión (de Tom Rob, American Crime Story: El asesinato de Gianni Versace) es extraordinario. Habla de temas muy actuales: de la familia, de lo importante que es el respeto y el amor, de la rivalidad en el trabajo, de las parejas, del deseo, de lo que proyectas en tus hijos, del fracaso de tus seres más queridos… Sofía, como María, es un personaje luminoso. Sofía podría ser un rayo de luz entre tanta oscuridad. Una mujer contundente y capaz de lo que sea porque su futuro hijo sea quien desee ser. María es una mujer que huye de la justicia y de su propia muerte. Y que ha conseguido salir adelante gracias a la ayuda incondicional de Jett.

La serie habla de los medios de comunicación. ¿Cómo se informa usted? ¿Usa las redes sociales?

Leo la prensa. Y escucho a Pepa Bueno, sobre todo cuando estoy fuera. Para mí es un referente. Con las redes no tengo relación. Y he perdido muchos trabajos y dinero por ello. De momento, prefiero creer que hay otras maneras de generar trabajo que no sea contándole a todo el mundo mi vida.

¿Y si la llaman antigua?

Me da exactamente igual. Mis redes son el frutero, la dueña de la farmacia a la que le doy los buenos días cada día cuando llevo a mi hijo al colegio. La gente que nos encontramos en el barrio diariamente.

La verdad es que no le he visto acercarse a un móvil durante toda la sesión.

Bueno, sí lo he hecho. En maquillaje he mirado que todo estaba bien (ríe)… pero no lo uso mucho. Antes hablábamos de los valores, y para mí, una de las cosas más importantes de este mundo es el asombro. Con una pantalla no hay asombro. ¿A qué niño que esté jugando con una pantalla le puedes proponer ir al bosque a escuchar las hojas de los árboles?

¿Cómo ha vivido el año del #MeToo en los rodajes internacionales?

Pues han cambiado mucho las cosas. Ahora hay una figura nueva, tanto en EEUU como en Londres, que se llama ‘nudity waiver’. Es un representante, digamos, de los derechos del intérprete, que especifica con un contrato cada una de las secuencias en las que, posiblemente, se vea una parte de tu cuerpo que se considera nudity: de qué manera se va a ver, cómo, hasta donde quieres llegar. Todo para que tú digas: ‘Estoy de acuerdo’ o ‘No lo hago’. Han cambiado mucho las cosas. Y me parece que había que poner un poquito de orden. Yo rechacé mi segunda película porque un director me dijo que le enseñara las tetas. Me levanté y me fui. Pensaba que nunca más me iba a llamar nadie. Y esto se lo he contado alguna vez a algún periodista y pasaban a la siguiente pregunta. Parece que no interesaba.

¿Qué director se lo dijo?

Pues no me acuerdo ni de su nombre y a estas alturas prefiero no decirlo. Pero fue él quien no volvió a hacer otra película. Está bien denunciar. No aceptar peticiones del tipo: ‘Perdona, hemos terminado la película, pero ahora vamos a rodar una escena desnuda porque hay poca carne’. ¿Perdona? Vete al mercado y hazte una barbacoa si quieres carne.

¿Eso lo ha oído usted durante un rodaje?

Me lo han dicho varias veces. Lo fuerte es que todo el mundo se protege. Que tú levantas el teléfono y todo el mundo dice: ‘Ay, hija, pues vas lo ruedas y ya’. Pero ya no es solo el #MeToo. Las mujeres deben tener derecho a defenderse. Que cuando denuncien a sus maridos porque intentan matarlas, la justicia actúe y ese señor no pueda volver con un hacha. Es una lucha de todos. También de los hombres.

Elena Anaya

Vestido blanco de lana de Calvin Klein 205W39NYC y sandalias de piel negra de Sportmax. Foto: fede delibes

¿Ser mujer y gay implica una doble reivindicación?

No voy a hablar de homosexualidad… No siento que en mi vida tenga que pelear por cosas diferentes a las cosas por las que luchas tú. Este oficio es tan invasivo en todos los aspectos que la vida familiar debe ser privada, estar protegida. Mi familia me pertenece a mí y a las personas que yo elijo. Mi trabajo es público, porque me dedico al entretenimiento, y en él me implico a muerte. Por eso elijo los proyectos que elijo. Las películas que mejor recuerdo son todas a las que he dicho que no. Y son muchísimas más. Mi vida ha sido decir “no, no, no, no, no”.

Pero aún no se ha animado a hacer ninguna serie española.

Me han ofrecido muy pocas. Y a veces no me he visto en lo poquito que he leído. Pero precisamente esta semana se ha concretado y he firmado un proyecto nacional para hacer una serie en 2019. Aunque aún no puedo contar nada.

¿Qué habría sido de no ser actriz?

Educadora social. O tendría un vivero.

Claro, usted fue vegetariana, ¿verdad? Y volvió a comer carne.

¡Porque me moría de hambre! (ríe) Hoy como de todo. Pero la base de mi alimentación son las verduras, las hortalizas y los granos.

Es una persona muy implicada en temas sociales. Colabora muy activamente con ACNUR, por ejemplo.

Con ACNUR hago todo lo que puedo. Su trabajo con los refugiados es intachable. Queda mucho por hacer y nos tenemos que involucrar todos. En el terreno y aquí. La gente dice: ‘No sé a quién darle dinero… Pues con ACNUR el dinero llega. Y si no quieres colaborar con dinero, ve un día al Centro de ayuda al refugiado de tu ciudad y di: Vengo a merendar con vosotros. O pregúntales: ¿Qué necesitáis? Si solo sabes hacer punto, puedes enseñarle a esta gente a hacer una chaqueta.

¿Usted lo hace?

Sí, claro. No hace falta ir a Etiopía.

También ha estado implicada en proyectos para la protección de los océanos con Greenpeace.

Fui al Ártico con ellos para luchar por el calentamiento global. El Ártico se derrite y somos la última generación que puede poner freno a esta situación irreversible. La siguiente no estará a tiempo. Estando embarazada quería hacerme activista. Pero no me dejaron. Estaba a punto de parir, vamos [ríe].

Datos suyos que me han sorprendido: en 2007 grabó el vídeo musical Sexyback de Justin Timberlake. No ha vuelto a hacer algo parecido.

Acepté porque me gustaba mucho el director, que había trabajado con Madonna y David Bowie. Él quería una actriz y le dije: vale, lo único, yo no bailo. Y lo pasamos muy bien con Miguel Ángel porque, por temas de seguridad, a este señor no se le podía llamar Justin. No sabes lo que genera. Yo ni lo conocía en ese momento.

Pero sí es muy fan de Patti Smith.

Totalmente. Me encantó su concierto de Madrid. Cuando dijo: “El poder está en vosotros. Es el momento de dar el paso. Con educación”. A mí me emocionó.

Por cierto, ¿ha vuelto a ver al profesor de la Escuela Superior de Arte Dramático que, cuando empezaba, le dijo que solo era un germen de actriz?

¿El que me echó? ¡Es mi vecino! Creo que ni me reconoce, pero yo sí. De hecho, cuando me lo encontré le di los buenos días una, dos, tres veces. Hasta que dije: ya está. Pero no me importa, me quedo con Marta Schinca, una maravillosa profesora de cuerpo que cuando me vio con mi madre me animó a ver las notas y me dijo: «Es muy difícil entrar aquí y tú lo has conseguido. Nadie te regala nada. Defiende lo que es tuyo».

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