“Sé que Dani y Karra cobraron más del doble que yo en ‘8 apellidos catalanes'”

Clara Lago, nueva embajadora de la gama de belleza de Braun, comparte con S Moda sus impresiones sobre el machismo en el cine, la desigualdad salarial, la deriva de las redes sociales o el conflicto catalán.

Clara Lago

La madrileña posó ante la prensa en el emblemático Palacio de la Prensa. Foto: Getty

“¿Cuál es tu rutina de belleza?” es la cuestión que más veces ha respondido durante la larga mañana de promoción que está a punto de llegar a su fin. Nos lo confiesa cerca de las tres de la tarde, la hora concertada para su almuerzo y que dilata para contestar a todas las preguntas que S Moda estime oportunas. A cambio, prometemos no volver a formularle esa pregunta. Clara Lago, madrileña de 27 años y que pisó el escenario de los Goya antes que el del salón de actos del instituto, es la nueva embajadora de la gama de belleza de Braun en nuestro país. Las cualidades que llevarían a la firma alemana a apostar por ella no necesitan ser listadas. Nos encontramos frente a la protagonista de la película española de mayor éxito de la historia. Su discurso no desmerece dicha posición, presumiendo de un conocimiento de la actualidad que haría palidecer a más de un contertulio. Lago exhibe en cada sentencia su lejanía del prototipo, rancio y estereotipado, de “muñeca que dice lo que todos quieren escuchar”. La comida ya pinta a merienda temprana.

¿Qué tienes en cuenta a la hora de vincular tu imagen a una marca comercial?

Intento que tenga algo que ver conmigo o que me guste, porque si no es muy difícil venderlo. Hoy por hoy también me influye lo medioambiental y lo animalista. Si ahora me ofrecieran anunciar una marca tipo Campofrío diría que no, porque soy vegana y creo en una sociedad donde poco a poco dejemos de ver como normal que se utilice a los animales y a la naturaleza de esta manera.

¿Cuándo nació en ti ese espíritu activista?

Creo que fue gracias a Dani (Rovira, su actual pareja). Esa solidaridad genuina que tiene me despertó y con el tiempo he ido encontrando cuál es la causa que más me toca. Para él, fueron los animales, y para mí, el medioambiente. Durante los incendios de Galicia me dolía en un lugar que no sé ubicar, pero que era como si estuvieran pegando a mi madre.

Empezaste muy joven, con apenas diez años… ¿cambiarías algo en tu carrera?

Nada. Lo mejor es asumir que todo es un aprendizaje. Lo que te ha salido bien, fenomenal, pero lo que te ha salido mal, también fenomenal, porque habrás aprendido mucho más. Yo además considero que mi carrera ha sido paulatina, me he dejado guiar muy bien por mi repre (Antonio Rubial, de A6 Cinema) y mi familia. De hecho siguen siendo mis pilares, porque a mi padre, que es la persona más crítica del mundo, todavía le mando los guiones para saber qué opina.

Ahora que puedes mirarlo con perspectiva, ¿cómo recuerdas el éxito de Ocho apellidos vascos?

Como una nebulosa. En ese momento ninguno fuimos plenamente conscientes de lo que estaba pasando. No lo sentía como mío. Supongo que también será una especie de mecanismo de defensa, a cualquier ser humano le costaría gestionar ese nivel de vulnerabilidad. Hoy estoy muy agradecida y orgullosa de haber podido formar parte de una película histórica en el cine español.

Clara Lago

Clara Lago, Dani Rovira, Karra Elejalde y Belén Cuesta en ‘Ocho apellidos catalanes’. Foto: Telecinco Cinema

¿Has conseguido recuperar la vida que tenías antes de su estreno?

Sí y no. Hubo un momento en el que la atención era muy fuerte con los paparazzis, la gente… Era sobrecogedor. Eso ha ido bajando y puedo ir bastante tranquila por la calle. Pero, como todas las experiencias, hay algo que te cambia.

Te has lamentado de que cierta prensa manipulara algunas de tus declaraciones. ¿Te cohíbes más a la hora de dar tu opinión en las entrevistas?

Es una gran pregunta y algo que hablamos mucho dentro de la profesión. Hay un libro maravilloso que se llama Arden las redes (Juan Soto Ivars, Debate) que habla de esto, de la poscensura. En la prensa, que tiene una gran crisis por el cambio a lo digital, lo que vende es el amarillismo y el titular sensacionalista. En este escenario, hay dos posiciones: ser políticamente correcta y protegerse o decir lo que piensas. Como personajes públicos tenemos una responsabilidad social, y más con mi perfil, que me siguen chicas jóvenes. Yo también he sido mitómana. Leía todas las entrevistas de Penélope Cruz y si decía que lo mejor era la dieta vegetariana, me lo planteaba. La pena es que esta responsabilidad se puede ver cohibida cuando tienes malas experiencias.

Algunas actrices piden que no se les pregunte si son feministas, a raíz de varias polémicas recientes. No sé si es tu caso…

No, a mí me da igual que me lo pregunten. El problema es que hoy cualquiera es susceptible de sentirse ofendido, y cualquiera puede decirlo. Yo intento procurar seguir siendo fiel a lo que creo, pero no ser incendiaria. No quiero ser una muñeca que dice lo que todo el mundo quiere escuchar. No estaría siendo yo.

Aplaudiste a Leticia Dolera cuando confesó los abusos que había sufrido en la industria. ¿Has vivido alguna experiencia parecida?

Es raro que una mujer en España no se haya sentido identificada, en mayor o menor medida, con las palabras de Leticia. Existe este ambiente de micromachismos, de sutil abuso de poder, que es el más difícil de erradicar. A veces son solo sensaciones, es complicado de juzgar. No podría especificar una situación en particular, pero sí ha habido momentos en los que me he sentido cohibida y oprimida. Es algo que está a la orden del día y que nos ha pasado a todas alguna vez.

El caso Weinstein ha tenido un efecto contagio que se ha cobrado la carrera de estrellas como Kevin Spacey o Louis C.K. ¿Por qué aquí no ha salido ningún nombre?

[Resopla] No lo sé.

¿No hay casos?

Esperemos que sea por eso, ¿no? A ver, por supuesto creo que cualquier tipo de abuso se tiene que denunciar, pero al final estas cosas pasan porque está instaurada en la sociedad la sensación de poder del hombre sobre la mujer. Para mí la cuestión es: ¿hace falta que salgan todos estos casos a la luz para que empecemos a educar a los niños con otros valores? No debería. También me parece muy hipócrita que ahora cancelen todo lo que iban a hacer Louis C.K. o Kevin Spacey, cuando lo suyo era un secreto a voces. Los productores que contrataron a Spacey hace un año sabían lo que había hecho. Ahí no estás valorando los actos la persona, solo tu interés económico como empresa.

¿Te apetece ver lo que hagan a partir de ahora?

Kevin Spacey me encanta como actor. Es una de las cosas que me planteo, lo de separar. Porque me ha pasado lo de ir por la calle, no hacerme una foto con alguien y que me dijera: “¡Pues ahora no voy a ver tus películas!”. ¿Qué tiene que ver?, ¿necesitas que un médico sea majo o que haga su trabajo? Es un tema complicado, es una duda que entiendo y comparto porque su caso es terrible.

Yo me llevé una gran decepción cuando me dijeron que Clint Eastwood había apoyado a Trump. Es algo completamente distinto, votar a Trump no es delito, es una mentalidad distinta, pero no podía evitar sentir una gran pena. Y no conozco a Eastwood, es solo la idea que tenía de él. Esa es la clave: estamos expuestos a la proyección de miles y miles de personas. Habrá gente del PP que quiera proyectar en mí a una chica de derechas y gente de Podemos que pensará que soy una superizquierdista. ¿Qué haces entonces? Pues lo que decía Woody Allen: “No sé la clave del éxito, pero la clave del fracaso es querer gustar a todo el mundo”.

Si te pidieran que prestaras tu imagen para la campaña de un partido político, ¿lo harías?

Tendría que sentirme muy identificada.

¿Y te sientes?

Con el que más, con PACMA. Son de los pocos que están mirando por lo que más me preocupa.

Clara Lago

La actriz colabora con varias organizaciones benéficas además de con su fundación, Ochotumbao. Foto: Getty

¿Has sacado al balcón alguna bandera?

No. Quería colgar la bandera blanca, pero ese día estábamos de viaje con Improviciados (el espectáculo de improvisación que comparte con Dani Rovira y Rafa Villena). Pero no, no he colgado nada, no me identifico con las banderas.

En unos meses de tanta tensión social, ¿el trabajo de un intérprete nota esta crispación o desconecta de la realidad?

Yo he estado rodando ahora en Cataluña, con gran parte del equipo catalán, y ni medio conflicto. Es más, ha sido uno de los rodajes más bonitos en los que he estado nunca. Al final las cosas se engordan de una forma insana. Mola que arda la cosa, pero no solucionarla.

¿Pirómanos?

Sí. De cómo se ha retransmitido todo esto ha habido una parte muy incendiaria, de generar conflicto. Acabo de estar viviendo allí dos meses y no pasaba nada. Que hay un grave conflicto, y que se ha provocado una herida emocional profunda que costará reparar, sin duda. Y esta es la parte que más pena me da, la división civil, la fractura social. Espero que se repare.

El pasado 25 de noviembre, el día contra la violencia de género, publicaste un tuit en el que afirmabas que “una sociedad igualitaria terminaría con la violencia de género”. ¿Por qué no es una realidad?

Por una cuestión de educación. Pueden parecer tonterías, pero cosas como que se le siga regalando el cochecito a los chicos y a las niñas la Barbie, a ellos lo azul y a ellas lo rosa… Yo tampoco soy de la opinión de que tenemos que ser todos iguales, hay una diferencia biológica, eso esta ahí, pero hay ciertos estigmas marcados por la sociedad. Que los tenemos todos y que están arraigados a nuestro inconsciente.

¿En el cine español has notado esa falta de igualdad?

Totalmente, se dieron datos el año pasado en los Goya.

¿Eres consciente de haber cobrado menos que un hombre por trabajos de protagonismo similar?

Sí, esa es otra… [Sonríe irónicamente] Vamos, no daré números, pero por ejemplo rodando Ocho apellidos catalanes, sé que la diferencia entre lo que cobraba yo y lo que cobraban Dani o Karra era de más del doble. Sí, sí.

#AskHerMore es una iniciativa que insta a los periodistas a que pregunten a las actrices algo más que banalidades sobre su estilismo. ¿Alguna vez te has sentido una mujer objeto en la alfombra roja?

No es por sentirme o no una mujer objeto, es que pierde valor lo que hacemos aquí. En los Goya, lo que menos le importa a la gente el día siguiente es quién ha ganado la mejor película, sino quién es la mejor y peor vestida. Sé que es una gran pasarela, que el cine y la moda son dos mundos que siempre han ido de la mano, pero a lo mejor puedes preguntar algo más que de quién es mi vestido. Hay una cierta presión de “tienes que estar entre las mejor vestidas”. Debemos relativizarlo, porque no es tan importante estar dentro de las mejor o peor vestidas. Ni te van a contratar más, ni te van a contratar menos. Y si depende de eso que un productor te llame, estamos muy mal.

Clara Lago

Clara Lago, en la alfombra roja de los premios Goya 2017. Foto: Getty

Diferentes actrices han manifestado su preocupación por la creciente importancia de las redes sociales en las audiciones, contando más el número de seguidores que el talento.

A mí me ha pasado. No tanto en películas, pero yo me hice redes sociales porque me lo pedían para las colaboraciones con marcas. Es decir, por contrato ya figura un cierto número de posts y si no tienes Instagram… Me lo hice por eso y porque me usurpaban la identidad. Es una gran locura esto de las redes sociales y particularmente no me gusta el lugar hacia el que nos está llevando. Nos está alejando de lo que realmente importa. Es una escaparate en el que solo cabe lo bonito, lo correcto. Y si cala en la sociedad, como lo está haciendo, nos acerca a algo parecido a Black Mirror. Me dan escalofríos.

Tu próximo proyecto es hollywoodiense, The Commuter, con Liam Neeson. ¿Impresiona tanto su voz en persona como en el cine?

Impresiona él. Es increíble verlo trabajar, su profesionalidad… Es muy majo, muy cercano. El tío tiene 65 años y yo le he visto, con estos dos ojitos, hacer unas secuencias de acción extraordinarias. Y de tener que cambiarse en el set y ver que tiene una tableta de chocolate marcada… [Ríe] Espectacular.

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