Silvia Abril: “El peor delito, a día de hoy, continúa siendo estar gorda”

La idea del movimiento ‘body positivity’ es normalizar cuerpos y medidas. ¿Es posible en un mundo que imita el perfeccionismo de lo digital y mercantiliza todo lo que toca? Seis mujeres a gusto con su figura, que escapa de líneas puristas, hablan del fenómeno.

Silvia Abril

Chaqueta Halo de tul Lavander (295 €) y chaqueta Halo de tul Soil (295 €), ambas de Cortana. Medias de perlas de Reveligion (c. p. v.). Anillo de serpiente de Kiala Kanzi (90 €), anillo Le Marché des Merveilles (1.350 €) y collar de metal con cristales (2.750 €), los dos de Gucci. Foto: ana sting. realización: francesca rinciari.

Hacer las paces con las lorzas, los michelines, las arrugas; llegar incluso a quererlos. Aceptar que luchar contra el paso del tiempo no solo es agotador, sino imposible. Probar nuevas estéticas, como quien prueba platos exóticos, y descubrir que el ojo no solo se acostumbra a ellas, sino que reemplazan a modelos anteriores. Asumir, con agrado, que no todo es susceptible de llevar etiquetas, ¡a dios gracias! Constatar que algunos defectos, incluso pequeñas minusvalías físicas, pueden encerrar cierta belleza, como esa técnica japonesa, conocida como Kintsugi, que repara objetos rotos rellenando sus grietas con oro o plata. En lugar de ocultar los fallos, se acentúan y se celebran, ya que son la prueba de la imperfección de la vida misma. Todo esto proclama el movimiento conocido como body positivity, aunque la mayor parte de las veces sea asociado, únicamente, a las modelos curvy y a la talla XXL.

 

Pero esta ideología no es nueva. Sus orígenes se remontan a la era victoriana. Como parte de la primera ola del feminismo (1850-1890) surgió una iniciativa llamada The Victorian Dress Reform Movement, que intentaba acabar con la insana costumbre del corsé y denunciaba el canon de belleza de entonces, que tantos desmayos, problemas respiratorios y malformaciones de espalda provocaba. Se pedía, también, el derecho de las mujeres a llevar pantalones y la aceptación de todo tipo de cuerpos, independientemente de las medidas de sus cinturas.

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Blanca Arias lleva braguita con textura y detalles metálicos en los laterales de Women’s Secret (antes 16,99 €, ahora 12,99 €), vestido Cristina de tul de Cortana (c. p. v.) y corona-joya de Kiala Kanzi (c. p. v.). Foto: ana sting

Silvia Abril Foto: ana sting

La moda, a la que siempre se le ha culpado del establecimiento de este tipo de ‘torturas’, ha sido, sin embargo, significativa a la hora de popularizar esta nueva filosofía con modelos generosas y tallas más allá de la 38. Primero fue el nuevo tallaje y luego los cuerpos rotundos. «El body positivity es ya una realidad en la industria de la moda y ahora que los asuntos femeninos han adquirido visibilidad e importancia es improbable que volvamos a los modelos de belleza tan poco realistas del pasado», dice Lynne Webber, directora general de Marina Rinaldi, firma pionera en el diseño de ropa para mujeres de medidas generosas, allá por 1980. «Es más –continúa–, la cada vez más frecuente presencia de modelos curvy en pasarelas, campañas publicitarias, editoriales y portadas de revistas hará que muy pronto la etiqueta plus size deje de tener sentido».

¿Pueden unas cuantas modelos, con algo de sobrepeso pero jóvenes y radiantes, revolucionar las reglas estéticas del juego? En opinión de Lara Herrero, socióloga, sexóloga y poeta, «es muy probable que estemos cambiando algunas, pero las raíces de las existentes son muy profundas y, además, surgen nuevos complejos. La gordura debe ser sexy y la grasa debe localizarse en el culo, los pechos, los muslos, los labios. Tener un cuerpo de reloj de arena, lo que no siempre es fácil». Herrero tiene un blog llamado Sexo positivo, en el que trata de visibilizar otras estéticas, cuerpos y vulvas. «La pornografía y la moda de la depilación integral han creado una nueva meta. Las mujeres deben tener unos genitales recogidos, uniformes, de niña; y muchas no dudan en recurrir a la cirugía estética para conseguirlos», por ejemplo.

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Lidia Yélamos viste falda con cinturón de Ralph Lauren (395 €). Colección tocador de plata de Pedro Durán (c. p. v.). Foto: ana sting

Tal vez aceptemos ahora más las redondeces, pero estas deben acompañarse de una cara bonita. En caso de no tenerla, mejor estar delgada o vestir con las últimas tendencias. La perfección de la piel es otra nueva asignatura del mundo real, obsesionado en copiar al digital, donde las dermis lucen sin mácula, por obra y gracia de los filtros y de Photoshop. «La gente se ha vuelto muy exigente en cuanto al cutis», apunta Lidia Yélamos, maquilladora, «las imperfecciones cutáneas crean enormes complejos y la industria cosmética cuenta con todo un arsenal para tapar cicatrices, manchas, poros, venas, arrugas, granos, pecas. Está pendiente el movimiento face positivity, y el contouring es ya la involución del maquillaje».

«La filosofía de ver el lado bueno de nuestros cuerpos es más necesaria que nunca, ya que la insatisfacción con los mismos es la semilla de problemas psíquicos, alimenticios y sexuales», comenta Lourdes Parajón, psicóloga especializada en trastornos de la alimentación del Hospital Universitario Quirón Salud, en Pozuelo, Madrid. «Ha crecido la autoexigencia, también en hombres, y esto es un miedo a no adaptarse. Se premia la originalidad, pero dentro de la norma, y hay mucho aspaviento para, finalmente, acabar en la uniformidad. El que se siente a gusto consigo mismo, con su cuerpo, no solo es más feliz; está siendo muy creativo, innovando, buscando su propio proyecto, y no dejándose llevar por el patrón», señala esta psicóloga.

El 70% de las mujeres no se representa en las imágenes que ven cada día en los medios y el 67% pide que las marcas den un paso adelante y empiecen a asumir la responsabilidad de los roles que utilizan. Son algunas de las cifras que se derivan de una encuesta que ha realizado la marca Dove. Según este estudio, 7 de cada 10 mujeres se reconocen presionadas para alcanzar ese estándar de belleza irreal. Un 30% se sienten inseguras y un 49% están incomodas al escoger la ropa que quieren.

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Penny JayG lleva bañador de Etam (39,99 €), falda de Kiala Kanzi (c. p. v.). Trenzas con adornos de Kiala Kanzi (c. p. v.); brazalete (99,90 €) y maxipendientes (c. p. v.), ambos de Daniel Espinosa. Foto: ana sting

Silvia Abril Foto: ana sting

Sin embargo, en el banco de fotos de Getty Images, el término de búsqueda ‘personas reales’ ha aumentado un 192% en el último año, el de ‘mujeres diversas’ un 168% y el de ‘mujeres fuertes’ un 187%, lo que evidencia la demanda de una representación más realista de la mujer y la belleza. Todo esto ha derivado en el proyecto #ShowUs o #Muéstranos, el almacén de imágenes más grande del mundo creado por mujeres con el fin de mostrar cuerpos más democráticos. Un proyecto firmado entre Dove, Getty y Girlgaze, un marketplace de más de 200.000 féminas creativas de todo el mundo, que retratan la (¿nueva? o ¿hasta ahora ignorada?) realidad femenina.

Toda ideología tiene sus militantes y el body positivity cuenta con una legión de blogueras que luchan en su particular campo de batalla, YouTube. Probablemente una de las más interesantes sea la mexicana Virgie Tovar, no solo por sus estrambóticos looks, sino también porque ha acuñado un puñado de conceptos entorno al tema. «Pierde odio, no peso» es su mantra; ha escrito el ya clásico manual Tienes derecho a permanecer gorda, y no duda en hablar de la ‘gordofobia estructural’, debido al hecho de que el mundo está pensado para cuerpos estándar, o la ‘discriminación romántica’, ya que nuestras construcciones sociales influyen en hacia quién nos sentimos atraídos.

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Lapili viste sujetador (127 €), culotte (32 €), diadema-gargantilla (86 €) y pendientes (60,50 €), todo de LAPILI.PILI. Foto: ana sting

Silvia Abril Foto: ana sting

«La gente piensa que cuando pierde peso empieza a dejar de criticarse y a amarse a sí misma, pero esto no ocurre. Estar delgada no va a hacer que te quieras», dice Tovar, que también organiza Babecamps, concentraciones de mujeres grandes con el fin de que se acepten y realicen todo tipo de actividades sin pudor. El sexo es un importante apartado en su discurso, porque la anatomía es su herramienta básica y porque Virgie pretende que el hecho de acostarse con alguien con sobrepeso deje de ser algo extraordinario. «Mucha gente ve el tener sexo con alguien gordo como una desviación, o algo que se hace una vez en la vida, como excepción. Incluso a mí me daba miedo practicarlo con otros de mi talla, porque me habían enseñado que esos cuerpos eran feos e indeseables, pero es todo lo contrario. Es un banquete delicioso y sexy. Es todo un gusto tocar suavidad, sin huesos, solo carne y piel», asegura.

No faltan, también, quienes ven en la gordura una muestra del declive de nuestra sociedad, de su precariedad y camino al abismo. «El capitalismo, como el patriarcado, es un virus que muta y fagocita a todo lo que le hace resistencia», subraya Delfina Mieville, sexóloga y socióloga experta en género y derechos humanos. «No olvidemos que antaño la riqueza era gordura y ahora es delgadez; ya que no todo el mundo puede acceder a alimentos sanos y vivir en ambientes libres de contaminantes. Por lo tanto, hay que crear un nicho de mercado para los de abajo, para que sigan comprando», apunta.

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Braguita brasileña dorada de Oysho (12,99 €), chaqueta Halo de tul Lavander de Cortana (295 €). Abanico de plumas de avestruz de Gucci (c. p. v.) y maxipendientes de perlas de OSB Vintage (115 €). Accesorio de pierna unido anillo de Kiala Kanzi (c. p. v.). Foto: ana sting

Dentro de esa presión para ser felices y sentirnos a gusto en un mundo cada vez más hostil, uno puede preguntarse: ¿Y qué pasa si no acepto todas mis sombras? «Al no saber sostener la frustración, somos mucho más frágiles y peligrosas para nosotras mismas. El cuerpo es un gran eco del mensaje de cómo estoy, cómo me siento, qué me duele; pero no siempre tenemos tiempo ni ganas de atenderlo. La verdadera revolución está en la escucha integrada del yo (sobre todo si se es mujer, y se han escuchado tantos mensajes sobre cómo se supone que debemos ser). Con este cuerpo, esta mente y en este momento haré lo que se ajuste a mí, como ser único y diferente. Y seré más libre», sentencia Mieville.

Sílvia Abril – Aprender a quererse

«Diría que me han invitado a participar en este reportaje porque de positivity tengo mucho y, en cuanto al body, porque me muestro tal y como soy y no trato de estar estupenda a todas horas. De hecho, mi madre siempre me dice ‘hija, ¡a ver si algún día sales mona en la tele!». Con La niña de Shrek, uno de sus personajes más populares, Sílvia Abril no solo hizo reír a media España, sino que enamoró a Andreu Buenafuente. «Esto demuestra su vena perversa y, en cuanto a esa niña descuidada, asquerosa, sin filtros y que no esconde un ápice su despertar sexual; me ha servido para reivindicar el feísmo. No necesitamos estar espectaculares para triunfar en nuestras profesiones y vidas. No pasa nada por afear el físico». Sílvia parece estar vacunada contra todo tipo de complejos, aunque reconoce que de pequeña sentía ciertos celos por su hermana, «todo un bellezón». «El peor delito, a día de hoy, continúa siendo el estar gorda, aunque a mí me chiflan los cuerpos de Botero. Y otro: envejecer. Tengo 48 años y me acerco a la menopausia, un momento también muy body positivity, porque debemos aceptarnos, al margen de lo que diga o piense la sociedad». Acaba de estrenar El parque mágico, película de animación, y tiene dos proyectos secretos con Antena 3.

Blanca Arias – El mito del género

Desde edad temprana sintió que su talla no era igual a la de otras chicas. “Me veía gordita, pero mi entorno y mi pareja me ayudaron a superar esta etapa. Me acepto tal y como soy”, confiesa la artista. Las instalaciones, performances y acciones de la barcelonesa, de 20 años, ahondan en los orígenes de la formación del mito del género desde la perspectiva queer. «Intento profundizar en la raíz del concepto binario, para luego cuestionarlo». Blanca estudió Historia del Arte y su estancia en Londres dio un toque internacional a sus proyectos. Su fanzine, I promise you i’m queer, llega a la conclusión de que este colectivo también se ha regulado y normativizado, como el resto; mientras The gender reader, es una instalación online basada en el tarot e ideada para adivinar el género del interlocutor. «Los comienzos del mundo digital auguraban promesas para acabar con los estereotipos de género, alentadas por el ciberfeminismo, pero resultó que se reforzaron aún más». En su Instagram predomina el rosa: «Combato los cánones con la exageración de los mismos».

Lidia Yélamos – La piel ilustrada

«¡Qué guapa eres! Si adelgazaras unos poquitos kilos más estarías muchísimo mejor», es el mantra que Lidia lleva escuchando toda su vida. «El movimiento body positivity ha supuesto una tregua a la dictadura estética, pero corre el peligro de radicalizarse, de volverse un nuevo tirano. Yo empiezo a ver conductas sospechosas hacia mujeres delgadas, a las que se tacha de anoréxicas sin serlo». Esta almeriense de 26 años, afincada en Madrid, ha trabajado de maquilladora para series como Estoy vivo. Sus momentos vitales son registrados en su piel en forma de tatuajes, como una crónica ilustrada de su existencia. «Lo que menos me gusta de mi cuerpo son mis estrías; ya que engordo y adelgazo con bastante facilidad, pero lo suplo con mis dibujos. Trato de que sean agradables, achuchables, que la respuesta de un niño que los vea sea una sonrisa, aunque algunos recuerden momentos tristes».

Penny JayG – Humor morado

«Mi activismo consiste en realizar todo lo que quiero sin estar en un cuerpo heteronormativo». Penny es creadora de Riot Comedy, show que reivindica la presencia de mujeres en el mundo del humor, y colaboradora de Señoras fetén, espacio que se emite en Playz. «Existe todavía la idea troglodita de que nosotras no somos graciosas. Yo reivindico la risa, como una de las mejores herramientas de comunicación: capta la atención del público, lo relaja y hace que los mensajes entren mejor». Los de Penny giran entorno al feminismo, los movimientos sociales y el hecho de pesar 95 kilos y no sentirse mal por ello. Las letras de las canciones de su grupo musical de subnopop, Los Lomanos, hablan también de las mismas cuestiones; y su línea de ropa, Killjoys (ecológica y con certificado de no explotación), cuenta con prendas como unas braguitas con el eslogan «Feminazi» o una camiseta que asegura: «De ser señoro también se sale».

Lapili – Baile con curvas

De niña, en la academia de baile, sentía que su cuerpo no se ajustaba al molde de la danza clásica o el flamenco. «Mi tío me introdujo en el hip-hop, el reggae y el dancehall; y luego conocí el afrobeat, el kuduro o el afrohouse que me descubrieron cuerpos reales y looks más que sorprendentes». Como a Lapili le gustaba llevar pendientes de aros muy grandes y los que existían eran muy pesados, empezó a diseñar unos aretes con materiales ligeros. Poco tiempo después, los vendía online. Recientemente, ha estrenado su nueva colección: prendas elaboradas con ropa de segunda mano y tejidos de lo más diversos (cortinas, tela de tapizar, manteles). Su grupo de música, Glitch Gyals, cuenta con temas como No depilada, una oda a la pluralidad capilar («¿por qué será que no se hace la cera?, será que es sincera; ¿por qué será que no se hace el bigote?, será que tiene cipote»). «El movimiento body positivity me parece estupendo, pero, en el fondo, esto ya no debería existir», sentencia.

Luna Lionne – De tal palo, tal astilla

Ser hija de Rossy de Palma supera al mejor curso de body positivity que uno pueda imaginarse. «Mi madre siempre dice que hay que ir por la vida como si se llevara un paraguas transparente, para que las criticas resbalen y no te mojen», revela. Pero los consejos maternos no la inmunizan a una contra las crisis vitales, y la de la adolescencia trae un espejo de aumento: «A los 12 o 13 años pegué un estirón y me convertí en una mujer caribeña, pero me sentía demasiado grande, llamaba mucho la atención. Hasta que comprendí que el cuerpo es nuestra casa y hay que quererlo. Además, a veces, las cosas que no nos gustan de nosotros, pueden ser las más atractivas para los demás». Luna es un ratón de biblioteca, pasión que comparte con su progenitora: «Ella me descubrió a Rupi Kaur. Su libro, Milk and honey, me marcó mucho. Habla de sobrevivir al maltrato y del empoderamiento femenino. Algo que me toca de cerca, porque siempre he vivido en un matriarcado». Estudiante de Comunicación digital y Humanidades, oficia de community manager para la serie Arde Madrid, que trabaja ya en su segunda temporada. «Soy multicultural. Me gusta la mezcla de razas que hay en mí. Pero es difícil aceptar lo que somos y tenemos. Cuando voy a Senegal veo anuncios de productos que aclaran la piel o que alisan el pelo. Pero no hay que centrarse en detalles. Lo importante es estar sano», concluye.

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