La artista que convirtió los clichés de Instagram en una performance

Amalia Ulman colgó un tópico tras otro en las redes sociales durante cuatro meses. Su idea era confundir al mundo del arte y denunciar los estrechos estereotipos a los que se reduce a las mujeres.

Amalia Ulman, a lo Kardashian con el clásico selfie sexy de baño. Foto: Cortesía de Amalia Ulman y The Influencers.

En persona, la artista Amalia Ulman, nacida en Buenos Aires hace 26 años, criada en Gijón y con residencia entre Londres y Los Ángeles, parece ir caracterizada para una versión amateur de Bitelchús. Es pálida, pequeña, morena y viste de negro. Si uno mira las fotos de su Instagram de aproximadamente un año, parece otra persona: melenón rubio, escotes, moño de bloguera, manicura japonesa. Por entonces colgaba fotos de sus meriendas cromáticamente organizadas, con fresas y aguacates, de sus jarrones con hortensias y de tazas de té en plano picado, más alguna que otra cita inspiracional. Hasta puso un gatete con una corona de flores muy Coachella’2008. Y no faltaron las poses de yoga y los dibujitos que se hacen con la espuma del latte. Durante cuatro meses, Ulman encarnó a una supuesta “mujer básica de Instagram” y lo hizo en nombre del arte. Se trataba de una performance titulada Excellences and Perfections que utilizaba esa red social como soporte y que consiguió engañar incluso a sus amigos cercanos.

Ulman, que prefiere hablar en inglés de su trabajo –el castellano lo deja para los gatos, dice– estuvo la semana pasada en el Centre de Cultura Contemporània Barcelona hablando de su trabajo en The Influencers, el festival que lleva más de una década celebrando la confusión digital en el arte, la comunicación y todo lo que queda en medio. El proyecto, cuenta, surgió de un autoexamen muy crítico de su propia cuenta de Instagram. “Sin darme cuenta, me había convertido en el sueño húmedo de todo profesor de filosofía. Aparecía como la clásica artista indie de pelo negro que cuelga fotos de su gato. No es que tratase de construir un personaje pero siendo yo misma, que es lo más cliché que se  puede ser, lo estaba haciendo y lo odiaba. Así que la idea era autodestruirme creando un estereotipo que no fuese bienvenido en el mundo del arte. Quería representar a todas esas mujeres a las que no se les permite formar parte de él”.

Avisó tan sólo a cuatro personas, entre ellas su galerista en Londres, y se puso a “transicionar” en tres fases, que hoy siguen siendo muy fáciles de distinguir en su Instagram (@amaliaulman) porque tienen cada uno su propia paleta de colores. “El primer personaje era el de una chica arty que podría llevar un tumblr –explica–, el segundo una sugarbaby a la que le encanta el hip hop, el lujo y las marcas, que pasa una crisis, se recupera y pasa a encarnar el tercer estereotipo femenino, el de una chica Goop, a lo Gwyneth Paltrow, promotora de las velas aromáticas y las terapias alternativas”. Ulman se metió a fondo en el personaje, fingió incluso que se había operado el pecho (en la etapasugarbaby) y cambió su manera de escribir: “Investigué qué tipo de expresiones usaban estas chicas y qué emojis son sus preferidos. Básicamente, se trata de hablar de manera infantil”. Vivir en Los Ángeles, una ciudad en la que uno no se encuentra a sus amigos por la calle, le ayudó mucho a dar credibilidad al proyecto. En el mundo del arte, como ella había previsto, creyeron que se había vuelto loca. “Podría haberlo hecho con un nombre falso, pero ese no era el objetivo. Mi pregunta era: ¿cómo artista, puedo permitírmelo?, ¿mis videoensayos pierden valor si enseño el culo en Internet? Y que respuesta es que sí, que perdieron valor. Una galería con la que trabajo pero no es la que me representa me pidió que dejara de hacer eso, que la gente me odiaba y estaba destrozando mi reputación”.

#artselfie @dismagazine //// Michelangelo Merisi dit Caravage (Caravaggio) – La Diseuse de bonne aventure

Una foto publicada por Amalia’s Instagram (@amaliaulman) el

Good niteeee!! Una foto publicada por Amalia’s Instagram (@amaliaulman) el

ok done bak to #natural cuz im sick of ppl thinkin im dumb cos of blond hair.,,,, srsly ppl stop hatin !!how u like me now???

Una foto publicada por Amalia’s Instagram (@amaliaulman) el

Make it a lifestyle #foodporn #good #fat #training Una foto publicada por Amalia’s Instagram (@amaliaulman) el

Cuando dio por finalizado el proyecto, ofreció una conferencia en el Instituto de Arte Contemporáneo de Londres en el que lo contaba todo. Por si acaso, porque temía que hubiese desconfiados, se aseguró de que algunas instituciones tenían el guión de su trabajo antes de empezarlo y un comisario del New Museum de Nueva York catalogó todas las fotos. “Sabía que la gente sería tan misógina como para pensar: oh, mírala, ahora dice que es arte”. ¿Hubiera podido hacer lo mismo un artista masculino? Según Ulman, la hipótesis ni siquiera es plausible. “¿Qué hubiera hecho? No existe una construcción así para hombres. Para las mujeres todo es una construcción. Tú no naces y decides qué tipo de chica quieres ser, es algo que viene de fuera. Por eso las mujeres entendieron mejor esta performance. Los hombres no entienden cuánto trabajo supone ser una chica. Son una serie de rituales, desde vestirse a teñirse el pelo, que se dan por hechos y que los hombres pueden escoger hacer si quieren, pero no están obligados a seguir”.

Meditating before a long day of work #thankful #gratitude #grateful #namaste #healthy

Una foto publicada por Amalia’s Instagram (@amaliaulman) el

Después de aquello, cuando Ulman colgó una foto en su Instagram localizándose en Pyongyang, sus seguidores pudieron pensar que se trataba de otro montaje. Pero sí que estaba en Corea del Norte, preparando su último proyecto, The Annals of Private History, relacionado con los diarios femeninos, del que también habló en su charla en Barcelona. La artista quedó fascinada por un reportaje de TVE sobre el país que le envió su madre y pasó seis meses “obsesionada” con Corea del Norte y su estética, “que tiene mucho que ver con la mía”. Le fascinan, dice, esas habitaciones limpias y ordenadas hasta el delirio en las que cualquier baratija hecha en China recibe el tratamiento de obra de arte. Viajo hasta allí sola, con la ayuda de una agencia especializada, y asegura que no es tan difícil entrar en Corea del Norte, sólo “muy, muy caro”. Lo primero que le sorprendió del país fue lo “aburrido” que resulta. “Estamos tan sobreexpuestos a estímulos de todo tipo, de arte, de diseño gráfico, de publicidad, moda. Todo eso es de alguna manera creativo e irónico. Y no estamos preparados para soportar un lugar sin ironía, en el que todo es lo que es”. En cambio, le alivió ver cómo incluso en la sociedad más uniformada, las personas transparentan su diferencian incluso sin quererlo. “Allí puedes ser subversivo sólo por tu manera de moverte. Ves andar a la gente por la calle y ya sabes quiénes son prorrégimen y quienes simplemente sobreviven”, dice. La postura y el movimiento están en su radar, sobre todo desde que sufrió un grave accidente del que se está recuperando. Ahora barrunta utilizar una barra de strip tease en su próxima performance, que tendrá un formato “casi de Hollywood, con baile y efectos especiales”. De una manera extraña, dice, la barra le recuerda a las muletas que usaba hasta hace poco. Habrá que estar atento a su Instagram.

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