Vicky Luengo lleva top y chaleco, ambos de GIORGIO ARMANI. Foto: PABLO ZAMORA

Vicky Luengo: “Las carreras, como las vidas, también se construyen con los noes»

Su papel en ‘Antidisturbios’ le ha quitado tiempo libre y ha llenado de premios su estantería de los libros. Sus próximos proyectos en teatro y cine confirman una posición afianzada que no siempre fue tal. “Las cosas empezaron a ir bien cuando me acepté”, afirma.

“Mira, esa es la de Antidisturbios”, advierte una señora a otra, codazo mediante, mientras observan a Vicky Luengo (Palma de Mallorca, 31 años) posar frente a la fachada del madrileño mercado de Barceló. A pesar de que estrena corte de pelo y mechas rubias en esta sesión —“me había aburrido de verme siempre igual y quería algo atrevido”, dice—, el personaje que le valió el Premio Ondas 2021 a la mejor intérprete femenina en ficción le ha dado el reconocimiento, literal y figurado, del público y la crítica. “Pero no me paran mucho por la calle”, aclara ella, “y con la mascarilla algunos me preguntan si soy la de Gambito de dama”, bromea acerca de su parecido con la actriz estadounidense Anya Taylor-Joy.

No cabe duda de que “la de Antidisturbios” es mucho más que eso. Terminó 2021 habiendo copado las carteleras con Chavalas y El sustituto, tiene pendiente de estreno Suro, ópera prima del director Mikel Gurrea, y continúa demostrando su talento encima de las tablas, donde lleva curtiéndose desde que apostara por el teatro como actividad extraescolar siendo una niña. “Me empeñé en ser el caballero en lugar de la princesa en La leyenda de Sant Jordi y me lo pasé tan bien que le pedí a mi madre que me apuntara también a teatro musical los sábados. Era mi día favorito”, recuerda.

Vicky Luengo, con chaqueta y pendiente, ambos de CHANEL. Foto: PABLO ZAMORA

Dos décadas y 17 funciones después, Luengo ha logrado trabajar con los dramaturgos más respetados del país. El premio nacional Andrés Lima la dirige en Principiantes, adaptación de Juan Cavestany de De qué hablamos cuando hablamos de amor (Raymond Carver), con la que ha estado girando varios meses y que ahora puede verse en los madrileños Teatros del Canal. Y a partir del 25 de febrero estará en la sala María Guerrero con El Golem, bajo las órdenes de otro de los tótems nacionales, Alfredo Sanzol. “El teatro me provoca el mismo respeto que una cámara, pero hacer una función que ya has interpretado decenas de veces como si fuera la primera es un reto. Lo que los espectadores ven ese día es algo que nadie volverá a ver jamás de la misma forma. Y eso te da mucha adrenalina”.

Desde que el personaje de Laia la convirtiera en la actriz del momento, una expresión que, a ella, por cierto, no le termina de convencer porque “significa que entonces algún día dejaré de serlo, ojalá un momento eterno de no dejar de trabajar”, el gran cambio en la vida de Luengo es que ahora tiene menos tiempo libre, un poco más de sueño y la estantería de los libros salpicada por varios premios. “Por lo demás, mis compañeros y mis amigos me tratan como siempre y odiaría que no fuese así”, asegura. También la ha colocado en una situación de privilegio. “Las carreras, como las vidas, también se construyen con los noes. Y rechazar una entrevista para quedarme en casa y cocinarme una crema de apio me parece importante. Me cuesta decirlo, pero poco a poco lo voy haciendo”, asegura al ser preguntada sobre su recelo a la sobreexposición en tiempos de abundancia laboral.

Luengo lleva chaqueta, falda y pendiente, todo de MIU MIU. Foto: PABLO ZAMORA

Ella misma ha vivido en sus carnes el significado de una negativa. “El no siempre es complicado porque al final te lo dicen a ti, más allá de tu trabajo como actriz. Te lo dicen por tu cara, por cómo ríes, porque estás muy delgada, demasiado gorda o tienes el pecho pequeño. A veces es difícil encajarlo, sobre todo, cuando son varios seguidos”, confiesa. Aceptarse a sí misma sin intentar fingir ser quien no era supuso un antes y un después en su carrera. “Hasta que no me quise tal como soy, las cosas no me empezaron a ir del todo bien. Cuando tienes 17 años y estás intentando que te llamen para un casting te da por pensar que quizá no lo hagan porque no eres explosiva. Te comparas. Ahora puede que no me den ciertos papeles por no ser suficientemente guapa, pero me da igual. Si quieren a otra más guapa, que la cojan”.

A pesar de la certeza con la que habla, Luengo asegura que “la inseguridad es un arma de destrucción masiva” difícil de esquivar en una profesión en la que “juzgan tu físico en la foto del día siguiente a un estreno o la que cuelgas en redes”. Pero también está aprendiendo a lidiar con eso. “Hay días en los que me siento insegura, o en los que tengo un síndrome de la impostora tremendo, pero está bien decirlo porque a todo el mundo le ocurre. He entendido que no pasa nada por ser vulnerable”. Hablar con su madre o con su terapeuta es lo que la ayuda en esos momentos. “Voy a terapia desde hace años. Me parece importantísimo que se normalice la salud mental y que la sanidad pública de acceso a ir al psicólogo sin tener una patología diagnosticada”, reivindica.

El futuro lo encara sin imponerse metas, con la sospecha de que quizá algún día le apetezca contar sus propias historias y el firme propósito de seguir “trabajando como una hormiguilla”, como ha hecho siempre. “Agradezco los premios y los celebro al máximo. Llevo un montón de años y ver que las semillas que he ido plantando florecen a ratos es muy guay. Me lo he currado”.

* Estilismo: Paula Delgado. Maquillaje y peluquería: Yurema Villa (Ana Prado) para Guerlain y Mön ICON Team. Asistentes de fotografía: Orlando Gutiérrez y Felipe Hernández. Asistente de estilismo: Paula Alcalde.

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