Tilda Swinton: «Mi relación con Hollywood es de turista»

Tilda bromea con la concatenación de papeles de madre atormentada que acumula a sus espaldas.

Tilda Swinton

Foto: Gtres

Nada es normal cuando uno habla de Tilda Swinton. Su belleza es tan andrógina como luminosa. Su estilo es hoy David Bowie, mañana Kim Novak o Tippi Hedren, pero siempre en el siglo XXI. A sus 51 años, sigue distinguida y distinguible, con ese porte y esa esbeltez inalcanzables que caracterizan a la actriz escocesa que, curiosamente, es a la vez accesible y humana. Cabezota, mucho. Lo es en su gusto cinematográfico, en su forma de vestir y en sus decisiones personales. Vive con su pareja, el artista alemán Sandro Kopp, en una casa perdida en la campiña escocesa y es madre de dos gemelos de 14 años, fruto de su anterior relación con el escritor John Byrne. Con su último estreno, Tenemos que hablar de Kevin –por el que habría merecido una nominación al Oscar que no llegó–, completa lo que ella denomina su «peculiar saga de madres». Llegará a España el 16 de marzo.

¿Le atrae el tema de la maternidad en el cine o sus papeles de madre torturada han sido pura casualidad?

Me río con mis amigos a la espera de ese estuche que diga «La madre del cordero» y que reúna En lo más profundo, Julia, Yo soy el amor y ahora Tenemos que hablar de Kevin. Con estas me doy por satisfecha. ¡Que ya son cuatro! En serio, creo que me siento atraída por estas películas como madre, pero también como hija de mi madre.

Pero Tenemos que hablar de Kevin inspira todo menos deseos de ser madre…

¡Y yo que la veo como la película más alegre que hay en estos momentos en la cartelera! Esa que te hace salir de la sala pensando lo afortunada que eres porque esa no es tu historia ni ese es tu hijo.

¿Siempre le gustó la ropa?

Tengo tres hermanos, todos chicos. Y yo debía de tener como tres años cuando un día me vestí con un traje de fiesta. Recuerdo que el mayor me dijo: «Estás de lo más…». Y yo ya estaba en las nubes sintiéndome la más guapa del mundo cuando acabó la frase añadiendo eso de «horrorosa». Me costó volver a ponerme un vestido.

¿Y ahora se los pone en estrenos y entregas de premios?

Para mí cada alfombra roja es una fiesta. Soy afortunada porque tengo amigos en la moda. Me pongo sus modelos y siento que están a mi lado.

No parece que haga muchas migas con Hollywood.

Mi relación con Hollywood es como turista. Me maravilla que me llamen, pero yo nunca he venido llamando a su puerta. Yo vivo en Escocia, donde es más fácil que hablemos del escarabajo pelotero que de cine. Me encanta venir a sus fiestas y me admira la generosidad estadounidense a la hora de darme el Oscar. Pero mi casa está en Escocia y eso no lo pienso cambiar.

¿Qué le da esta tierra que no encuentra en otro lado?

Yo nací en Inglaterra, pero mis lazos familiares son escoceses. Y tengo la fortuna de no haberme criado aquí, porque la mayor parte de los que crecen en un país pequeño quieren salir de él lo antes posible. Aquí formé mi hogar y reconozco que ahora se me humedecen los ojos cuando escucho una gaita. ¡No lo puedo evitar!

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