Dylan Penn y Sean Penn en el estreno de 'Flag Day' en Cannes. Foto: Getty

Sean y Dylan Penn y otros padres e hijas famosos que ocultaron sus tensiones familiares en la pantalla

Los Fonda, los O’Neal y los Cyrus han llevado al cine las conflictivas relaciones entre padres e hijas.

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    Sean y Dylan Penn. Con Flag Man, la película que Sean Penn ha estrenado en Cannes, resucita un minigénero que vivió sus mejores días en los setenta: la película en la que un padre y una hija interpretan a un padre y una hija. Penn comparte pantalla con su hija Dylan y, según todas las críticas, la electricidad es palpable en las escenas que comparten. “Quería ser profesional. Era mi jefe, pero también mi padre. Tenemos una relación compleja. Somos dos alfa y a veces chocamos, pero creo que al final ha funcionado”, dijo ella en la rueda de prensa. La película es la adaptación del liro de Jennifer Vogel Flim-Flam Man: a True Family History, de Jennifer Vogel, sobre su relación con su propio padre, un delincuente de poca monta. Penn contó también en Cannes que siempre evita actuar en las películas que dirige pero se decidió a hacerlo apenas seis semanas antes de que empezase el rodaje en parte porque Matt Damon, a quien había enviado el guion, le dijo que sería “un estúpido” si se perdía la oportunidad de actuar con su propia hija, fruto de su matrimonio con Robin Wright. La pareja, que se conoció justo después de que él acabase su matrimonio con Madonna, tuvo una relación tormentosa durante década y media y, desde que se divorciaron en 2010, se han ido lanzando recados. Ella ha dado a entender en varias entrevistas que tuvo que sacrificar su carrera para que él pudiera florecer con la suya. Y él dijo en el podcast de Marc Maron que tuvieron “diferencias éticas” respecto a la educación de sus hijos y que prefieren no mantener ningún contacto. Cuando Penn ganó el Oscar por Harvey Milk en 2009 aun estaban casados, pero se le olvidó mencionar a su todavía esposa.

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    Henry y Jane Fonda. Pocas sagas de Hollywood más historiadas y más problemáticas que la de los Fonda. El patriarca, Henry, y su hija, Jane, tardaron mucho en trabajar juntos. No lo hicieron hasta que él fue muy mayor, en El estanque dorado. Allí interpretaron papeles muy cercanos a la realidad, los de un padre y una hija con problemas de comunicación. Ambos reconocieron que había ecos de realidad en ese anciano un tanto amargado que solo consigue llegar a abrirse a su hija cuando percibe la cercanía de la muerte. Henry terminó ganando el Oscar por la película pero no lo pudo recoger porque estaba ya muy enfermo. Su hija lo recogió por él y dice haberse sentido más feliz que cuando ella misma se lo llevó. La tensa relación entre los dos actores tiene sus raíces en la muerte de la madre, Frances, que se suicidó degollándose cuando Jane tenía 12 años. A ella, sin embargo, le contaron que había muerto de un ataque al corazón y no supo la verdad hasta un año más tarde, cuando lo leyó en una revista. Ahí empezó un desencuentro con su padre que se intensificó en los años de activismo izquierdista de Jane. También el otro hijo actor, Peter, ha hablado mucho sobre la traumática relación con su padre, hasta el punto que tituló sus memorias No se lo digas a papá.

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    Billy Ray y Miley Cyrus. Billy Ray Cyrus era conocido por un éxito musical de finales de los noventa, Achy Breaky Heart y por su curiosa carrera en el audiovisual, que incluía un pequeño papel en Mullholand Drive de David Lynch y varias temporadas de una teleserie familiar bastante ñoña, Doc, cuando aceptó interpretar al padre de su propia hija de entonces 12 años, Miley, en una serie de Disney, Hannah Montana. Allí se produjo el cambiazo y pronto quedó claro que la verdaderamente famosa sería ella. Dado que Billy Ray interpretaba a un padre/representante en la serie, se suele asumir que también era su manager en la vida real, pero no fue así, y eso terminó siendo una de las fuentes de resentimiento entre ambos, ya que el padre se sentía mal pagado y utilizado por el entorno de su hija, que le hacía salir a la palestra cada vez que Miley se metía en líos. En la actualidad, y tras varios años de turbulencias, ambos han contado que mantienen una buena relación.

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    Fernando y Cayetana Guillén. Padre e hija coincidieron por primera vez en el cine en un título que está considerado una joya oculta del fantaterror nacional, La luna negra, de Imanol Uribe (1989). Hace apenas un par de meses, la Filmoteca Española la programó dentro de su canal en línea Flores en la sombra, que recupera títulos raros del cine español. En la película, que algunos críticos han comparado con la reciente Hereditary, y que retrata la España del boom económico con un José Coronado en plan yuppy engominado, Fernando y Cayetana, que empezaba entonces su carrera, tienen papeles menores. Años más tarde, volvieron a juntarse delante de la cámara en La herida luminosa de José Luis Garci. Allí hicieron de padre e hija que no se entienden. El padre, un cardiólogo amargado en un matrimonio con una mujer cada vez más religiosa (Mercedes Sampietro), no comprende la vocación de su hija, que se ha hecho monja. El filme se estrenó en el festival de Toronto y Guillén Cuervo explicó que había sido muy emocionante trabajar con su padre. “Mirarle a los ojos no era mirar a los ojos de un extraño”, declaró. El actor falleció en 2013.

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    Robin y Zelda Williams. El actor, que se suicidó en 2014 tras haber sido diagnosticado con una grave enfermedad llamada demencia con cuerpos de Lewy, consiguió un par de papeles a su única hija, Zelda (Williams tuvo también dos hijos, Zachary y Cody) cuando esta era una niña, en películas como Nueve meses, pero solo rodaron un filme juntos siendo ella ya una actriz profesional. David Duchovny los juntó para su debut como director, Delitos menores (2004), un drama sentimental sobre el despertar sexual de un chico cuyo mejor amigo es un adulto con discapacidad mental (Williams). La película obtuvo unas críticas pésimas. El mítico Rogert Ebert dijo que era “sensiblera, inane, cursi y vergonzosa”, pero aun así fue una buena experiencia para padre e hija. Zelda, que es hija de la segunda esposa del cómico, Marsha Garces, ha hablado en varias ocasiones desde la muerte de su padre. La primera apenas unos días después, lamentando no comprender cómo él no había encontrado “hueco en su corazón” para seguir vivo y más tarde siempre para desestigmatizar el duelo y la depresión. Ella y sus hermanos mantienen varios litigios con la tercera esposa de su padre, Susan Schneider, quien les reclama más dinero para mantener la casa que compartía con el actor.

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    Ryan y Tatum O’Neal. Tatum O’Neal fue, y sigue siendo, la ganadora del Oscar más joven: se llevó la estatuilla por su papel en Luna de papel con tan solo 10 años. La imagen de ella con un tuxedo diminuto y pajarita se sigue recordando. Pero todo lo que ocurrió en el rodaje de esa película, que compartió con su padre, Ryan O’Neal, está muy lejos de ser una historia feliz. Tatum había sido una víctima de abusos sexuales a los seis años, como contó después en sus memorias, por parte de un novio adolescente de su madre, Joanna Moore. Todos vivían en una especie de rancho precario, a pesar de que el padre, que se había separado de Moore al poco de nacer Tatum, era ya uno de los actores más famosos de Hollywood. Ryan dijo que se planteó trabajar con su hija para darle “lo que nunca ha tenido, amor”. Pero cuando la nominaron a ella y no a él, le dominaron los celos, según explicó la hija. “En la prensa, hacía de padre dedicado, pero en sus ojos yo leía la verdad: profundo resentimiento por no ver reconocida su propia interpretación”. Más tarde, pasaron 20 años sin hablarse, mientras los dos lidiaban con problemas de adicción a las drogas.

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    Peter y Bridget Fonda. Peter Fonda, que describió a su padre como “un tío duro, amargado que nunca sonreía”, tuvo unos inicios muy prometedores en la actuación. En 1963 interpretó al paciente de un psiquátrico (un tema que le tocaba de cerca) en Lilith y a un Ángel del Infierno en Ángeles salvajes (1966), de Roger Corman. Después de eso, repetiría ese papel en una película fundacional de la contracultura y del llamado Nuevo Cine Americano, Moteros salvajes. Allí aparece también su hija Bridget, que tenía entonces cinco años, igual que su hijo y su esposa de entonces, Susan Brewer, todos como miembros de una comuna hippy que visitan los personajes de Fonda y Dennis Hopper. Después de eso, Fonda y Brewer se divorciaron y padre e hija pasaron muchos años sin tener apenas contacto. Aun así, cuando a finales de los ochenta apareció una joven actriz pelirroja apellidada también Fonda, a la industria del cine le encantó la idea de continuar la saga. Bridget se convirtió en una de las actrices fetiche de los noventa cuando la carrera de su padre estaba en declive. Tuvo papeles en películas como Solteros y el exitosísimo thriller Mujer blanca soltera busca y solía aparecer en las revistas con su pareja de entonces, Eric Stoltz. Padre e hija lograron parchear su relación en la edad adulta. Él falleció en 2019 y ella lleva retirada del cine desde 2003, cuando sufrió un grave accidente de coche. Es pareja del compositor Danny Elfman, con el que tuvo un hijo, Oliver, en 2015.

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    Jean Louis y Marie Trintignant. El cine era simplemente el negocio familiar para el clan francés. Marie debutó con apenas cuatro años en Mon amour, mon amour (1966), una película dirigida por su madre, Nadine Trintignant, y protagonizada por su padre, Jean Louis, considerado uno de los grandes protagonistas de la escena francesa, con títulos como Un hombre y una mujer. El intérprete explicó en una entrevista el año pasado, cuando cumplió 90, que padece cáncer y no se ha sometido a ningún tratamiento. “Perdí las ganas de vivir hace 15 años”, dijo, refiriéndose al brutal asesinato de su hija Marie. La pareja de ésta, el cantante Bertrand Cantat, la mató de una paliza y fue condenado solo a ocho años por homicidio involuntario. Cantat ha vuelto incluso a los escenarios, no sin polémica. Tras aquella primera película de padre e hija, trabajaron varias veces juntos, en películas como La terrazza (1980), de Ettore Scola, con Marcello Mastroianni, Vittorio Gassman y Ugo Tognazzi.

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    John y Hailey Mills. Sir John Mills fue uno de esos actores con una carrera tan larga y prolífica que abarca como cuatro o cinco eras del cine. Empezó en los años veinte haciendo obras de teatro de Noel Coward y siguió trabajando hasta que hizo de director de museo en Mr. Bean (1997). En 1959 rodó un thriller, Tiger Bay, en el que interpretaba a un policía que debe investigar un crimen que tiene como único testigo a una niña pequeña. La niña era su propia hija, Hailey, que recibió unas críticas excelentes. La película les fue bien a ambos. Walt Disney la vio y les ofreció papeles a los dos: a ella para hacer de Pollyanna y a él para ser el patriarca en Los robinsones suizos. Las dos fueron un éxito y, aunque Hailey Mills empezó ahí una breve carrera como estrella infantil, que incluye la primera versión de Tú a Boston y yo a California, eso no oscureció la carrera del padre, que siguió interpretando papeles de hombre medio británico hasta que falleció a los 97 años. El hijo de Hailey, Crispian, también tuvo su breve momento de fama durante el britpop, como líder de la banda pijo-orientalista Kula Shaker.

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