¿Qué pasa con Baltasar? Por qué la costumbre de pintarle de negro se resiste a morir

A pesar de las peticiones populares, cabalgatas como la de Madrid mantienen la costumbre del 'blackface', que escandaliza fuera de España

gallardon

Empieza a ser un clásico de las vacaciones navideñas: las peticiones populares para que el Baltasar de las cabalgatas sea un negro de verdad y no un concejal o un famoso pintado de negro. En Change.org se suceden desde hace varios años. Se interpela a ayuntamientos que reinciden en esta práctica, como el de Almería, o el de Pamplona, pero la más multitudinaria siempre tiene que ver con la cabalgata madrileña, la más fotografiada. Y aun así, el consistorio que encabeza Ana Botella no da su brazo a torcer.

Todo indica que este año volverá a haber Baltasar embetunado, ya que esta vez le toca al concejal de UPyD Jaime de Berenguer ejercer de Rey Negro. Y eso que tradicionalmente esa carroza la controlan los socialistas, dentro del sistema de reparto por partidos con el que se rige el asunto de la cabalgata madrileña desde los albores de la Transición. Precisamente, el candidato a la alcaldía por el PSOE, Antonio Miguel Carmona, se ha hecho este año abanderado de la causa baltasarista y ha pedido que quien haga de Baltasar sea de origen africano o afroamericano. En su opinión, se debe a “rémoras morales y culturales” que “ya no se entienden” y asegura que se hace eco de lo que le piden las asociaciones como ACUDEVA, Asociación Cultural de Defensa de los Valores Africanos. Pero nada. Botella ya se sacudió de encima la cuestión el año pasado y dijo que sólo habrá un Baltasar negro cuando haya un concejal negro.

Si en Madrid la cosa se reparte entre grupos municipales –costumbre que ha dado imágenes difíciles de olvidar como la de un Alberto Ruiz Gallardón embetunado, cuando era alcalde en 2006–, en Sevilla y otros ayuntamientos, sobre todo en el Sur, mantienen la tradición de dejar que los famosos hagan de Reyes Magos, lo que ha dado lugar a Baltasares sospechosamente parecidos a Sergio Ramos, Jesulín de Ubrique, Manuel Díaz el Cordobés y Lucas de Andy y Lucas. Cuando el futbolista holandés Ruud van Nistleroiy hizo de Baltasar en la cabalgata de Marbella en 2013 y colgó fotos en Twitter, muchos aficionados británicos le respondieron llamándole “mierda racista” y el asunto llegó a los medios anglosajones, que año tras año siguen sorprendiéndose por que en España (y también en Alemania y Holanda) esté aceptada la práctica de la blackface, la costumbre de que actores blancos hagan de negros con la cara pintada. En Reino Unido y, sobre todo, en Estados Unidos, se considera una gravísima ofensa racista que retrotrae a los Minstrel Shows, los espectáculos de variedades muy populares hasta los años 60 del siglo pasado, en los que se presentaba a los negros como criaturas algo necias y bufonescas pero alegres.

Sergio Ramos

Sergio Ramos haciendo de Baltasar acompañado de pajes de cara negra y cuello blanco.

Gtres Online

Quizá por eso una entidad con tantos intereses internacionales como el Banco Santander se cuidó mucho de pintar de negro a Fernando Alonso, Marc Gené o Pedro Martínez de la Rosa cuando pidió a los tres corredores de Fórmula 1 que hicieran de Reyes Magos en su ciudad financiera en 2011.

A muchos extranjeros que residen en España sigue chocándoles ver carrozas enteras de blancos pintados con ceras Manley o directamente con betún. El bloguero The Live-In Tourist escribía el año pasado sobre la cabalgata sevillana: “Habíamos oído que los españoles todavía utilizan pintura para parecerse a los Reyes y sus pajes pero no te das cuenta de lo políticamente incorrecto que es hasta que lo ves en persona. Es un detalle raro e innecesario y completamente pasado de moda, pero nadie parece pensar que es ofensivo porque están demasiado preocupados llenándose los bolsillos de caramelos. Y, para ser sinceros, no creo que haya racismo en esta cabalgata. Es como siempre se ha hecho y resulta extremadamente difícil romper esta tradición”. En la página de otra estadounidense residente en Sevilla, Sunshine and Siestas, otros expatriados comentan la cuestión y uno de ellos explica que quiso participar en la cabalgata pero se negó cuando le dijeron que tendría que pintarse la cara. El blog Not Hemingway’s Spain, que escribe un estadounidense desde Valencia, recogía una reacción similar: “Tengo que admitir mi shock inicial cuando descubrí el uso de la blackface”. Pero el autor reflexiona a continuación que en muchos Ayuntamientos, la figura de Baltasar ha servido en la última década para tender puentes con las comunidades subsaharianas. 

Como no es probable que en España se llegue a legislar sobre el tema, algo que sí se ha intentado este año en Holanda a raíz de su polémica tradición de Zwarte Piet, el precursor de Santa Claus de connotaciones esclavistas que llega a principios de diciembre y que también suele representarse con caras pintadas –el líder del partido xenófobo PVV llegó a declarar que antes saldría de la Unión Europea que renunciar a la tradición–, lo más lógico es que los Baltasares blackface acaben extinguiéndose lentamente con el tiempo y se vean dentro de unos años como una sonrojante reliquia. Y, por cierto, la solución a la pintura de cara NO es el pasamontañas.

baltasar

El humorista Jorge Cadaval haciendo de Baltasar.

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