Profesionales de la alfombra roja

Participar en buenas películas ya no es necesario para pertenecer al clan de las celebrities. Ser imagen de una marca de moda o de cosmética es otro de los trabajos que cotizan al alza en el Hollywood actual.

Paz Vega

En agosto de 2003 dos actrices desconocidas debutaron en una serie que, al instante, se convirtió en un éxito mundial. El nombre del programa, The O.C.; el de las actrices, Mischa Barton y Rachel Bilson. Casi una década después, sus carreras son prácticamente inexistentes. Pero ambas practican uno de los deportes más populares en Hollywood: ser icono de la moda. Quizá los beneficios de ejercer de it girl sean inferiores a los de conseguir un papel protagonista, pero a nadie le amarga un dulce. Tanto Barton como Bilson se han especializado en acudir a eventos a golpe de talonario; y, por este motivo, cada vez más firmas de moda las agasajan con diseños que, cuando los lucen, se convierten en éxitos de ventas. Así funciona el entramado celebrity. Pasearse por la alfombra roja es una dedicación a tiempo completo para muchas actrices que mientras tanto dejan de lado su posible talento. Un talento que, en un principio, las posicionó bien dentro del show business, pero que ahora se pone en duda e incluso se considera auténtico «veneno para la taquilla».

Vanessa Hudgens, Megan Fox, Camilla Belle… La lista de jóvenes actrices que solo se dedican a dejarse ver es muy larga. «Han convertido sus nombres propios en una marca», asegura María Estévez, periodista de cine afincada en Los Ángeles. La información que genera Internet alimenta todavía más esta tendencia. «La repercusión de una foto repetida millones de veces en la red genera una publicidad impagable». Pero, no todos se prestan a participar en este juego. «Piensa en Meryl Streep. Su nombre es la mejor marca de Hollywood, asociada únicamente a su trayectoria profesional. No hay diseñador, perfume ni firma de cosmética que hayan conquistado su marca. Por eso Streep es la número uno», comenta Estévez. 

Kate Bosworth disfruta también de un estatus privilegiado en Hollywood. En 2004 protagonizó junto a Kevin Spacey Beyond The Sea –una nueva versión de la vida del cantante Bobby Darin que fue un rotundo fracaso–. Desde entonces, ella es el mejor escaparate para los botines de ante de Isabel Marant (superventas de la firma parisina en Estados Unidos).

En Londres, uno de los iconos de la moda más valorados por los medios especializados vive también sus horas más bajas como actriz. Sienna Miller garantiza el éxito de cualquier evento. Sin embargo, su trabajo como intérprete no es precisamente brillante. Atrás quedan ya Interview, Factory Girl o Layer Cake. En los dos últimos años ha encadenado fracaso tras fracaso, mientras seguía gozando de una gran popularidad gracias al éxito de la firma que diseña junto a su hermana: Twenty8Twelve.

De vuelta a Beverly Hills, otro flagrante caso de talento echado a perder es Lindsay Lohan. Su ausencia ante las cámaras desde hace años es bien conocida; sus problemas con la justicia, también; incluso así, Lohan es una máquina de hacer dinero cuando se trata de acudir a las mejores fiestas de Los Ángeles y Nueva York, o dejarse ver en la última Semana de la Moda de París.

La industria de la belleza tiene mucho que decir en la creación de este nuevo modelo de celebrity. La proliferación de perfumes asociados a artistas del cine y de la música es imparable. El continuo fichaje de rostros cinematográficos para protagonizar sugerentes campañas de cosmética no cesa. La empresa L’Oréal es, sin duda, la gran veterana. Sus embajadoras ponen cara al popular eslogan «Porque yo lo valgo»; y para llegar a serlo no es suficiente con ser solo una cara bonita. «Las portavoces de la marca se caracterizan por su calidad humana y su conciencia social, dos valores que van más allá de su imagen. Estrellas como Milla Jovovich, Gwen Stefani y Penélope Cruz sirven de inspiración a otras mujeres», explica Mónica Pueyo, directora de Comunicación de L’Oréal Paris. «Cuando los personajes no responden a una filosofía clara, el mensaje se distorsiona y los consumidores pierden la referencia».

Uno de los nuevos rostros de L’Oréal es Paz Vega. Lejos queda ya su excelente y premiado papel en Lucía y el sexo a las órdenes de Medem; también los de Solo mía, Carmen y El otro lado de la cama, producciones en las que la sevillana demostró ser una versátil actriz con un brillante futuro, que hoy se centra en constantes apariciones de photocall. Como otra de nuestras actrices más internacionales: Elsa Pataky. Su presencia cotiza al alza gracias al éxito comercial de la quinta parte de Fast & Furious.

«Pasearse por la alfombra es fundamental para promocionar el cine y permanecer en la memoria del público… y de la industria», apunta Ana Elguezabal, asesora de imagen de la agencia de representación de actores Kuranda. «Aunque la envoltura es importante, quiero apostar por recuperar el valor creativo de los actores. Una línea en la que debemos colaborar los profesionales de la imagen». Esperemos que así sea. Estamos diciendo adiós a 2011 y parece que el globo celebrity no deja de hincharse. Un día explotará. Ojalá que sobrevivan los más aplicados… y los más guapos. Porque calidad y belleza no son conceptos antagónicos.

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