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Penélope Cruz a su llegada a los Goya en 2015, 2010 y 2016. Foto: gtres

Penélope Cruz: evolución y trucos de un estilo, pelo y maquillaje de Goya

Conservadora con el color, clásica en su vestuario y atrevida con su melena, la actriz capta todos los focos sobre la alfombra roja. Así ha cambiado su imagen en la gran fiesta del cine español.

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    Versace y Chanel han sido las firmas en las que más ha confiado para pisar la alfombra roja española. Chopard, la que en más ocasiones ha adornado sus manos y cuello. La presencia de Penélope Cruz en los Premios Goya (y su ausencia) son siempre noticia, y una de las apariciones más esperadas de la noche. Su look, uno de los más comentados. Los expertos consultados coinciden: suele ir sobre seguro. "Se inspira en las grandes divas de Hollywood, pero arriesga poco", afirma rotunda Paz Herrera, asesora de imagen. Nueve expertos analizan su vestuario, peluquería y maquillaje a lo largo de los años, en los que todos concluyen: hay una gran y positiva evolución. Diez decisiones para un estilo de Goya.

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    2003: corto y transparente.

    “Muestra sin duda alguna los inicios de Penélope, no tiene un estilo propio y depurado”, opina Ana Iriberri, directora de Ai Asesores de Imagen. Para su llegada a los premios, la actriz optó por una pieza de Chanel en largura midi con transparencias. “Destaca el atrevimiento con la longitud y la visibilidad de algunas partes”, asegura Fran Marto, responsable del último y celebrado estilismo de Paz Vega en los Premios Feroz. “Tocados en el pelo, colgantes… denota la juventud de alguien que comienza a codearse con las grandes estrellas”, se extiende Iriberri. “Puede deberse a un ansia por querer lucir en una sola ocasión todas las piezas que dotan de protagonismo a un look, llegando a carecer en ocasiones de sentido”.

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    En cuanto al maquillaje, desde el principio ha mantenido una línea constante, inclinándose por resaltar la mirada con tonos neutros como marrones y negro, alargando el ojo y evitando redondearlo. "Sabe muy bien lo que le favorece y de ahí no hay quien la mueva", opina Antonio Romero, estilista de la agencia Ana Prado. La tez la lleva siempre natural, jugosa y con mucha luz. "No ha vivido modificaciones en estos años: mismo colorete y misma estructura ósea a nivel pómulo", afirma Roberto Siguero, National Make Up Artist de Lancôme, firma de la que la madrileña es embajadora. En los labios, la discreción ha imperado con tonos nude. "Arriesga especialmente en el peinado; tanto ella como su estilista, Pablo Iglesias, consiguen dar un toque de tendencia al resultado final", considera Vanesa Suárez, profesional de Esther Almansa. Esa apuesta por el pelo se aprecia claramente en 2003: el tocado fue una constante, tanto a la entrada como sobre el escenario. Primero, con una especie de visera y el pelo recogido en alto.

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    2003: segunda entrega.

    Era el año del “No a la guerra”. Penélope se subió al escenario con Alejandro Amenábar para hacer entrega del Goya a la Mejor película. Junto al director, colgó de su prenda un cartel protesta. Y cambió de vestido, aunque no de maison. “Todo el protagonismo lo captó un Chanel en color luminoso y terminación shine”, explica María Uranga, del gabinete de imagen homónimo. “Es recargado y alejado del minimalismo al que ahora nos tiene acostumbrados y que tanto la favorece”, cree Iriberri, una tesis que comparte Herrera: “Ha envejecido mal, se ve demasiado barroco”. Marto, en contraposición, ve todo un acierto: “Ella luce como pocas el barroquismo y el exceso de complementos”.

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    Junto con el vestuario, cambió también su cabello y retocó su maquillaje. "El smokey eye sigue presente, pero más difuminado", indica Yurema Villa, compañera de Romero, que aprecia un toque más romántico al subir el colorete en sus mejillas. "El recogido alto forma un falso flequillo ladeado que, junto al tocado de plumas, le hace cobrar importancia", considera Suárez.

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    2005: la actriz en segundo plano.

    Chanel volvió a ser la opción de la intérprete dos años después. “El vestido, en color negro y con demasiados detalles, centraba todo el protagonismo en la prenda y no en la mujer”, asegura Uranga. “Si a este estilismo le recortásemos la cara, resultaría casi imposible reconocer a nuestra Penélope”, piensa Iriberri. “A pesar del total black, el exceso de volumen proyecta una imagen de menor estatura que no le favorece y evita desde hace tiempo”. Marto pone en relieve la parte superior: “Acertó con esta chaqueta para el frío de enero en Madrid. El pelo recogido y los pendientes largos, un 10”.

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    "El uso de las sombras es más controlado para conseguir mayor naturalidad", analiza Iván Gómez, de X Artist Management. "En ocasiones como esta recurre a maquillar la línea de agua para enmarcar más y potenciar el efecto mirada felina". Las mejillas, jugosas, se definen con un tono melocotón. "Este efecto es muy fácil de conseguir con colorete en crema", explica Villa. El pelo, tirante y limpio, libera el rostro, un recogido por el que, asegura Gómez, apuesta cuando el vestido cuenta con grandes volúmenes.

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    2007: hacia la Penélope de hoy.

    Las opiniones de los profesionales consultados convergen: se empieza a vislumbrar el estilo personal de la única actriz española con un Oscar. El vestido de encaje con silueta de sirena de Carolina Herrera le da “más movimiento en la parte inferior”, asevera Herrera, y las joyas de Chopard, luz a su estilo. “Apuesta por resaltar los puntos fuertes de su figura sin recargarse y nos recuerda a las grandes actrices italianas del cine clásico”, cuenta Iriberri. “Los pendientes aportan un extra de luminosidad que potencia la tonalidad de su cabello y sus ojos”, afirma Uranga. “Tanto el vestido como la melena con volumen le hacen muy sexy”, resume Marto.

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    Los ojos volvieron a protagonizar su rostro, con una línea muy marcada en negro, así como máscara que aporta volumen y riza las pestañas. "Evolucionó a un maquillaje más racial", explica Gómez. El cabello, semirecogido, destacó por su sencillez. "Rompe completamente la sobriedad de la alfombra roja y ayuda a refrescar y modernizar los estilismos", concluye

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    2009: el año de la consagración.

    “El vestido camisero con aire mediterráneo y manga corta es de los looks que más me han gustado de Pe”, confiesa Marto. Penélope confió de nuevo en Chanel, en encaje y negro, y en Chopard. “Es muy sofisticado, ceñido a la cintura y un escote en pico que la favorece”, opina Iriberri. “Nos muestra a una actriz ya asentada en Hollywood y que goza de gran experiencia en las alfombras rojas”, añade. Uranga pone en relieve la abertura central, que luce sus “hermosas piernas”.

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    Ese año, repitió la fórmula de 2007. "Al ir de negro, probablemente para aportar luz se introduce en el ahumado una sombra metalizada en tono dorado en el párpado móvil", opina Romero. "En el pelo, con solo cambiar la raya de lado, consigue un aire más joven", dice Suárez.

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    2010: todo al blanco.

    "Con este look se ve sofisticada y elegante", destaca Herrera, que pone como pega el corte recto. La más internacional del clan Cruz sorprendió con una elección vintage de Versace en color blanco, clutch de Roger Vivier y joyas, de nuevo, de Chopard (a las que se mantiene fiel hasta 2018). “Una de las pocas ocasiones en las que se saltó su color fetiche para la alfombra, el negro, y apostó por un color que favorece mucho a la madrileña en base a su tono de piel”, remarca Iriberri. “Los hombros al descubierto le favorecen muchísimo y demuestra que ‘menos es más’”, incide. Marto lo tiene claro: “Esa forma en el escote lo hace único e inigualable”.

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    La originalidad del escote se combinó con un peinado igual de diferente. "Totalmente suelto, consigue retirarlo bien de la cara con tan solo un toque de producto, mucho más explosivo y potente", garantiza Suárez. "Las cejas, suavemente definidas, acompañan y potencian la mirada racial", destaca Gómez. Más bronceado que en otras ocasiones, Villa da el truco para pulirlo: "Polvos de sol mate y una brocha grande son  clave".

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    2015: un guiño a los clásicos.

    Tras cuatro años de ausencia, el regreso de Penélope a la gala de los Goya en 2015 centró todas las miradas en la actriz. Para esta esperada vuelta, se inclinó por un vestido de la última colección del diseñador Oscar de la Renta. “El Palabra de honor es probablemente el más utilizado para vestidos de fiesta y a ella le sienta muy bien”, señala Uranga. “Impresiona por lo sencilla que es la silueta en contraste a lo rico del tejido”, indica Marto. Herrera e Iriberri ponen un pero: el volumen de la pieza elegida en la parte inferior. “Desvirtúan un poco la imagen global, se pierde su silueta”, explica la segunda.

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    Siguiendo la tendencia del color no make up que despuntaba ya por el 2015, las pecas de Penélope se dejan ver. Gómez y Romero, incluso, piensan que pueden haberse potenciado. "Un truco", aporta el segundo, "con un lápiz de cejas quedarán mucho más naturales". Los pómulos se redondean y elevan con un matiz rosado. El cabello, en un semirecogido con raya al lado, "busca restar importancia", intuye Gómez.

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    2016: el gran acierto.

    Para Herrera, “este look es perfecto: el corte en capa de la falda hace que la cintura se vea mucho más estrecha y su cuerpo totalmente proporcionado; el escote muestra sus bonitos hombros”. Según Iriberri, “demuestra que ha sabido asesorarse muy bien, que cada vez se conoce mejor y sabe sacarse partido. Nos encanta que la actriz muestre sus clavículas y cuello”. Marto lo puntúa con un diez. Ni una pega pone ninguno de los expertos. El vestido de Versace, con un negro total que solo rompen los detalles del Palabra de honor, consigue el consenso de todos, a favor.

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    Al vestido más aplaudido por los cuatro estilistas y asesores de imagen se suma uno de sus planos más clásicos. El peinado, que puede recordar a la mejor Audrey Hepburn, incluye un flequillo postizo al que suele recurrir. "Su mirada cobra fuerza e intensidad", remarca Suárez. "Al tensar las zonas de los parietales, se consigue un efecto tensor que la termina de definir", incluye Gómez.

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    2017: a lo Angelina Jolie.

    Las comparaciones son odiosas. E inevitables. En 2012, Angelina convirtió su pierna en la máxima protagonista de los Oscar, tanto en la alfombra roja como durante la gala. Ese año, acabó con el imperio del escote gracias al diseño de Versace. Un lustro después, Penélope hizo lo propio vestida de la misma firma que la californiana, con una pieza creada ex profeso para la madrileña. “El escote en corazón le permite realzar su pecho y crea un efecto óptico de alargamiento del cuello”, detalla Iriberri. “Juega con la superposición y con una estola muy original que le dan un toque sexy”, ve Marto.

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    También como Angelina, Penélope optó, por sorpresa, por dar color a sus labios. "Salvo en este look, suele cubrir la boca con un beige nude perfilado con un tono un poco más oscuro", destaca Siguero. Seguramente, opina Romero, lo hizo para acompañar el vestido y el peinado en falso bob. "Le da un punto más cañero con un teja que no sale de la gama de marrones, sin ser tan evidente y llamativo como un rojo".

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    2018: la fuerza en los adornos.

    Ya lo decía Mies van der Rohe: “Dios está en los detalles”. Y precisamente en ellos reside, según los cuatro expertos, el acierto de esta decisión. “Lució más espectacular que nunca con un vestido blanco de Versace”, opina Uranga. “Su tonalidad pura y estructura joya en hombros y cintura hacen que luzca radiante”. Iriberri cree que “las cadenas brillantes enfatizan su cintura”, y Marto lo explica: “La pedrería recuerda a un chaleco o corsé”.

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    Un ahumado menos alargado, más actual, difuminado hacia la cuenca del ojo, aporta luz en tonos castaños, tabaco y café, que potencian la forma almendrada de sus ojos. Brillo que se acentúa en el resto del rostro, que se puede conseguir con iluminador o, como recomienda Villa, "utilizando una mascarilla hidratante antes del maquillaje". El pelo, suelto, desenfadado, le da un toque más juvenil. "Cuando los estilismos son recargados o demasiado voluminosos, estas decisiones aligeran el conjunto", puntualiza Gómez.

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