Mónica Molina: «He convertido mi buhardilla en un baúl de ropa de recuerdos»

No le gusta llamar la atención al vestir. Sus modistos favoritos son Ángel Schlesser y Modesto Lomba y atesora piezas de su padre que incluso se puede poner de vez en cuando.

Mónica Molina

Acaba de publicar su último disco, Mar blanca (Sony Music), que ella ha definido como «una ofrenda musical» a su padre, Antonio Molina, en el que se atreve con los clásicos de la copla que él hizo inmortales. Mónica Molina reconoce sin reparos que le encanta la ropa y que sueña con ver a su hija Candela ponerse los vestidos que guarda para ella en la buhardilla de su casa: «No regalo nada desde que tuve a mi hija».

El vestido que lleva puesto en la portada del disco es muy bonito. ¿Cómo lo eligió?

Si te digo la verdad, fue el que más me gustó entre las opciones del estilista. Luego, al ver las fotografías, me di cuenta de que me daba un aspecto de pin up, con un aire cincuentero, que le iba perfecto al disco.

A los artistas, la ropa les gusta o les parece un fastidio. ¿Cuál es su caso?

A mí me gusta mucho. Lo que no me obsesiona es la moda. Me agradan las prendas que no marcan un momento, que no definen un estilo, que no tienen un tiempo y que igual están bien ahora que hace 20 años.

¿Y qué es lo que mejor le sienta de todo lo que tiene en el armario?

Un vestido de Dolce & Gabbana, negro, sencillísimo y que queda como un guante.

¿Qué le gusta llevar sobre el escenario?

Intento usar cosas que no llamen la atención. No quiero que el vestido tenga más protagonismo que la música. Me suelen vestir Ángel Schlesser y Modesto Lomba.

Recuerde un vestido ligado a su carrera.

Uno de Roberto Torretta que me puse en la presentación del primer disco. Era de terciopelo color cobre y corte imperio. Y otro de Victorio & Lucchino que parece un sari, de una seda que hace aguas en rojo apagado y gris ceniza.

¿Conserva la ropa que se ha puesto en escena?

Antes regalaba muchas cosas. Pero desde que tuve a mi hija lo guardo todo para ella. Ahora tengo una casa muy grande y he convertido la buhardilla en un baúl de recuerdos. Cuando Candela sea mayor podrá ponerse lo que le guste.

Se quema su casa y solo puede sacar una cosa del armario, ¿qué sería?

Sin duda alguna salvaría un jersey de cachemir de color morado grisáceo que compré hace 15 años y al que le tengo mucho cariño. Tiene un tacto y un color…

Si le gusta la ropa atemporal, tendrá muchas prendas heredadas, ¿no?

Como soy la pequeña, mis hermanas mayores se me adelantaron y empezaron a usar las cosas de mi madre. Cuando tuve edad de ponérmelas ya estaban estropeadas. Pero conservo de ella una estola de visón y un pañuelo con incrustaciones de plata. Aunque, claro, no son prendas que se puedan poner a diario.

¿Tiene algún recuerdo de su padre en forma de ropa?

Sí, una capa azul marino forrada en terciopelo rojo y con un cierre de plata que usó en el escenario en los años 50. También tengo un chaleco de príncipe de gales.

¿Le sirve el chaleco?

¡Sí! Mi padre era un hombre delgado. El día que me independicé mi madre me dijo: «Llévatelo. Eres tan delgadita que seguro que te vale». Y, efectivamente, me queda perfecto.

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