Míchel González: “No me pongo el chándal ni en las concentraciones”

El primer icono de elegancia en el fútbol español reconoce que le gusta la moda, que le encanta ir de compras y que se ocupa de la intendencia de su vestidor.

Míchel González

Foto: Chema Rey / Marca

El mítico jugador del Real Madrid acaba de renovar como entrenador del Sevilla y está a punto de marcharse de vacaciones. Pero Míchel González ha sacado tiempo para responder a estas preguntas. Tal vez es porque le interesa mucho la moda y solo una cosa se le resiste: el doblado de los jerséis.

Lo recuerdo en un anuncio jugando el fútbol con chaqueta y corbata.

Eso fue hace un montón de tiempo. Supongo que la ropa que nos pusieron para la campaña era más elástica de lo normal; no me imagino corriendo tras el balón llevando un traje.

Hubo una época en la que los entrenadores se sentaban en el banquillo vestidos de chándal, pero parece que eso está superado.

Sí, ahora cada uno elige lo que lleva. Yo el chándal no me lo pongo ni en las concentraciones. No me gusta nada.

¿Y cómo elige la ropa de faena?

Mi club, el Sevilla, cuenta con todo un vestuario propio, muy completo y que, por suerte, me gusta mucho, así que tampoco tengo que romperme la cabeza demasiado.

¿Y cuando no está en acto de servicio?

Yo soy mucho de jersey con camisa y vaqueros. Los llevo siempre que puedo.

¿Cuántos atesora?

Posiblemente tendré en mi armario más de 20.

¿Le gusta ir de compras?

Me entusiasma. Lo paso muy bien, me relaja y me sirve para eliminar tensiones. Soy yo quien anima a mi mujer para que vayamos de shopping. Siempre me ha parecido el plan perfecto para una tarde. Eso de entrar en una tienda, rebuscar y acabar encontrando algo que te gusta es estupendo.

¿Prefiere grandes almacenes o tienda pequeña?

Me gusta de todo un poco. Como si es un mercadillo o un local de esos de segunda mano. Se trata de husmear, eso es lo divertido.

¿Qué look es el que mejor le sienta?

Creo firmemente que yo ya no tengo edad para seguir los dictados de las tendencias. Busco lo que me queda bien y ya está.

¿Quiere decir que no arriesga?

A veces sí, pero cuando no me ve nadie más que la familia. Mi traje de faena es de lo más clásico.

¿Qué no le veríamos puesto nunca?

Sin duda, una americana sobre una camiseta.

Dígame algo que le hubiese gustado usar cuando tenía 20 años.

A veces veo que los chavales llegan al vestuario con unas camisetas de estampados chulísimos que no había cuando yo tenía su edad. Y cerca de los 50, la verdad, no me atrevo a ponérmelas.

¿Tiene algún tipo de calzado favorito?

Me encantan esas zapatillas que parecen un híbrido entre zapato y deportiva, como las que se usan para jugar a los bolos. También los zapatos clásicos con la suela fina. Pero, por ejemplo, ahora mismo llevo puestas unas botas de ante.

¿Es usted de los que ordena el armario o prefiere delegar la intendencia?

Me ocupo yo. Soy muy ordenado y tengo mis cosas en perfecto estado de revista, pero lo que peor se me da es doblar jerséis.

¿Qué hace con la ropa que deja de ponerse?

La regalo. Normalmente me canso enseguida de usar algo. Es raro que una prenda me dure más de una temporada. Y no guardo nada que no use, me parece un desperdicio de espacio.

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