Marichalar, único en su especie

Ha creado un estilo tan particular que es casi imposible imitarlo. De hecho, hasta el momento, nadie se ha atrevido. Pero su posición social le ha permitido exportar peculiares licencias estilísticas entre la alta burguesía

Jaime de Marichalar

Foto: Gtres

Los pantalones de Tommy Hilfiger con paramecios que lució el entonces duque de Lugo en su primer verano de casado desataron tempestades mediáticas, pero marcaron territorio: Jaime de Marichalar se vestiría a su gusto, aunque fuera el marido de la hija del Rey.

Las críticas fueron feroces, pero nadie negaba que la nueva elegancia que paseaba la infanta Elena se debía a la influencia de su marido y que él mismo tenía porte y un estilo impecable de corte británico. Tenía razón de ser. Los Marichalar son hijos de un militar, cliente de Severo Cutuli, el sastre que hacía los mejores bridges (pantalones de montar) de España.

Marichalar arriesga con una corbata de lunares sobre una camisa de cuadros y un traje de raya diplomática, «porque nada está escrito sobre lo que uno puede llevar, depende de cómo te quede», según ha confesado alguna vez. Y aunque trabaja en el grupo LVMH, líder mundial de la moda del lujo, las tendencias no le quitan el sueño. «Puedo parecer trasgresor, pero es pura espontaneidad», ha justificado, «las críticas me dan igual».

Su sastre fue –hasta que falleció– Antonio Díaz, un clásico de Madrid. Ahora busca sustituto sin prisas porque cuida su ropa y le dura mucho. Como mide casi dos metros, tiene que encargar las camisas de vestir, siempre bordadas con sus iniciales JMST (Jaime de Marichalar Sáez de Tejada), pero también ha sido uno de los pioneros en lucir ropa de sport de Abercrombie y lleva muchas chaquetas de Zara. «Tiene unas cuantas, pero tuvimos que hacerle medidas especiales para las mangas», explica el encargado de una de las tiendas en las que compra.

Entre sus corbatas abundan las de Loewe y es fiel a un zapatero de Barcelona, Norman Vilalta, abogado chileno y apasionado de la artesanía, que le hace modelos de encargo: es difícil encontrar un 47 a su gusto.

En invierno se pone bufandas y gabardinas forradas de piel, de Nelsy Chelala. Lo cierto es que fue el precursor de los fulares estampados y las pulseras de hilo de cuero, que hoy llevan hasta el Rey y chicos elegantes, por encima de toda sospecha.

Su fijación: Los pantalones arcoiris

¿Quién dijo que los colores chillones eran solo para el parchís? Por estrafalarios que parezcan, los pantalones rojos, azules o verdes son prendas clásicas del armario del bon vivant. Inspirados en el atuendo de los dandis de la Costa Azul, hoy marcas como El Ganso o Hackett se los venden a empresarios, preppies, nobles y hasta al propio Rey, que adopta un atuendo desenfadado en vacaciones. Jaime de Marichalar va siempre más allá y los combina con camisas estampadas, blazers de colores o chaquetas de caza.
 

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