Lorenzo Caprile: «Llevar un pañuelo en el bolsillo de la chaqueta es una horterada»

El modista confiesa que no invierte al año más de un día para adquirir la ropa que necesita; y si algo le gusta como le sienta, se lleva más de una unidad.

Lorenzo Caprile

Foto: Sergio Moya

Lorenzo Caprile ha vestido a cientos de mujeres en el día de su boda. El diseñador reivindica su condición de modista –«¿acaso hablamos de periodisto?»– y su forma de entender la elegancia como sinónimo de naturalidad y discreción. Este licenciado en Literatura dice que es mucho más fetichista con los libros que con la ropa, y que no guarda prendas que haya dejado de usar.

Así que no es usted uno de esos creadores que siguen disfrutando con la ropa cuando dejan la aguja.

Desde luego que no. No soy nada coqueto. Tampoco me gusta ir de compras.

¿Y cómo se organiza para llenar su armario?

Voy una vez al año a comprar lo que necesito, casi siempre en rebajas, y si algo me queda bien, me llevo varias unidades.

¿Cuál es el sitio más raro donde se ha comprado ropa?

El Multiprecio de Écija. Descubrí unas camisas que me gustaban cómo me sentaban y me llevé un montón de ellas. Además, compro mucho en los chinos.

Nunca se pondría…

El pañuelito de colores que algunos llevan en el bolsillo de la chaqueta. Me parece una horterada. Cuando veo a alguien con el pañuelo asomando pienso que ya no tiene arreglo. Es como llevar sandalias con medias.

Un regalo que le haya hecho ilusión.

Una capa de Seseña que me obsequió mi madre hace años. Apenas la uso, pero me gusta mucho tenerla.

¿Qué tipo de ropa le sienta bien?

Dicen que estoy guapo cuando visto de esmoquin.

Recuerde una prenda que haya adquirido con mucha ilusión.

La primera vez que adelgacé me compré en Turín varios pantalones de colores que me parecían la bomba. Uno era rojo, otro verde y otro amarillo.

¿Le gustan los complementos?

No, nunca los uso. No llevo tirantes ni gemelos, mucho menos joyas. La corbata, solo un par de veces al año. Lo único que utilizo siempre es el cinturón.

¿Se ha hecho alguna prenda para usted?

Cuando estudiaba sastrería me hice la clásica chaqueta gris de tweed.

¿Tiene algún look que siempre le funcione?

Sí, vaqueros y camisa azul.

¿Y en zapatos?

No me complico. Suelo llevar zapatillas Munich o zapatos abotinados. Los mocasines no me gustan.

¿De qué hay exceso en su armario?

De camisas a cuadritos y en tonos azules.

¿Qué hace con la ropa que ha dejado de ponerse?

Lo doy todo. No soy nada sentimental. Mi fetichismo alcanza a los libros, a los cuadernos; pero de las prendas de vestir me deshago sin ningún problema. Si no utilizo algo, lo regalo sin remordimientos.

Alguna cosa habrá guardado con cariño.

Pero no mucho. Unas camisetas de recuerdo, de esas que tienen un letrero o que te han regalado amigos. ¡Ah!, y un abrigo que me compré en Nueva York cuando estudiaba allí.

¿Cómo es?

Largo, con hombreras, de corte ochentero. Solo me lo he puesto un par de veces, pero lo conservo porque simboliza una época bonita. Acababa de salir de casa y estaba empezando a estudiar en Nueva York, así que era un etapa muy especial de mi vida.

¿Quién es, según usted, el modista mejor vestido?

Ahora mismo, creo que Tom Ford. De otra generación, Hubert de Givenchy. Y mi madre, para demostrar que aún estando gordito se puede resultar elegante, siempre me ponía de ejemplo a Gianfranco Ferré.

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