Lo sentimos ‘Brangelina’, los ‘Kimye’ son más rentables en el olimpo de la celebridad

A la espera de saber cómo monetizarán el nacimiento de su bebé, Kardashian y West se han hecho con una mansión valorada en 11 millones de dólares

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Hay quienes opinan que se trata del negocio del siglo. Consiste en facturar millones de dólares vendiendo tu día a día, abonar el terreno para hacer florecer merchandising diseñado a tu imagen y semejanza, y unir tu vida a alguien al que la exposición mediática no le cause urticaria. Diez años después de su salto a la fama por la inoportuna −o no tanto− filtración del vídeo erótico que protagonizó junto al rapero Ray J, Kim Kardashian ha sabido transmutar su debut y resurgir como una empresaria de éxito, bella y comedida. ¿Modelo? ¿Actriz? ¿Cantante? Nada de eso, ella es simplemente Kim Kardashian.

Tras siete temporadas al frente de Keeping up with the Kardashians y dos spin off muy convenientes −Kourtney and Kim take New York y Kourtney and Kim take Miami−, los populares realities que cuentan las vicisitudes de su peculiar familia, nuestra protagonista ha conseguido asociar su nombre a un modelo de mujer envidiada y envidiable ante los ojos de los estadounidenses, y de ahí al resto del mundo. Según los medios especializados, la última renovación contractural con la cadena E!, responsable de la emisión de los programas, se ha cerrado con una cifra trémula: 50 millones de dólares.

Entre hermanas y allegados, el jaleado entorno de Kim Kardashian se mueve entre nombres como Kourtney, Khloé, Kylie o Kendall. Hasta hace dos años, quien también estaba en el reparto era el jugador de baloncesto Kris Humphries −ya ven, siempre con la 'K' a vueltas−, marido de Kim durante 72 días hasta su separación, que acabó entre agrias disputas y acusaciones de montaje.

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Kardashian pasea embarazada en Los Ángeles.

Cordon Press

El rumor de que Kim Kardashian no da puntada sin hilo en sus movimientos vitales es algo más que una sospecha. Guionizados o no, lo cierto es que los grandes momentos de su vida siempre han coincidido con impresionantes lanzamientos: la franquicia de tiendas de moda D-A-S-H, la línea textil Kardashian Collection, Khroma Beauty −productos de belleza−, cameos y apariciones en cine y televisión −Cómo conocí a vuestra madre, Dancing with the stars, Disaster movie, America's Next Top Model… o los perfumes Gold −salió cuando anunció su boda con Humphries−, Love −a la venta al poco de casarse−, True Reflection −su promoción coincidió con el anuncio de su relación con Kanye West− y Glam −en tiendas un mes antes de confesar su embarazo−.

Sin esperar a que su divorcio con Humphries se hiciera efectivo, en abril del año pasado Kardashian empezaba una relación con el rapero y diseñador Kanye West, una de las figuras más populares y millonarias de la cultura popular yanqui. El 31 de diciembre de 2012 la pareja −conocida popularmente como Kimye− anunció que esperaban un niña cuyo nacimiento estaría previsto para julio de este año. A pesar de que han asegurado que los primeros seis meses de la pequeña se desarrollarán en ausencia de cámaras, lo más probable es que en 2014 todo el mundo conozca el rostro del bebé. Existen sonados antecedentes de celosos valedores de la intimidad que acabaron sucumbiendo a cheques irresistibles. Eso sí, todos ellos con fines humanitarios. No hace mucho que Brad Pitt y Angelina Jolie protagonizaron un número de la revista People rodeados de su ejército de churumbeles −se dice que por 17 millones de dólares−, o Elton John y su marido David Furnish que presentaron a su hijo Zachary en el US Weekly.

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‘Kimye’ en París, en una imagen reciente.

Cordon Press

Sin embargo, no se puede obviar que el perfil de Kardashian no encaja en ciertos sectores mediáticos o  publicaciones de alta gama. Según han afirmado algunos portales de entretenimiento americanos, la directora de Vogue USA Anna Wintour habría rechazado contar con la empresaria para su revista. Se trata de una mujer hecha a sí misma que alcanzó la fama vendiendo su vida y la de su familia por fascículos, a la que no se le conocen talentos específicos −sus pinitos en el baile o la interpretación son anecdóticos− y cuyo público es mayoritariamente popular. Teniendo en cuenta su fulgurante trayectoria seguro que no pasa mucho tiempo hasta que la veamos en una de esas cabeceras que todavía la ven como un personaje a medio hacer.

Aunque legalmente todavía no puedan formalizar su unión −el juicio por el divorcio de Humphries se celebrará en mayo de este año−, Kimye ya ejerce como un feliz matrimonio. Acaban de comprar un casoplón de estilo mediterráneo valorado en 11 millones de dólares cerca de Bel Air, uno de los barrios residenciales más exclusivos del caótico mapa municipal de Los Ángeles. En total, 2.743 metros cuadrados distribuidos en cinco habitaciones, siete cuartos de baño, piscina, jardín y barbacoa. A todas luces, el lugar perfecto para moldear a la próxima princesa del imperio 'K'.

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El casoplón de Bel Air que ‘Kimye’ ha comprado por 11 millones de dólares.

Cordon Press

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