La Mala Rodríguez: «Mi música es femenina, así que la falda es indispensable para mí»

Cumplidos los 34 años, la rapera jerezana que acostumbra a sorprendernos tanto con su música como con su personal estilo presenta el disco Bruja.

La Mala Rodríguez

Foto: Joaquín Calle

Nadie discute a La Mala Rodríguez el título de reina del rap español. Desde su primer álbum, Lujo ibérico (2000), ha ido mostrando una personalidad singular que se refleja en su forma de hacer hip hop, de mezclar los sonidos urbanos con aires flamencos. Ahora vuelve con su último trabajo, Bruja, que de nuevo se lleva el aplauso del público y de los críticos, quienes han dicho que esta producción musical es «La Mala en estado puro».

¿Los estilismos de este disco también suponen un salto?

Yo creo que sí. Hay diferencia con lo que llevé en el anterior, Dirty bailarinas.

¿En qué se nota?

Aquel era un trabajo mucho más conceptual, más elaborado. En Bruja las cosas han ido surgiendo con más naturalidad. Y el estilismo también. Soy muy consciente de la ropa que utilizo cuando trabajo.

¿Y qué le exige?

Comodidad, desde luego. Pero también que represente mi esencia y lo que hay en cada una de mis canciones.

¿Qué ha usado en este disco?

Camisetas que he cortado. Zapatillas, para sentir los pies bien cerca del suelo. Y faldas. Mi música es femenina, así que la falda es una prenda indispensable. Y tengo mis puntos raros, por supuesto.

¿Por ejemplo?

Me gusta jugar con lo que me pongo, ser espontánea. A veces, poco antes de salir al escenario, le pido una camiseta a una amiga y es con la que actúo. Y tengo debilidad por los calcetines.

¿Qué es lo más raro que se ha puesto sobre las tablas?

Unos corsés de la diseñadora catalana BiBian Blue que utilicé en la gira de Dirty Bailarinas.

¿Qué es lo más bonito que tiene en su armario?

¡Mi ropa interior!

Bueno, pues tengo que preguntarle por ella.

Me gustan los detalles, los tejidos delicados, los toques barrocos. La lencería es mi debilidad. Tengo piezas muy bonitas.

¿Qué es lo último que ha adquirido?

Unas botas de esas que puedes ponerte y quitarte muy rápido. Planas y negras, como de motorista.

¿Guarda prendas por una cuestión sentimental?

Sí, porque las cosas tienen su propia energía. No es que me obsesione por coleccionar, pero conservo camisetas viejas, algún sombrero y alguna gorra.

Reconozca un error a la hora de comprar.

Me encantan los abrigos, y me he comprado alguno que no necesitaba.

¿Qué hace con lo que no utiliza?

Lo cambio con mi familia y mis amigas. Es algo sobre lo que hay que tomar conciencia, la necesidad de aprovechar y sacarle partido a las cosas. Disfruto al transformar prendas y darles un nuevo uso; y soy fan de todo lo de segunda mano.

¿Se deja aconsejar por los estilistas?

Siempre. Es bueno ponerte en manos de alguien que sabe más que tú sobre lo que sea. Además, siempre se puede aprender algo.

Una prenda con historia que haya en su armario.

Unos bañadores que me recuerdan los veranos en Cádiz, con mi gente, mi familia… Cuando los veo, vuelvo a Puerto Real, a mis primas, a esos días de no arreglarte, de ir vestida de cualquier forma.

¿Aplaza compras?

Una vez escuché que parte de la felicidad es la satisfacción postergada. Sí, sí lo hago.

Pues cuénteme un capricho que haya dejado para más adelante.

Unas botas tejanas blancas. Y sé que algún día las compraré.

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