Judit Mascó: «Llevar una joya te da seguridad»

Trabajar de supermodelo al más alto nivel no la ha vuelto loca: compra lo justo, prefiere lo práctico y ama la comodidad. ¿En casa de herrero, cuchillo de palo?

Judith Mascó

Foto: Getty Images

Fue una de las primeras modelos españolas en triunfar en Estados Unidos. Veinte años después, sigue trabajando en el mundo de la moda. Asegura que, en este tiempo, ella y su armario han ganado experiencia. Acaba de convertirse en imagen de Unión Suiza, y afirma que una buena joya redondea un look.

Tiene cuatro hijas. Supongo que les encantará curiosear en su armario…

¡Sí! Lo miran todo, se prueban todo… A su edad yo era igual, estaba siempre enredando entre la ropa de mi madre. Hasta se reservan prendas para el futuro: «Mamá, cuando sea mayor quiero este vestido».

¿Es capaz de recordar toda la ropa que tiene?

Creo que sí, porque tengo bien organizadas todas las prendas que me pongo a menudo. Así puedo echarles mano en cualquier momento.Entre mis básicos hay un vestido de cóctel negro, un pantalón elegante, una camisa blanca…

¿Suele quedarse con la ropa que utiliza en sus trabajos?

Alguna sí. Las modelos tenemos la oportunidad de adquirir cosas a buen precio. Compro vaqueros Guess, los maravillosos pantalones denim de PDA y caftanes de Antik Batik para verano, que tienen un toque étnico que me sienta muy bien. También tengo camisas y cazadoras de Custo.

¿Todos esos vestidos con los que aparece en fiestas y photocalls son suyos?

No, son prestados. Y ahí sí que no caigo en la tentación de comprar: piensa que si aparezco en fotos con un vestido, ya no puedo volver a ponérmelo, así que… ¿para qué lo quiero?

La veo muy práctica…

Es que lo soy. Y me gusta mucho la comodidad. Creo que ese es el denominador común de la mayoría de mi ropa. Eso, y que me siente bien. Admiro a las mujeres que tienen un estilo propio, pero yo no lo tengo. Me visto según el humor del día…

La pieza más antigua de su armario…

Dos cazadoras de cuero. Una es de Loewe y me la regalaron hace 20 años tras un desfile. La otra me la compré. Le di mil vueltas a la inversión, porque me parecía carísima. Es de Carolina Herrera. Ambas están perfectas.

Fue una de las primeras españolas en triunfar al otro lado del charco. ¿No se volvió loca con las compras en Estados Unidos?

No, pero en Nueva York, en 1990, me encapriché de un traje de chaqueta de Thierry Mugler con cuello de piel de leopardo que llevé en una sesión de fotos. Lo compré y lo peor es que no lo usé nunca, me di cuenta de que no me pegaba…

Tenía usted 20 años, ganaba dinero… Algo más compraría…

En aquella época descubrí la lencería de Victoria’s Secret. Y curiosamente, con los años, acabé trabajando para ellos en sus catálogos de bañadores.

Hablemos de bolsos y zapatos.

Tengo muchos bolsos. ¿Mis favoritos? Una cartera de piel marrón de David & Scotti, un bolso morado de Le Tanneur… y acabo de descubrir los diseños de Coach. En cuanto a zapatos, me gustan mucho los de Ash, que tienen una horma que me resulta comodísima. También los de Paco Gil y Stuart Weitzman.

¿Qué es lo que le ofrece una joya que no le dé otro complemento?

Seguridad. Llevar una buena joya te ayuda a pisar fuerte.

¿Qué tiene un armario de una mujer de 40 años que no tiene el de una mujer de 20?

Más experiencia y sentido común.

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