Juan Echanove: «Aprecio el trabajo de un buen vendedor. Soy incapaz de resistirme»

Ha triunfado en el teatro, el cine y la televisión, pero el actor asegura que todavía tiene pendiente llevar en escena un esmoquin o un frac.

Juan Echanove

Foto: Cordon Press

Lleva tres décadas en el mundo de la interpretación, pero todavía le inquieta la inminencia de un estreno. Juan Echanove regresa a las tablas con la obra de teatro Conversaciones con mamá, una comedia tierna sobre las relaciones entre madres e hijos en la que comparte protagonismo con María Galiana.

Tanto tiempo en la profesión le habrá dado ocasión para vestirse de todo. ¿Alguna asignatura pendiente?

Pues sí. Me encantaría llevar en escena un esmoquin o un frac.

¿Le gustan esas prendas?

Me gusta la idea inglesa de la elegancia, que creo que da mucho juego escénico. Las camisas almidonadas, los faldones del frac, eso de «vestirse para cenar». Todo tiene que ver con la educación británica.

¿Qué es lo más raro que ha llevado en las tablas?

Cuando Lluis Pascual dirigió El público, de Lorca, interpreté el personaje de El Pastor Bobo. Y el figurinista, Fabiá Puigcerver, me puso cinco faldas sobre un refajo, una mantellina, una guerrera militar y un cachirulo. Y unas botas de madera en los pies.

¿Cómo se viste cuando no está trabajando?

Prefiero pasar desapercibido, en todos los sentidos. No me gusta llamar la atención.

¿Qué se pone para acertar?

Un traje de Toni Miró o de Roberto Verino. Es lo que mejor me sienta. Fuera de España, Armani.

Cuando va de shopping, ¿prefiere cantidad o calidad?

Calidad. Sé apreciar los tejidos, y prefiero un jersey bueno a cinco malos.

¿Le gusta ir de compras?

Me gusta que me atiendan bien. Aprecio muchísimo el trabajo de un buen vendedor, y soy incapaz de resistirme. Gracias a sus buenos oficios he comprado cosas que ni quería ni necesitaba.

Recuerde una prenda que comprase así.

Una trenca horrorosa que ni siquiera me quedaba bien. No la estrené. Se la regalé a mi hermano.

Una manía relacionada con la ropa.

Los zapatos. Todos los que tengo son de Lottusse. Conservo y uso algunos que tienen más de 20 años. Una condición indispensable para los zapatos. Que estén impecables. El actor Juan José Otegui, que yo creo que es el gran galán de la escena española, me dijo que si tenía que interpretar a un hombre descuidado y pasar una temporada sin afeitar y sin cortarme el pelo, procurase al menos llevar los zapatos relucientes.

¿Guarda ropa de sus personajes?

Siempre me quedo con una prenda. Como unos pantalones de Armani que usé en la obra Desaparecer.

¿Le van los complementos?

No demasiado. Llevo siempre el mismo reloj, este Omega al que hay que darle cuerda y que es el mismo que llevaron los astronautas en el primer viaje a la luna. Y me gustan los guantes de carpincho, que descubrí en Argentina y donde compré varios pares.

Nunca se pondría…

Algo de licra.

¿Qué es lo más bonito que hay en su armario?

Un abrigo de cachemir de Ermenegildo Zegna.

¿Se ha dado un capricho en forma de ropa?

Hace años, en Valencia, vi una cazadora de gamuza en un escaparate. Era carísima. Y dije: «Si llenamos el Teatro Principal todos los días, me la compro». Colgamos el «No hay billetes» durante un mes. Y la cazadora está en mi armario. La veo y recuerdo que la tengo gracias a unas semanas de éxito.

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