Jean Paul & Victoria

El incombustible enfant terrible de la moda parisina tiene mucho en común con su amiga y musa desde los 80: talento, madurez, buen humor y admiración por España.

Victoria Abril y Gaultier

Foto: Stéphane Gallois

En una de sus crónicas de corresponsal para la Gazeta de Notícias de Río de Janeiro, el diplomático y escritor portugués Eça de Queirós dejó escrito en 1896 que en Francia «la naturaleza, como la sociedad, le tiene horror al exceso (…). Este es un país que si tuviera leones, los cazaría para peinarles la melena, limarles las garras y enseñarles a rugir con los métodos del conservatorio». La sociedad parisina del siglo XXI hace tiempo que superó su fobia al exceso, si es que alguna vez la tuvo. Lo que no ha perdido es su amor por la belleza, la cultura y la seducción. De eso pretende dar testimonio la siguiente crónica de un encuentro entre dos artistas –la actriz Victoria Abril y el diseñador Jean Paul Gaultier– y de la sesión de fotos que tuvo lugar, un soleado día de noviembre, en el número 325 de la parisina calle de Saint Martin.

Victoria Abril: Bonjour, bonjour…

La actriz –madrileña de nacimiento, andaluza por vocación y parisina de adopción– ha llegado a la Maison Gaultier ataviada con sencillez y con una pequeña maleta de ropa y accesorios. Reparte sonrisas y saluda a todo el equipo de producción. Está dispuesta a ser vestida, calzada, maquillada, peinada, adornada… y fotografiada.

A usted le encanta que la mimen, ¿no?
V.A.: Claaaro.

Es un «claro» melifluo, coqueto, pero sin divismo. A lo largo de la sesión –y los preparativos que comporta–, Victoria desplegará todo su abanico interpretativo y su arsenal de sensualidad. El entorno se presta: para acceder a la Maison Gaultier, situada a dos pasos del Conservatorio Nacional de Artes y Oficios y al nuevo templo de la modernidad parisina, la Gaîté Lyrique, hay que atravesar una cortina de color negro. Solo después de subir la escalera de mármol que conduce a la antesala del atelier puede el visitante contemplar el ambiente creado por el diseñador Jurgen Bey: una estancia repleta de objetos vestidos de tela, opacados. Allí se rodó el documental Gaga by Gaultier (que emitirá  Canal+ en febrero). Y ahí aparece Victoria fotografiada con el modelo Mon nombril saigne du nez (Mi ombligo sangra por la nariz), de Gaultier.

V.A.: ¿Mi relación con Jean Paul? ¡Oh! Cuando llegué a Francia en los años 80 ya me volvía loca. Luego empezamos a trabajar con Pedro [Almodóvar], y con él llegamos a la ropa de alta costura. Que cosan para ti… eso es genial. El trabajo que hizo en Kika fue espectacular. Después, en los años 90, me puse vestidos de Dior para mi primera incursión en la música con Putcheros do Brasil; y para mi segundo disco, Olala!, que son canciones de amor francesas pasadas a los palos del flamenco, utilicé la colección de John Galliano inspirada en Andalucía. En el programa de conciertos de mi primer álbum John me escribió: «La voix qu’illumine le chemin» (La voz que ilumina el camino). Quelle beauté!

Tras sus escarceos con otros modistas, reencontrarse con Gaultier supone, para Victoria, algo parecido a volver a casa.

V.A.: Curiosamente, durante esos años en los que le fui infiel, siempre seguimos viéndonos cuando nos íbamos de marcha, fuera de París, en Cuba… Recuerdo una vez que estaba en un concierto de Chavela Vargas con Pedro y con Jean Paul. Yo le fui traduciendo al francés, al oído, todo lo que Chavela cantaba en español. Susurrando, para no molestar. Fue una experiencia fantástica. Gaultier es un hombre que está siempre con hambre, comiéndose la vida, con curiosidad… y se nota en su ropa. ¿Sabes? Es como si fuera una parte de mí, porque pasan los años y siempre volvemos a encontrarnos.

¿Y cómo se siente cuando viste los diseños de Gaultier, su amigo?

V.A.: Me vuelve loca su costura, porque está siempre llena de humor; toma lo mejor de nosotros, de cada pueblo, de cada cultura. Él no es francés, es internacional. No me canso nunca de Jean Paul.

Cuando Gaultier baja del taller a la sala donde estamos se pone de relieve la química que existe entre los dos: se intercambian recuerdos y verbalizan su admiración recíproca. El diseñador comenta los vestidos de prêt-à-porter y de alta costura que va a usar Victoria Abril para las fotos y la piropea.

Jean Paul Gaultier: Eres tú la belleza, no yo.

V.A.: [Sonríe, agradecida]. Mira, yo te explico, Jean Paul… Va a ser un reportaje-entrevista de los dos. Del Maestro y una de sus primeras musas. ¡Desde los años 80!

J.P.G.: Oui, es cierto. Una de las primeras. Le cuento a todo el mundo aquella vez que fuimos a ver una corrida de toros y me explicabas al oído, con esa voz tan sensual, tan dulce, todo lo que pasaba. ¡Se me puso la piel de gallina! Tuve palpitaciones en el corazón ¡gracias a ti! Fue como hacer realidad una fantasía.

Jean Paul Gaultier, corrida de toros, susurros, palpitaciones. Pienso que todo eso merece una explicación.

J.P.G.: Me inicié en la tauromaquia gracias a ella. Y me encanta. Pero mis primeros recuerdos de ese mundo vienen de la infancia. Antes de conocer España, cuando era pequeño, iba de vacaciones al sur de Francia, a Dax [de larga tradición taurina]. Aquello fue muy gracioso, porque mi abuelo estaba en contra de ese espectáculo y gritaba «¡Viva el toro!» en plena corrida [risas], y no quería que fuera. Pero yo soñaba con ellas. Con ocho años vi salir a los toreros de la plaza de Dax con sus trajes de luces y me quedé extasiado. Después me invitaron a Sevilla a ver mi primera corrida. El cielo azul, la luz increíble, la arena, las mujeres con trajes de flamenca… todo era como me imaginaba de pequeño. Mi segunda experiencia taurina fue con Victoria, quien con su sensualidad me explicó todo lo que pasaba, la reacción del público… fue algo emotivo… ¡y tórrido!

Mientras Hiro, la estilista de uñas japonesa, les enseña a Jean Paul Gaultier y a Victoria los ornamentos que va a aplicar durante la manicura, la actriz no pierde ocasión de bromear sobre la posibilidad de meterle el pie en la boca al diseñador para darle un toque bondage a las imágenes de este reportaje. De las chanzas pasamos a los proyectos personales.

Victoria, una actriz consagrada y muy querida en Francia, sigue rodando películas, pero ahora está de actualidad por una exitosa serie de televisión, Clem, en la que interpreta a la madre de una adolescente embarazada. Todo en Victoria Abril se traduce en amor.

V.A.: Yo me vine a Francia por amor. ¡Y por amor me he quedado! Tuve dos niños maravillosos, con lo cual te quedas por amor, porque no vas a dejar a los niños sin padre [tras su separación]. Ahora, que ya son grandes y que ya vuelvo otra vez a ser libre, me vuelvo a ir por amor a Londres, a partir de la rentrée del próximo año. [En este caso, por su hijo Félix, que se ha ido a estudiar a la capital y que ha conseguido camelar a Victoria, a su novio Nico y a su hermano para que se trasladen allí]. Estaré a dos horas y media de París, y yo sigo trabajando aquí, o donde toque, porque este año he hecho una película en Macedonia [se refiere a The Woman Who Brushed Off Her Tears, dirigida por Teona Strugar Mitevska] y otra película en Francia, Mince Alors, con Charlotte de Turckheim, que se estrenará en marzo.

La actriz habla también de cómo redescubrió el cine en un país muy cinéfilo donde no faltaban buenas películas. Pero lo que más valora Victoria de Francia es el respeto.

V.A.: Eso no ha cambiado desde que llegué a este país: el respeto de los medios de comunicación a mi persona y a mi familia y, lo que es más importante, la sensación de ser amada. En 30 años que llevo aquí nunca he tenido que esconderme, ni cambiar a mis niños de colegio… Este lugar me ha permitido educar a mis hijos en un ambiente normal. Además, Francia es un país con tantas culturas, con tantas razas… Eso sí, cuando tengo ganas de marcha, de fiesta, cojo y me voy a Málaga.

J.P.G.: Mi amor por España viene de la infancia. Mi familia veraneaba en el País Vasco francés, con lo cual cruzábamos a menudo la frontera y, como le comenté, visitábamos Dax, donde conocí el mundo de los toros, toda esa imaginería… De adolescente, quise ir más allá de esas referencias un poco folclóricas. Aprendí muy bien el idioma e incluso ¡pensé en ser profesor de español! Amo vuestra cultura, las costumbres, el carácter amable de la gente (¡hasta en el mundo de la moda!)… Me encantan el Palacio Güell, Gaudí, el art nouveau, la arquitectura vanguardista, la riqueza culinaria y las tradiciones que perduran en la cultura española. De ese país solo guardo buenos recuerdos e historias de amor.

En España, los dos han trabajado, mano a mano, con Pedro Almodóvar. ¿Se reavivará algún día la relación entre Victoria y el cineasta manchego?

V.A.: Estoy al borde de un ataque de nervios porque Marisa Paredes me llamó hace días para decirme que había leído o escuchado que Pedro dijo que quería volver a trabajar conmigo. Hace 17 años que hicimos la última película juntos. Ahora estoy mucho más capacitada para trabajar con él y volver al humor, porque ¡lo necesitamos tanto! Sobre todo ahora, que ya estamos en los 50. Que ya no hay preguntas, que ¡ya solo tengo respuestas! Aquí me siguen preguntando: «¿Cuándo será tu próxima película con Pedro Almodóvar?».

El tratamiento cinematográfico de la mujer me sirve para preguntar si hay razones suficientes para alegrarse de la evolución de las féminas y del papel que ocupan actualmente en la sociedad.

J.P.G.: Ha evolucionado muchísimo. Siempre fui consciente, al haber crecido rodeado de mujeres, de la desigualdad y la injusticia en la relación entre ambos sexos. Y luego pensé que en el mundo de la moda a menudo se mostraba a la mujer en plan «sé guapa y cállate», como Brigitte Bardot en la película Adorable idiota. Eso me chocaba, porque las mujeres no me parecían, en absoluto, idiotas, y yo las veía mucho más interesantes que los hombres. Después, al dedicarme a diseñar moda, he sido consciente de la cantidad de elementos presentes en la vestimenta que tienen relación con el machismo.

V.A.: ¡Claro que ha cambiado! Venimos del infierno. Cuando me casé a los 17 años necesitaba el permiso de mi marido para coger un avión y poder ir a trabajar. Las generaciones de ahora no se dan cuenta de dónde venimos. Hay que seguir luchando: no hemos llegado a la igualdad de salarios, de posibilidades, de puestos de trabajo.

El nombre del perfume masculino que lanzará en primavera Jean Paul Gaultier, Kokoriko, nos da pie para hablar de su concepto del hombre.

J.P.G.: En 1985, cuando creé mi primera falda para hombre, el fotógrafo Stéphane Sednaoui, quien durante un tiempo trabajó como modelo en mis desfiles, me mostró un sarong [pareo balinés] que se había traído de unas vacaciones en Bali. Yo le enseñé las faldas que estaba diseñando. Y él, que tenía una imagen muy masculina pero moderna, no tenía miedo a vestirse de una forma más femenina. Se prestaba a explotar su lado más sensible. Hoy en día, la fragilidad y la feminidad del hombre ya no son un tabú como antes. Y también hemos evolucionado en el sentido de que hay un nuevo tipo de mujer que tampoco tiene miedo a enfrentarse a ese macho.

Gaultier habla desde la madurez que le reportan sus más de 35 años de carrera profesional. Quizá sea la misma experiencia la que le lleva a asegurar –cuando le pregunto si conoce los movimientos de los indignados– que «el sistema no funciona, eso es obvio». Menciona la saturación publicitaria, la competencia salvaje… Por momentos, parece añorar una especie de slow fashion.

Cuando llega el momento de hacer las fotografías, Victoria y Jean Paul comienzan a jugar, interpretan, se toquetean y hacen partícipes de sus movimientos a todos los que estamos presentes. La actriz ha pintado un cuadro para la ONG Orphan Aid Africa que ha titulado Infinita tristeza, pero cuando se trata de ser inmortalizada todo es alegría. Introduce un leve apunte burlesque que convierte la sesión en un espectáculo con tintes almodovarianos. El diseñador, pura bondad, se deja llevar y disfruta como un niño. Se le ve realmente feliz con su musa y amiga. Antes de despedirnos, Victoria me habla de sus ganas de seguir con la pintura y de su próximo espectáculo audiovisual, que será su «cuaderno de viajes en música y en imágenes». Los ojos le brillan al pensar en sus futuros proyectos londinenses.

V.A.: Voilà. Vida nueva, vida nueva.

Victoria Abril y Gaultier

Victoria Abril.

Stéphane Gallois

Victoria Abril y Gaultier

Jean Paul Gaultier: «Amo vuestra cultura, las costumbres, el carácter amable de la gente… ¡hasta quise ser profesor de español»

Stéphane Gallois

Victoria Abril y Gaultier

Victoria Abril: «Jean Paul es un hombre que está siempre con hambre, comiéndose la vida, con curiosidad. Y todo ello se nota en su ropa».

Stéphane Gallois

Victoria Abril y Gaultier

Jean Paul Gaultier

Stéphane Gallois

Victoria Abril y Gaultier

Stéphane Gallois

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