Jay Sebring, la historia del estilista estrella de Hollywood asesinado en la matanza de Manson

En el 50 aniversario de su asesinato en el crimen perpetrado por Charles Manson y sus seguidores, recordamos al que fue el peluquero de las estrellas de la época.

Jay Sebring, la historia del estilista estrella de Hollywood asesinado en la matanza de Manson

Jay Sebring y Sharon Tate en 1966. Foto: Getty Images

Charles Manson no solo tuvo el poder de dirigir a los miembros de su secta también conocida como ‘La Familia’, sino que también logró contaminar el recuerdo de las personas a las que asesinaron el 9 de agosto de 1969 en el 10050 de Cielo Drive (Los Ángeles). Junto a Sharon Tate, dueña de la vivienda y embarazada de ocho meses, también se encontraban Voytek Frykowski, Abigail Folger, Steven Parent y Jay Sebring. Todos perdieron parte de su identidad para pasar a la historia tan solo como víctimas de un demente. Ahora, cuando se cumplen 50 años del suceso y con tres películas sobre el tema en marcha, sus nombres vuelven a salir a la luz, pero con el mismo papel.

Tate y Sebring eran los más famosos de la malograda pandilla. Ella fue actriz en películas como El baile de los vampiros o El Valle de las muñecas y estaba casada con el director de cine Roman Polanski. Aunque era más conocida por su belleza y su matrimonio que por su talento, su carrera profesional iba en ascenso y su vida personal estaba en un momento dulce, ya que la maternidad era un objetivo que llevaba tiempo buscando. El renombrado estilista, exnovio y posterior mejor amigo de la actriz, Jay Sebring, se encontraba junto a ella esa noche y su identidad quedó incluso más eclipsada en la memoria colectiva. La biografía individual de Sebring y sus logros personales -que no fueron pocos- solo se recuerdan en los círculos de Hollywood y por aquellos interesados en las entretelas históricas de la industria.

Jay Sebring, a la izquierda, junto a Roman Polanski, Sharon Tate y algunos amigos, en 1968. Foto: Getty Images

Quién fue Jay Sebring en realidad

Nació como John Kummer y creció en Michigan. Mientras servía en la Marina durante la Guerra de Corea aprendió a cortarse el pelo y, cuando regresó a Los Ángeles, ya era Jay Sebring (se bautizó así en homenaje a un célebre circuito de carreras de Florida). Un peluquero dispuesto revolucionar el sector y, también digno de mencionar, a convertirse en un casanova que circulaba por las calles de la ciudad con un Mustang Cobra y ropa de última tendencia.

Abrió el salón de peluquería Sebring, que tenía una entrada secreta y una sala de tratamientos de belleza privados que más bien utilizaba como picadero. Pero no se ganó su fama profesional gracias a sus artes amatorias, sino a su talento para innovar. Sustituyó los anticuados secadores de casco por aparatos de mano importados de Europa, dio un aire moderno a su local y, sobre todo, consiguió cambiar la relación de los hombres con su peluquero.

El “Sebring Look” enseguida se popularizó entre los caballeros de la ciudad, que se dejaron aconsejar por el profesional, aceptando que les lavase el cabello antes de cortárselo y que les echase laca en lugar de la habitual cera británica Brylcreem. Su precio era muy superior al del resto de salones, que cobraban dos dólares aproximadamente por corte: en Sebring el primero eran 25 dólares, aunque si el cliente regresaba la tarifa descendía a 15 dólares. Pero el sentimiento de exclusividad siempre tiene gancho y en Los Ángeles en aquel momento había suficiente dinero como para llenar su salón de hombres antojadizos y presumidos.

Jay Sebring cortándole el pelo a Paul Newman. Foto: Getty Images

Por allí pasaban estrellas del cine como Paul Newman, Steve McQueen o Warren Beatty (quien supuestamente se inspiró en el peluquero para construir su personaje en la película Shampoo, de 1975). Su renombre le permitió abrir sucursales de Sebring en Nueva York y Londres, y Frank Sinatra y Sammy Davis Jr. reclamaban su presencia en Las Vegas para tener su pelo siempre perfecto. También participó en los estilismos capilares de películas como Dos hombres y un destino, Operación CIA y The Thomas Crown Affair, e incluso llegó a actuar en algún capítulo de series como Batman. Por si fuera poco, la revista Allure también le atribuye la creación de la mítica melena de Jim Morrison. Era una estrella entre las estrellas.

En 1964 conoció a Sharon Tate a través del columnista de Hollywood Joe Hyams. Tardaron muy poco en hacerse novios y estuvieron juntos hasta que ella conoció a Roman Polanski en el rodaje de El Baile de los vampiros tres años después. Sin embargo, su relación no terminó ahí sino que evolucionó hacia una amistad muy estrecha. De hecho, en uno de los relatos de la historia de la matanza que acabó con la vida de ambos, se afirma que Sebring murió intentando defender a la actriz.

En el momento de su fallecimiento, el peluquero estaba intentando formar un sindicato de profesionales de la industria de la belleza para proteger los sueldos de los trabajadores. Cuando le asesinaron tenía solo 36 años, así que su carrera se preveía larga y próspera. Antes de que Manson y su recua fuesen acusados como culpables, por la ciudad corrieron numerosas teorías sobre lo que había ocurrido, casi todas relacionadas con drogas y orgías que ponían en el punto de mira a Sebring por su disoluta biografía. El tiempo lo puso todo en su lugar, pero solo Steve McQueen pronunció unas palabras de recuerdo en su funeral, antes de que ‘La Familia’ acabase con todos también de manera metafórica.

Será el actor Emile Hirsch quien dé vida a su personaje en Once Upon a Time in Hollywood, la película de Quentin Tarantino que recuerda el caso. Foto: Getty Images

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