Jamie Cullum: “La imperfección refleja mejor lo que somos los seres humanos”

De gira con su último disco, Interlude, Jamie Cullum nos hace un hueco para hablar de su nuevo sonido.

Jamie Culum

Foto: Mirta Rojo

Algo despeinado, probablemente cansado –le pillamos entre sus dos conciertos en el Circo Price de Madrid– y, sin embargo, cálido y cercano. Así descubrimos a Jamie Cullum en plena gira de presentación de su último disco, Interlude, en el que el artista británico ha colaborado con grandes del jazz con grandes como Gregory Porter, y con jóvenes figuras como James Allsopp o el pianista Ross Stanley. Resultado de su encuentro con el productor Ben Lamdin, el álbum ha supuesto su salto de lleno a la improvisación y una apuesta por un sonido «más sucio». Antes de nuestra charla, pide disculpas por dejar su móvil sobre la mesa (“espero que llame mi mujer para darme los buenos días”, explica) y pide un pincho de tortilla para desayunar.

¿Qué sensaciones tiene del concierto de anoche?

Fue fantástico. Siempre es una gran experiencia tocar para españoles, porque son muy expresivos y apasionados.

Tiene muchos fans en nuestro país.

Ha sido increíble para mí ver cómo estos últimos cinco años mi público aquí ha crecido tanto, de una forma natural, orgánica. Gente joven, mayor, de todo tipo. Los hay que aprecian los temas más pop, otros mi lado más jazz… Este es un gran país para actuar. Creo que todos los británicos querrían ser españoles, de todas formas [risas].

¿Qué quiere transmitir con esta gira?

Estoy presentando un disco muy diferente. El centro de atención de este show está en los músicos, en las colaboraciones, y quizá el resultado sea un sonido más clásico. Tenemos una gran banda, con siete u ocho músicos.

¿Cuál fue el momento más especial de anoche?

Hay dos trombones en la banda, ambos bastante guapos [risas]. En uno de los temas, tienen una batalla de trombones. Una pelea muy estilosa, imagínate.

¿Quién ganó?

El público.

¿En qué sentido es diferente el sonido de su nuevo álbum, Interlude?

Hice este disco antes incluso de que supiera que estaba haciéndolo. Entrevisté a Ben Lamdin para el programa de radio que tengo en Inglaterra. Es un gran músico y productor, y nos hicimos amigos enseguida. Nos citamos seis meses después y nos pasamos tres días metidos en el estudio, sin una idea clara de lo que íbamos a hacer. No se trataba de grabar un álbum, sino de divertirnos. De ahí salió el material del disco, y tres o cuatro temas más, en sólo tres días. De repente me di cuenta de que teníamos algo bueno. Luego me estuve preguntando si al público le resultaría confuso que hiciera algo de jazz tan puro. Pero luego pensé que mis fans saben que me gusta experimentar, y que estaría bien compartirlo.

¿Hubo mucha improvisación?

Sí, un montón. A cuatro manos. Y grabábamos las canciones a la primera, a la segunda como mucho, así que no hay intentos de hacerlo bien una y otra vez. Interlude nació de la pasión del momento. Es una pura expresión de mi amor por el jazz.

Por eso el sonido es mucho más 'sucio'.

Sí, mucho. Hemos grabado en analógico, no limpiamos los errores, los músicos estaban todos en la misma sala, sin auriculares, con muy pocos micrófonos… esto cambia muchísimo el efecto.

Ha dicho en alguna entrevista que se encuentra cierta perfección en esta imperfección.

Desde luego, porque refleja mejor lo que somos los seres humanos. Somos imperfectos, no tenemos la oportunidad de repetir una y otra vez las cosas hasta que salen bien.

¿Qué reflejan las letras?

No son mías, pero sí que las he elegido, así que supongo que reflejan en cierto modo que he crecido. Hablan de alguien que ha vivido, que ha estado perdido, que ha sido herido y amado, o que ha experimentado una auténtica alegría. No la de los adolescentes o los vienteañeros cuando van de fiesta, sino un nuevo nivel de comprensión.

¿Más maduro?

Sí. Odio esa palabra, pero sí.

¿Ya no le molesta lo de niño prodigio?

Hagas lo que hagas eres un reflejo de tu historia. Cuando tienes 21 y escribes sobre corazones rotos, compartes tu experiencia de hombre joven. Ahora aún lo soy, tengo 35 años, estoy casado, tengo dos hijos (uno de año y medio, otro de tres años y medio). Mi perspectiva es diferente. Pero mientras cuentes una historia de forma honesta, eso es lo importante.

¿Cómo lleva el tema de la fama?

No tengo que luchar con ello, en realidad. En cierto modo soy famoso, porque la gente viene a mis conciertos y a veces me reconocen por la calle, pero no vivo como si lo fuera. Viajo en business en los aviones, tengo mi propia casa, en el campo. No es muy grande, pero es mía. También me invitan a los Grammy o a los Globos de Oro, pero aparte de eso sigo quedando con mis amigos, hago jardinería, voy a restaurantes con mi mujer, llevo a los niños a la guardería… No vivo como Beyoncé y Jay- Z. Nunca soñé con ser famoso. No es que me parezca algo malo, pero no soy ambicioso ni me gusta llamar la atención. Me gusta que me escuchen cuando toco, pero nada más.

¿Le haría ilusión que sus hijos se dedicaran a la música?

No tienen por qué hacer suya mi pasión. Lo que querría es que ellos pudieran desarrollar la suya propia: por la fontanería, por pintar, por lo que sea. No tiene por qué ser una profesión creativa, pero realmente ayuda en la vida dedicarse a lo que te gusta.

¿Se arrepiente de algo en su carrera?

Fueran cuales fuesen las decisiones que tomé al principio me han traído hasta aquí, y puedo tocar, hacer festivales, etcétera. Así que no me arrepiento de nada, en realidad. Quizá no me haga feliz Everlasting Love, el tema que hice para la banda sonora de la película El diario de Bridget Jones. No es que no me guste, pero es la única cosa en toda mi carrera que me han pedido que hiciera. Me dijeron que era una gran película, que me subiría a otro nivel. Y tenían razón, pero cuando estaba haciendo promoción me sentía poco auténtico. Me hizo muy popular y no creo que esté mal, pero no fue mi elección.

¿Qué nuevos grupos ha descubierto últimamente que le hayan influido?

En los últimos cinco o seis años ha tenido mucha influencia sobre mí el sonido de Arcade Fire, sus instrumentos acústicos, y su ritmo, percusión, cuerda… El sonido de Flying Lotus también me encanta. Y el pianista y compositor Ben Folds.

¿Qué espera del futuro?

¿Realmente? Tener la oportunidad de seguir haciendo esto. Ahora mismo vengo a sitios increíbles como Madrid y colaboro con grandes músicos. En España hay grandes artistas del flamenco y grandes estrellas del pop como Alejandro Sanz, Pablo Alborán, o artistas maravillosas como Silvia Pérez Cruz. Siento que poco a poco voy conociendo mejor la cultura española. Me gustaría venir el próximo verano con mi familia a festivales y quedarnos durante tres o cuatro semanas. Este es un sueño que estoy viviendo ahora, y me gustaría que siguiera siendo así en el futuro. He cumplido otros, como tocar con Billy Joel en el Madison Square Garden, cosas así. Pero honestamente, creo que hay una cosa que aún no he logrado. Escribir una canción que se traduzca en todo el mundo. No me refiero a un hit del pop. No me malinterpretes, me encanta Katy Perry, pero no me refiero a eso, sino a algo especial, que conmueva a mucha, mucha gente. Sueño con conseguir eso. Seguiré componiendo canciones. Quizá lo consiga, quizá no, pero sería fantástico.

¿Se pasa el día componiendo, pensando en música?

Sí. A veces desearía no hacerlo. Y mi mujer también [risas]. Pero ella también es creativa, y eso ayuda un montón.

¿Alguna vez pensó en ser otra cosa? ¿Por ejemplo, actor?

Dios mío, no. Odio actuar. Me gusta escribir. Quizá escribir libros o hacer zapatos.

¿Qué tipo de zapatos?

De cuero viejo, muy ingleses. O sneakers, que también me encantan. Quizá diseñaría zapatillas para Nike o New Balance. De hecho las colecciono.

¿Es un fashionista?

Adoro la ropa. Viajar a Japón ha hecho que la ame más. Allí tienen una gran pasión por la moda, me fascina cómo trabajan el detalle. Me encantan los diseñadores japoneses.

¿Tiene alguna prenda fetiche sobre el escenario?

Suelo llevar trajes de Saint Laurent, que favorecen mucho. Pero esta chaqueta [una chupa de cuero que lleva puesta] la tengo hace diez años y la llevo siempre conmigo. No sobre el escenario pero sí de viaje, cuando la tengo es como estar en casa. Me sirve de almohada, es práctica en verano, en invierno… Estamos muy unidos. Y pierdo mis gafas de sol una vez a la semana, así que compro muchas.

¿Cómo calificaría su estilo?

Supongo que me gustan los elementos clásicos de la moda masculina, per también el streetstyle japonés, las deportivas… Creo que aún estoy trabajando en ello [risas].

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