¿Inspiró una canción sobre el incesto las acusaciones contra Woody Allen?

El director acusa a Mia Farrow de copiar la escena con su hija Dylan de un tema que compuso la primera mujer de su anterior marido, Dory Previn. La cantautora detestaba a Mia y le dedicó también una rencorosa balada.

Woody Allen

Dory Previn.

Entre las alegaciones que se han cruzado los Farrow (Mia, Dylan y Ronan) y los Allen (Woody y Soon-Yi Previn), las hay criminales (las que todos conocemos), confusas (cuando Soon Yi acusa a Mia de no haberle enseñado a maquillarse), perturbadoras (todas). En esa última categoría entra una idea que el director de Annie Hall expresó en el artículo de autodefensa que escribió en The New York Times en 2014. Ahí dice que él no iba jamás a la azotea en la que supuestamente abusó de su hija Dylan un 4 de agosto, que ésta era una habitación angosta y llena de trastos que sólo había pisado en dos ocasiones en las que Mia le enviaba a buscar cosas. Llegados a ese punto, esboza una hipótesis relacionada con el segundo marido de Farrow, del músico André Previn y su mujer Dory Previn: “La idea del altillo le vino a Mia de la canción de Dory Previn With My Daddy in the Attic (Con mi papá en el altillo). Estaba en el mismo disco que la canción que Dory Previn escribió sobre la traición que cometió Mia al robarle su marido, André, Beware of Young Girls (Cuidado con las chicas jóvenes). Uno debe preguntarse: ¿escribió Dylan esa carta o fue como mínimo orientada por su madre?” Es decir, Allen cree que cuando Mia Farrow “inventó” las alegaciones de su hija Dylan, en 1993, recurrió a una canción que la primera mujer de su segundo marido (y padre adoptivo de Soon-Yi) escribió sobre la relación que tenía con su propio padre. Es probable que esta retorcida idea no sea del propio Allen, porque el primero que la expresó fue el columnista Jerry Adler en Newsweek en 1992.

Woody Allen

Mia Farrow y André Previn bajando de un avión con dos de sus hijos 1970. (Getty)

La canción relata un escenario de incesto, en el que la niña, es de suponer que la propia Dory, y su padre yacen en un colchón con una vieja funda de almohada, “con la puerta cerrada para mamá”. “Mi oscura atracción yace con su locura en la mesilla de noche, al lado de su pistola cargada, en la terrorífica cercanía de sus ojos”, prosigue la letra. En ese mundo, el padre y la niña vivirán para siempre “comiendo galletas saladas con mantequilla de cacahuete”, lejos de las miradas inquisitivas de los vecinos y de los “futuros maridos”. ¿Lo más raro de todo? El padre toca el clarinete.

Todo ese álbum, On My Way to Where? (1970) supuso el estreno de Dory Previn como cantautora extremadamente confesional. Antes era conocida como compositora de música para el cine, que a veces firmaba a medias con su marido, André Previn. Si una canción tan tenebrosa pasó desapercibida es porque entonces todo el mundo se fijó más en ese otro tema que menciona Allen, Beware of Young Girls. La compositora nunca ha ocultado que dirigió esa canción a su ex amiga Mia Farrow quien, efectivamente, inició una relación con André Previn cuando acababa de divorciarse de Frank Sinatra. “Ella era mi amiga, mi amiga, la invitábamos a casa. Oh, sí, lo era y sabía que mi amor era verdadero y que no una cosa ordinaria. Ella admiró mi anillo de casada (…) mi amiga, nos enviaba pequeños regalos de plata. Oh sí. ‘Qué pareja tan feliz’, dijo inevitablemente mientras miraba mi cama deshecha. Ella admiró mi cama deshecha”, canta Previn en la que se convirtió en su canción más famosa y de la que acabó bastante harta, puesto que la reducía toda su notable carrera al lamento de una esposa despechada.

Farrow conoció a los Previn, que habían compuesto la música para El valle de las muñecas y Cualquier día en cualquier esquina, de encontrárselos en las fiestas del Hollywood más o menos alternativo que empezaba a configurarse en respuesta al Hollywood que representaban los padres de Farrow, la actriz Maureen O’Sullivan y el director y productor John Farrow. En sus memorias tituladas What Falls Apart, Mia cuenta que mientras rodaba John and Alice en Nueva York con Dustin Hoffman “una relación se formó con André Previn por teléfono” (curiosa esa forma pasiva). La situación de ambos, dice, había cambiado. Ella ya estaba divorciada de Frank Sinatra y Previn “pasaba la mayor parte del tiempo separado de su esposa”. André le invitó a la granja que había alquilado en Irlanda y ahí empezó un romance que en breve produciría los dos primeros hijos del a pareja, los gemelos Matthew y Sascha.

Dory Previn tenía otra versión del asunto. La cantautora tenía un largo historial de enfermedades mentales y había pasado varias temporadas en hospitales psiquiátricos, de manera que sí es posible que André Previn pasase bastante tiempo solo en Londres, donde se había convertido en el director de la London Simphony Orchestra. Pero cuando un periodista le llamó para preguntarle qué le parecía la relación de su todavía marido con la protagonista de La semilla del diablo que, por cierto, estaba embarazada, Previn sufrió la peor de sus crisis nerviosas. Se subió a un avión con destino a Londres con la idea de salvar su matrimonio pero al subir, dice, escuchó a una mujer lanzar un grito desgarrador. La mujer era ella. Así lo cuenta en sus memorias, Bog-Trotter (1980). Nunca llegó a despegar con ese avión. Se la llevaron a un psiquiátrico y ese episodio también está reescrito y musicado en la canción Twenty Mile Zone, en la que los policías detienen a una mujer que está gritando en su coche.

Previn, que falleció en 2012 y dejó una interesante y no suficientemente celebrada carrera como cantautora (temas como The Lady with the Braid están a la altura de la mejor Joni Mitchell o Carole King), dio la impresión de haber perdonado a su ex marido, con el que volvió a colaborar en 1997, y del que dijo: “me dejó por otra mujer, pero yo le había dejado ya por otra realidad”. Sin embargo, nunca superó su rencor por Farrow. En el citado libro reescribe su famosa canción anti-Mia dándole una pátina aun más amarga, llena de metáforas tan confusas como siniestras: “Cuidado con las chicas jóvenes (…) desesperadas por conseguir la legitimidad a base de acostarse con tu rey mítico. Están bien entrenadas por sus madres, sus abuelas y sus bisabuelas, están programadas para creer que su única defensa es hacer que otro cordero esté igualmente perdido”.

Por su parte, André y Mia tuvieron tres hijos biológicos, los gemelos y otro niño llamado Fletcher, y tres adoptivos, Soon-Yi, Lark y Summer. Se separaron en 1979 y en 1980 empezó la relación entre Mia y Woody Allen. En su explosiva entrevista de hace unos días a la revista New York, Soon-Yi defiende que Allen no fue jamás para ella una figura paterna porque su padre fue siempre Previn a pesar de la distancia.

Woody Allen

Dory y André Previn. (Getty).

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