«Pensaba que solo los hombres podían dirigir»: Greta Gerwig, la realizadora de ‘Mujercitas’ explica su pasión por las mujeres que escriben

Greta Gerwig ha pasado de ser icono del cine indie a realizadora de culto. Nada es imposible para ella. Ahora adapta su libro favorito, Mujercitas, con un reparto estelar.

«Pensaba que solo los hombres podían dirigir»: Greta Gerwig, la realizadora de ‘Mujercitas’ explica su pasión por las mujeres que escriben

Greta Gerwig durante la promoción de 'Mujercitas' en Londres. Foto: Getty

Jo March siempre fue el modelo a seguir en la vida de Greta Gerwig (Sacramento, California, 1983). Fuerte, divertida, independiente, sensible, concienciada, escritora… Cualquiera de estos adjetivos podría servir para definir tanto a la actriz, guionista y directora como a la protagonista de Mujercitas. Ahora Gerwig y el clásico literario escrito en 1868 son uno gracias a la adaptación cinematográfica que acaba de realizar de la obra de Louisa May Alcott, que se estrena el 25 de diciembre con Saoirse Ronan, Emma Watson, Florence Pugh y Eliza Scanlen como las hermanas Jo, Meg, Amy y Beth March y Laura Dern y Meryl Streep en el reparto.

¿Un sueño de infancia hecho realidad o un nuevo acto de rebeldía dentro del sistema de esta joven iconoclasta que con dos candidaturas al Oscar en el bolsillo [en 2017, por el guion original y la dirección de Lady Bird] va a por esa estatuilla que tanto rehúye a las mujeres en una industria de hombres?

En solo una década ha pasado de actriz fetiche del mundo indie a dirigir una de las películas más esperadas, esta nueva adaptación de Mujercitas.

Suena trepidante. Y así se siente. Me considero muy afortunada. Y a la vez, si le hicieras esta pregunta a mi yo de hace 10 años, a la que iba a todas las audiciones y se dejaba la piel en los trabajos más absurdos para pagar el alquiler, a lo mejor la respuesta no sería la misma. Soy muy afortunada, pero he pasado por todo. Parece que ha sido muy rápido, pero conozco las penurias, el aprendizaje, el sentimiento de que todo se eterniza, de que el momento no llega.

¿Cuándo sintió que ese momento había llegado?

Con la candidatura al Globo de Oro por Frances Ha [que también protagonizó]. Era mi primer trabajo como guionista y recibir tal reconocimiento por una película tan pequeña y en blanco y negro me emocionó. Hollywood se había dado cuenta de mi existencia, ¡fue un empujón! Luego vino la maravillosa acogida de Lady Bird, a la que estoy muy agradecida porque me dio seguridad para acometer más adelante un proyecto tan grande como Mujercitas. La historia de Jo March es mi historia. Hablamos de un texto que me ha gustado toda la vida. Es mi libro preferido, el que me leía mi madre en la cama y el que me hizo pensar que podía ser escritora. Por eso cuando me enteré de que se iba a hacer una nueva adaptación tuve la seguridad necesaria para ir a los estudios Sony y decirles: «Soy vuestra directora». Amy Pascal, una productora brillante, me creyó y no solo quiso hacer la película conmigo, sino también hacerla a lo grande, con un reparto espectacular.

¿Qué es lo que tiene la obra de Louisa May Alcott que sigue conectando con el público 151 años después de su publicación?

Su sinceridad. Lo normal es que exista una gran diferencia entre lo que uno vive y lo que escribe. Pero cuanto más me sumergía en el viaje de Jo March, el de una mujer que quiere ser escritora en un mundo de hombres, más honesta me parecía su narración. Las emociones de sus protagonistas, especialmente de niñas, están cargadas de sinceridad. Es increíble la lista de mujeres que se han sentido influenciadas por este libro. Desde Simone de Beauvoir a Elena Ferrante, J. K. Rowling, Anna Quindlen o Patti Smith. La relación es larga y diversa. Y es que el concepto de una mujer queriendo ser escritora, dueña de su destino, es completamente revolucionario. Tanto entonces como ahora, cuando seguimos hablando sobre la paridad salarial y de oportunidades laborales para la mujer.

Enamorada artísticamente de Woody Allen, con quien finalmente trabajó en A Roma con amor en 2012, Gerwig solía citar al realizador neoyorquino como su referente cinematográfico. Pero su espíritu feminista y la presión pública a la que se vio sometida en la era del #MeToo la llevaron a cambiar su discurso, más concienciada que nunca sobre lo importante que es mantener un frente unido que apoye a la mujer y también más conocedora del peso que puede tener la fama a la hora de expresar tus opiniones.

¿Realmente ha mejorado la presencia femenina en Hollywood?

Los avances son grandes. Mucho. Eso es indudable. Se lo debemos a mujeres como Louisa May Alcott, a Jo March, que han labrado el camino que ahora disfrutamos. Jo nos dio permiso para escribir. Y 151 años más tarde el cine como medio nos permite llevar este mensaje a las nuevas generaciones. Mi película está especialmente dirigida a las adolescentes, a las jóvenes de 15 años, para que disfruten con la trama, pero también para animarlas a que lean, para que ellas también piensen que pueden ser escritoras. Eso no quita que haya que seguir luchando. Hay demasiadas historias que te rompen el corazón. Pero prefiero cultivar la esperanza, especialmente cuando miro a mi alrededor y en los últimos años veo cómo han florecido talentos como los de Patty Jenkins o Dee Rees, Maggie Betts o Valerie Faris, todas ellas mujeres que están dirigiendo a mi lado, con las que coincido en los festivales y con las que estoy demostrando que podemos hacer lo mismo que los hombres.

¿Por qué el cine? ¿Cuál fue su llamada?

Me encanta el medio. Estoy perdidamente enamorada del cine en cualquiera de sus facetas. Siempre he sabido que esto era lo que quería. No tengo ninguna preparación formal; mi escuela ha sido todo el tiempo que he pasado en un set, delante o detrás de las cámaras. Y siempre supe que iba a acabar dirigiendo y escribiendo… Aunque como me gusta tanto el cine he estado dispuesta a hacer, y he hecho, cualquier trabajo que me echaran con tal de formar parte del medio.

¿Hubo alguna película que le abriera los ojos?

Siempre me inspiraron las mujeres realizadoras. La primera que me abrió los ojos fue Claire Denis, con Buen trabajo. La vi en la universidad, a los 19 años, y marcó un antes y un después para mí. Nunca había visto nada igual. Y no sabía que era una mujer, pensaba que era un nombre muy raro para ser un hombre… Así estaba de condicionada, pensaba que solo los hombres podían dirigir. No es que en ese momento dijera ‘Yo quiero dirigir’, pero sí que se me quedó la idea de que me gustaría llegar a hacerlo.

Greta Gerwig con el equipo de ‘Mujercitas’. Foto: Getty

¿Su éxito como directora significa el fin de su carrera de actriz?

No realmente. Me encanta la interpretación y, aunque siempre quise dirigir, mis 10 años como actriz han sido la mejor escuela de cine. En la actualidad no tengo ningún plan como actriz en cine, pero en teatro estoy preparando la obra Tres hermanas, de Chéjov, para su estreno en Nueva York la próxima primavera. Va a ser otro momento aterrador y a la vez emocionante, porque voy a trabajar junto a Oscar Isaac, que fue a Juilliard [prestigioso conservatorio neoyorquino] y sabe bien lo que se hace en el escenario. Pero como me dijo un amigo, ¡qué mejor aprendizaje como escritora y realizadora que actuar en una obra de Chéjov durante tres meses!

Si Mujercitas ha sido un proyecto muy personal, los anteriores trabajos de esta californiana fueron casi biográficos. Ve en Saoirse Ronan [protagonista de Lady Bird y Jo en Mujercitas] algo más que su actriz fetiche, su alter ego, y ha llegado a declarar que le gustaría ser ‘la Fellini de Sacramento’, una broma que deja claras sus ambiciones cinematográficas y su apego al terruño. Neoyorquina desde que se mudó a la Gran Manzana a los 19 años, allí reside junto con su compañero, el también director Noah Baumbach, su pareja desde 2010 y con quien ahora comparte un bebé del que han preferido no dar a conocer ni su nombre ni su sexo. Por no dar a conocer, ni tan siquiera dijeron que Greta estaba embarazada, aunque dio a luz un día después de haber acabado Mujercitas.

¿Cuánto la ha cambiado la maternidad?

Soy madre desde hace solo unos meses. Vamos, que no me ha dado tiempo ni a darme cuenta de nada. De que duermo menos, sí. Pero es una gran alegría, una experiencia que me ha transformado emocionalmente, eso seguro. Y que me hace agradecer aún más el momento en el que vivo, en el que, a diferencia de la época de Louisa May Alcott, una mujer puede tener hijos, ser madre y seguir siendo una artista.

¿Y su vida conyugal? ¿Se ha visto afectada? Mujercitas se estrena apenas un mes después de la nueva película de Baumbach, Historia de un matrimonio.

Soy una vendida, que nadie me lleve la contraria si digo que Historia de un matrimonio es genial. Noah me enseñó uno de los primeros montajes del filme y me pasé las dos horas y media de película llorando como una magdalena. ¡Es tan buena! Ambos estamos interesados en contar historias humanas, en hacer épico lo cotidiano. Construir algo grande basándonos en las relaciones personales. Al fin y al cabo, Mujercitas no es más que la vida de un grupo de hermanas, una utopía que nace cuando el padre se tiene que ir a la guerra. Jo quiere que todas sus hermanas se queden en la casa sin casarse, algo que entiendo. Louisa May Alcott nunca se casó ni tuvo hijos, pero al final en el libro tuvo que casar a su protagonista por exigencias de la editorial. A mí me gustan los finales románticos como a la que más, pero me parece que tras 151 años ha llegado el momento de darle a la historia el final que su autora habría querido.

¿Cómo es la Greta Gerwig de andar por casa? ¿Igual de peleona que en sus películas?

¡Qué va! Soy tan calladita… Nunca me peleo con nadie [risas]. Soy un ratón de biblioteca, especialmente de niña, cuando me pasaba el día leyendo o montando en bicicleta mientras pretendía tener un acento extranjero para sentirme parte de un libro o de una película. Tenía la ambición de Jo. Creía ser Pip, de Grandes esperanzas. Me enamoré de David Copperfield y de Oliver Twist. Y sentí como propios los personajes de El jardín secreto, La princesita o Ana de las tejas verdes. Ahora sigo leyendo muchas novelas. Me leí de corrido Conversaciones con amigos y Gente normal, las dos de la autora irlandesa de 28 años Sally Rooney. O un estudio de biología evolutiva llamado Compórtate, de Robert Sapolsky. Prefiero la narrativa, pero cada vez leo más ensayos para no quedarme solo en un mundo imaginario.

Y a la hora de vestir, ¿ha cambiado mucho su estilo con la fama?

Siempre he sido una coqueta. ¡Me encanta la moda! Marcas como Prada, Marni, Chloé. ¿Y las modelos? Porque no tengo su estilazo, si no estaría vistiendo algo diferente cada día. Pero sí he cambiado. Claro. Estoy aprendiendo a mantener mi personalidad en la alfombra roja. Es un lugar en el que te entran mil dudas y es difícil quedar bien, sentirte tú misma y disfrutar del momento. Pero voy mejorando. Y un chupito de tequila antes de salir a posar ayuda.

Greta Gerwig. Foto: Getty

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