Jennifer Connelly

Jennifer Connelly con chaqueta acolchada confeccionada en 'ripstop'. La actriz luce prendas de Louis Vuitton en todas las imágenes. Foto: Paola Kudacki / estilismo: Max Ortega

Jennifer Connelly: «De pequeña me sentía una niña totalmente sexualizada»

Jennifer Connelly no echa de menos su pasado, pero no tiene ningún miedo a mirar atrás. Este otoño estrenará la segunda parte de ‘Top Gun’ al lado de Tom Cruise, y ella siente que su carrera, de alguna manera, empieza de nuevo.

Jennifer Connelly (Nueva York, 1970) tenía solo 10 años cuando fue a su primer casting. Su niñez y su adolescencia transcurrieron en platós. Al llegar a la veintena decidió estudiar literatura inglesa en la Universidad de Yale, pero nada pudo alejarla del mundo del cine, donde primero fue fetiche de directores europeos, después actriz oscarizada (se llevó la estatuilla en 2001 por Una mente maravillosa) y ahora, con 50 años, un mito. Con ese estatus participa en otoño en Top Gun: Maverick, la segunda parte de la legendaria película que en esta entrega dirige el que fue y es de nuevo su protagonista, Tom Cruise. Connelly nos recibe un día después de una sesión de fotos en exclusiva para S Moda a través de una llamada de Zoom. Sentada en una acogedora habitación azul de su casa neoyorquina, donde vive con su marido, el actor Paul Bettany y sus tres hijos, no hay una sola diferencia entre la persona que se ve al otro lado de la cámara y la que usted contempla en esta entrevista: el tiempo ha sido amable con la actriz en todos los sentidos, sobre todo en el sentimental. Es feliz con su familia, a la que define como su principal fuente de estabilidad, y con su esposo, con quien, dice, jamás compite. «Logísticamente es un reto porque viajamos juntos con los niños para rodar en diferentes lugares, pero es cuestión de planificarse y en realidad es genial». Connelly ha posado para nosotros como embajadora de Louis Vuitton y amiga personal de su director artístico, Nicolas Ghesquière. Arrancamos hablando, por supuesto, de moda.

Jennifer Connelly

Connelly, con abrigo sin mangas de lana y seda. Foto: Paola Kudacki / estilismo: Max Ortega

¿Quién diría que le inculcó su buen gusto?

Mi madre tenía una tienda de antigüedades cuando yo era una niña y muchas veces iba con ella a subastas, tiendas de gangas, ferias de antigüedades. También mi padre trabajaba en el textil y diseñaba y fabricaba pantalones. Mucha gente de mi familia está relacionada con la industria del vestuario y crecí rodeada de gente que tenía una vena creativa y conocimientos de diseño.

Empezó a trabajar como actriz muy joven. Muchísimos actores jóvenes tienen problemas con adicciones. Sin embargo, usted ha conseguido estar muy centrada toda su vida. ¿Cómo lo ha logrado?

Una puede llegar a sentirse terriblemente expuesta en la industria del cine, así que comprendo a quienes siendo jóvenes buscaron un lugar que les hiciese sentir seguros o que al menos contrarrestase esa sensación de exposición. Cada uno encontramos la seguridad en un lugar diferente: en la familia, en la fe… o en las drogas. En mi caso, mi refugio de juventud fueron los estudios. Fueron mi contrapunto.

O sea que Yale le salvó la vida…

Digamos que cuando tenía 20 años podría haber sido mucho más volátil y eso me estabilizó.

¿Sus padres tuvieron algo que ver en su estabilidad? ¿Qué hicieron ellos que no hicieran los padres de otros niños actores?

La relación con mis padres fue cambiando según fui adquiriendo una personalidad propia. Mi padre no estaba muy involucrado en mi trabajo, mientras que mi madre fue quien instigó mi carrera, porque en ningún caso fue iniciativa mía. Fue ella quien me llevó a audiciones y me acompañó a rodajes hasta que tuve 18 años y me pude independizar.

Jennifer Connelly

Chaqueta sin mangas de lana con fular de seda. Foto: Paola Kudacki / estilismo: Max Ortega

Si pudiera empezar de nuevo, ¿sería actriz y empezaría a una edad tan temprana?

Bueno, vamos a decirlo así: de ninguna de las maneras querría que mis hijos fuesen actores. Mi experiencia fue… bueno… he tenido una vida apasionante, amo mi trabajo, creo que es muy interesante, estoy agradecida y estoy feliz de donde estoy ahora, pero supuso algunos retos para mi desarrollo.

Su hijo mayor es ingeniero. ¿Cómo es tener a alguien en casa que no está relacionado con el mundo creativo?

Es alucinante porque es increíblemente creativo, aunque de una forma diferente. Es un gran escritor, tiene una vena artística que ha llevado a la tecnología. Me impresiona muchísimo lo que hace, me alucina tanto que sepa cómo funcionan las cosas, yo tengo un bloqueo con la tecnología y para él es tan sencillo…

El mediano, músico. ¿Qué clase de música toca?

Su principal instrumento es la guitarra, empezó estudiando guitarra clásica. También toca el piano y el violín y ahora le gusta muchísimo la batería y además canta, y en los últimos años la composición clásica se ha convertido en su pasión, así que va a ir a una escuela para profundizar en esos conocimientos. Quiere hacer música para bandas sonoras.

Supongamos que ocurre lo que dice que no le gustaría que ocurriese y su hija de pronto le dice que quiere ser actriz. ¿Qué consejos le daría?

Le diría que se encontrara a sí misma antes de hacer nada, porque es muy disfuncional trabajar siendo aún una niña. Tengo muchas reservas en torno a ello, basadas en mi propia experiencia, aunque seguro que hay gente que las ha tenido muy diferentes.

Jennifer Connelly

Chaqueta con mangas extraíbles de piel y plumas, y pantalón confeccionado en tejido técnico. Foto: Paola Kudacki / estilismo: Max Ortega

Ha trabajado con Cruise por primera vez. ¿Qué diferencias encontró entre la persona que imaginaba y la que ha conocido?

He de decir que es un verdadero prodigio. Estar al nivel que está él durante tantos años es un fenómeno extraordinario y al conocerle entendí muchas cosas. La energía que le pone a todo, lo enfocado y disciplinado que es, cómo se compromete. Jamás da nada por sentado. Cada momento para él es una oportunidad, no se duerme en los laureles, trabaja para todo absolutamente todo el rato, nada se le escapa, se entrega al cien por cien. Me impresionó muchísimo.

Así que entiendes por qué Tom Cruise es Tom Cruise cuando conoces a Tom Cruise.

Sí, exactamente [risas].

Protagonizó muy joven junto a David Bowie Dentro del laberinto, una película de culto dirigida por Jim Henson, el creador de los Muppets y de Barrio Sésamo. Supongo que eso fue como entrar de alguna manera en las bambalinas de la niñez. Lo digo porque comenta muchas veces lo de ser actriz de niña y ahí estaba muy cerca de la genuina infancia…

Bueno, digo eso porque me preguntas sobre ello. Recibí mucha presión porque es un momento de la vida en que tienes que ser libre, y todo el mundo te está diciendo actúa así, ten esta pinta, y eso es algo que te vacía. También un montón de presión venía de mí misma, que me exigía mucho y no era una rebelde. Ahora las cosas están cambiando, pero entonces se producían dinámicas muy tensas. Dicho todo esto, viví también experiencias extraordinarias. Por ejemplo, mi primer trabajo fue con Sergio Leone en Once Upon a Time in America [Erase una vez en América] y fue mágico. Él era un genio, un hombre renacentista capaz de dirigir en aquellos sets espectaculares.

¿Qué recuerdo de Bowie atesora con especial cariño?

La forma en la que bromeaba. Desarmaba a la gente solo con su capacidad de hacerles reír. Hacía sentir cómodo a todo el mundo, se subía a la cámara dolly [una cámara montada sobre una plataforma, normalmente sobre raíles, para realizar movimientos fluidos] y me hacía muecas desde allí. Era increíblemente dulce y atento.

¿Guarda algún fetiche de la película?

Lo único que tengo es un anillo, una antigüedad victoriana que tiene diamantes y rubíes, que me compraron a escote todos los miembros del equipo.

Jennifer Connelly

Chaqueta acolchada de algodón y relleno de plumas, abrigo acolchado oversize de algodón y botas altas Pillow. Foto: Paola Kudacki / estilismo: Max Ortega

En algunos momentos de su carrera ha tenido críticas desiguales o no ha hecho taquilla. ¿Pensó en tirar la toalla?

Quizá cuando tenía 20 años empecé a preguntarme si de verdad quería hacer lo que hacía. Me habían forzado en esa dirección y no me sentía dueña de mi vida ni que las películas que estaba haciendo reflejaran mi auténtica sensibilidad. Ahora que mis hijos se van haciendo mayores, sí empiezo a pensar más en hacer proyectos en los que tenga completo control, escribirlos y dirigirlos.

¿Ganar el Oscar le cambió de alguna forma?

Es difícil de decir. Cambió la forma en que me percibían, pero eso es absolutamente efímero. No cambio mi forma de pensar en mí misma. No he ido en línea recta. Con proyectos que no hicieron caja me he sentido genial y con proyectos que han tenido buena acogida de público, no me ha gustado mi actuación. Pero no es que siempre haya ido a mejor y cada vez haya estado más cerca de donde quiero estar.

El movimiento #MeToo nos ha obligado a pensar en cosas que nunca antes habíamos pensado. ¿Se sintió como un objeto sexual cuando era niña?

Absolutamente. Y es a esto a lo que me estaba refiriendo cuando decía que hubo en mi niñez algunas circunstancias que fueron tensas porque sí, me sentía absolutamente cosificada y sexualizada.

La forma en que trataban a sus personajes los directores con los que hizo sus primeros trabajos, ¿tal vez contribuyó a esa sensación?

En la película que hice con Darío Argento me lo pasé genial. Se rodaba en Roma y recuerdo a mis padres diciéndome «mira, te han ofrecido esta película, es en Roma, pero es de terror, muy dura [un asesino la persigue para descuartizarla], la hemos rechazado». Y yo dije: «¡La quiero hacer!». ¡Y la razón por la que la quería hacer es que quería comer pasta! [risas]. No diría que tuvo que ver. De hecho, en Once Upon a Time in America, para la escena en que me espían desnudándome usaron un doble de cuerpo porque a los 11 años yo no hacía desnudos. Pero sí confirmo absolutamente que de niña, en general, viví situaciones en las que me sentí muy incómoda.

¿Le ha ayudado el #MeToo a pensarlo de nuevo?

Hay sesiones de mi infancia que influyeron mucho en cómo veía mi propio cuerpo y eso fue algo que me quise sacudir de encima cuando llegué a los 20. Por eso la universidad se convirtió en algo tan importante para mí, porque allí solo importaba cómo era por dentro. Esa fue mi rebelión. No tengo que preocuparme por mi aspecto externo, este es un lugar donde solo importa lo que piense. Y eso fue muchísimo antes del #MeToo.

Ha estado muchísimas veces en listas que ahora parecen un poco increíbles de “Mujeres más bellas del mundo”. ¿Ser considerada la mujer más hermosa del mundo le ha hecho tener miedo a envejecer?

Lo primero: si contesto esta pregunta significaría que acepto que soy la mujer más bella del mundo [risas]. Pero diría que como alguien que está constantemente siendo observado, pues la verdad es que no. Cumplí 50 el año pasado y me encantó. Me encanta pensar en los próximos episodios de mi vida.

Jennifer Connelly

Maquillaje: Genevieve Herr (Sally Harlor). Peluquería: Renato Campora (The Wall Group). Manicura: Eri Handa (Home Agency). Producción local: NM Productions. Diseño de set: Jacob Burstein (MHS Artists). Técnico digital: Evgeny Popov. Sastre: Yao Ayeh. Asistentes de fotografía: Kyrre Kristoffersen y CT Smith. Asistente de estilismo: Martin Cohn. Foto: Paola Kudacki / estilismo: Max Ortega

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