En Sidney después de tener a su primer hijo.

Elle Macpherson, ‘El cuerpo’, cumple 57: sus orígenes como camarera, sus amores, su historia en imágenes

Con motivo del aniversario de la australiana repasamos en imágenes los hitos de su extensa carrera. Pocas como ella han sabido construir un auténtico imperio fuera de las pasarelas y las revistas de moda.

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    Ser modelo no estaba en sus planes. “Trabajé en una farmacia cuando tenía 13 años, luego fui camarera. Me sentía muy cómoda trabajando para ganarme la vida”, recordó en 2019 en Financial Review sobre sus inicios. Su intención era estudiar Derecho en la Universidad de Sídney, pero antes de ello, a los 17, se tomó un año sabático que cambiaría para siempre su vida. Precisamente, estando de vacaciones en Aspen, Colorado, un representante de la agencia de modelos Click Model Management se fijó en ella y le propuso que se mudara a Nueva York. Aceptó la oferta, aunque a priori solo tenía pensado vivir en la Gran Manzana por un año para financiar sus estudios. Todo cambió en 1982, cuando debutó en un spot publicitario del refresco de cola bajo en calorías Tab. Efectivamente, de no haber sido por esos 30 segundos su biografía hubiese sido muy distinta.

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    Luchó para que la tomaran en serio. Aunque ahora pueda parecer mentira dada su dilatada trayectoria, en Nueva York no se lo pusieron fácil. Antes de ser una cara habitual de publicaciones como Elle, Cosmopolitan, Vogue o GQ (a diferencia de otras supermodelos, su carrera siempre estuvo más ligada a las revistas que no a las glamurosas Semanas de la Moda), muchos fotógrafos se negaron a contratarla. “Me decían: 'No, Elle, las chicas de ojos marrones no salen en las portadas'. Y yo decía: 'No, no, dame una oportunidad. No lo entendéis, tengo que volver a Australia para estudiar Derecho, necesito el dinero’”, contó en 2019 al Daily Telegraph. “Me di cuenta muy pronto de que nunca iba a tener el cuerpo delgado de la moda. Medía 1,80, tenía 36 de cadera, 36 de busto y los hombros anchos por haber nadado toda mi vida. Sólo tenía que aceptar mi singularidad", agregó en 2019 en Vogue Australia sobre cómo ganó seguridad en sí misma. Tiempo después, gracias a Sports Illustrated, logró el espaldarazo definitivo personificando la imagen de la chica playera ideal.

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    Nadie ha posado mejor en ropa de baño. Ninguna otra modelo puede presumir de haber protagonizado en hasta cinco ocasiones el número especial de bañadores de Sports Illustrated. De hecho, la australiana acaparó la portada de la revista en 1986, 1987, 1988, 1994 y 2006, batiendo un récord que hasta la fecha nadie ha superado. Pese a ese trampolín mediático, tal como explicó al Daily Telegraph en 2011, “después de trabajar para Sports Illustrated durante muchos años me di cuenta de que trabajar en un negocio en el que no tenía una participación en los beneficios no era atractivo. No estaba nublada por el ego. No me decía: ‘¿No es genial que esté en la portada?’ o ‘¿no es genial que me quieran para este anuncio de televisión?’. Más bien fue: ‘¿Por qué estoy haciendo esto?’. Comprendí que para crear mi futuro necesitaba algo más tangible que solamente cumplidos sobre mi aspecto”. La Elle empresaria ya empezaba a manifestarse.

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    Nace ‘El cuerpo’.  Gracias a sus tres apariciones consecutivas en Sports Illustrated en los ochenta, en 1989 la revista Time le dedicó un extenso reportaje, así como su portada. La prestigiosa publicación fue la que precisamente acuñó el sobrenombre por el que es mundialmente conocida: El cuerpo. Al leerlo por primera vez no lo vio como algo sexista u ofensivo, sino como una oportunidad perfecta para construir su propia marca comercial. Por eso mismo no tardó en registrar el nombre. “Era un eslogan divertido. Luego siguió y siguió y lo convertí en un negocio”, le contó al periodista Jonathan Ross en 2010. “Nunca me ha molestado mi apodo; ni siquiera cuando empezaba. Ser El cuerpo no me ha resultado restrictivo porque me sirvió para ganarme la vida. Por lo tanto, ¡gracias!”, bromeó al respecto en 2012 cuando tuvimos la oportunidad de charlar con ella.

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    Fue una de las supermodelos que definieron los noventa. A pesar de que Peter Lindbergh no contó con su presencia en enero de 1990 para la icónica portada de Vogue USA que catapultó a Linda Evangelista, Cindy Crawford, Naomi Campbell, Christy Turlington y Tatjana Patitz (por consiguiente, tampoco la ficharon para el videoclip Freedom! '90 de George Michael), Elle formó parte del original clan de las supermodelos. Según confesó en 2016 a The West Australian, “el término supermodelo fue una especie de aversión a ese periodo de tiempo en el que las chicas pasaban a especializarse en un área de la moda. Antes o eras modelo de pasarela, o de bañadores, o de revista o de manos. Entonces, de repente, surgió esta oleada de mujeres que podían hacer de todo, sus nombres salieron en las revistas y hubo esta profundidad real de mayor notoriedad. Creo que por eso se llamó ‘super’”. Además, aunque algunos medios aireasen lo contrario, entre ellas siempre hubo una gran sororidad. En la actualidad, Macpherson sigue viéndose regularmente con Crawford y Campbell. También con Claudia Schiffer, ya que los hijos de ambas estudiaron en la misma escuela.

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    Jamás se ha comportado como una diva. En los noventa fueron varios los diseñadores españoles que contrataron los servicios de las supermodelos de la década. Este fue el caso de Victorio & Lucchino, quienes en 1995 trajeron a Macpherson a la Pasarela Cibeles. Tal como José Víctor Rodríguez Caro y José Luis Medina del Corral rememoraron hace unos meses en Vanity Fair, guardan un gran recuerdo de la australiana: “En las dos ediciones de la Pasarela Cibeles del año 1995 desfiló con nosotros. Ese mismo año lanzamos el perfume Abril, del que ella fue imagen. De todas las tops internacionales que hemos traído para presentar nuestras colecciones, Elle ha sido la más encantadora, simpática y cariñosa. Tiene un cuerpo 10, con unas piernas preciosas, pero no era nada diva, sino de trato muy cercano y muy sonriente”.

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    Sus grandes amores. En los ochenta mantuvo un breve romance con Billy Joel (el popular tema Uptown Girl está inspirado tanto en su affaire como en quien tiempo después se convertiría en la esposa del músico, la también modelo Christie Brinkley). Pese a ello, durante una sesión de fotos para la revista Elle, se enamoró del fotógrafo y director creativo de la edición francesa de la publicación, Gilles Bensimon. En 1986 se casaron. Ella tenía 21 años; él, el doble. En 1989 tomaron caminos separados, pero por mucho que haya llovido desde entonces siguen siendo grandes amigos. Al fin y al cabo, Bensimon fue quien le enseñó todos los entresijos de la industria de la moda. “Hablamos todas las semanas. Siempre hemos estado cerca”, declaró en 2019 a Financial Review. Hasta 1996 no volvió a palpitarle de nuevo el corazón. Fue entonces cuando inició una relación de nueve años con el financiero francés Arpad Busson, fruto de la cual nacieron sus hijos Arpad Flynn Alexander, en 1998, y Aurelius Cy Andrea, en 2003. Con Busson, mientras vivían en Londres, nunca se planteó pasar por el altar. No obstante, en 2013, ya instalada en Estados Unidos, sí que volvió a vestirse de blanco con el multimillonario magnate inmobiliario Jeff Soffer, al que conocía desde 2009. En 2017 se divorciaron, y un año más tarde se la empezó a ver con el polémico doctor británico antivacunas Andrew Wakefield. Aparentemente siguen juntos.

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    Interpuso su familia al cine. Sí, en 1990 apareció fugazmente en Alice de Woody Allen. No obstante, su verdadero primer papel en la gran pantalla aconteció en 1994 en Sirenas, de John Duigan, donde aparecía completamente desnuda. Después se dejó ver en 1996 en la adaptación que Franco Zeffirelli hizo de la novela Jane Eyre; un año más tarde en Batman y Robin y, en 1997, en El Desafío, compartiendo plano con Anthony Hopkins y Alec Baldwin. Hollywood quería convertir a Elle en una estrella del séptimo arte, pero ella prefirió volcarse en su papel de madre en vez de vivir perpetuamente en un set de rodaje. “Sabía que dentro de 10 años diría una de las dos cosas: ‘Ojalá hubiera hecho esta película u ojalá hubiera pasado más tiempo con mi hijo’. Una de esas cosas me iba a doler mucho; la otra no tanto”, afirmó en la edición australiana de Vogue en 2019.

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    La sombra de Friends todavía la persigue. En la popular sitcom hubo cameos de famosos como Brooke Shields, Sean Penn, Bruce Willis o Brad Pitt, entre un extenso etcétera. Sin embargo, los fans más nostálgicos siguen recordando los cinco episodios de la sexta temporada en los que Elle encarnó a Janine Lacroix, la compañera de piso y fugaz pareja de Joey (Matt Le Blanc). “La serie aún es popular donde vivimos en Estados Unidos y la reponen constantemente. Mi hijo y sus amigos me conocen como Janine LeCroix y siempre dicen: '¿Sabes que la mamá de Cy sale en Friends?'. Todavía no se han dado cuenta de que eso ocurrió hace casi 20 años. Piensan que aún salgo en Friends”, expresó en 2016. Al parecer los productores le dieron la oportunidad de alargar su personaje, pero se negó a participar en más capítulos porque entonces residía en Londres.

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    Fue chica Playboy. Coincidiendo con el estreno de Sirenas, varios medios empezaron a acosar a sus exparejas y los fotógrafos con los anteriormente había trabajado con un objetivo: conseguir el máximo de fotografías en las que apareciese sin ropa. Desde un primer momento Elle supo qué estaban tramando los tabloides. Por ello, en 1994, llamó a su amigo Herb Ritts para que la retratara sin un centímetro de tela. “Dije: ‘Vale, ¿queréis desnudos? Pues os voy a dar desnudos, pero con mis condiciones’”, narró en 2011 al Daily Telegraph. Las instantáneas aparecieron ese mismo año en Playboy, y con el dinero que se embolsó compró una casa a su madre. Asimismo, en 2013, a punto de cumplir los cincuenta, recreó la portada de la revista de Hugh Hefner en Harper's Bazaar.

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    Atesora un gran imperio - Se estima que su fortuna asciende a los 98 millones de dólares. El éxito de Elle Macpherson Intimates en el Reino Unido y Australia, así como de su línea cosmética Elle Macpherson The Body, lanzada en 2005, demostraron que no hay negocio que se le resista. A ello hay que sumar su papel de presentadora entre 2010 y 2013 del talent show Britain & Ireland's Next Top Model (donde también ejerció de productora ejecutiva) y, en 2012, de la primera temporada de Fashion Star en Estados Unidos. En 2014, a su vez, cofundó la empresa de suplementos alimenticios WelleCo, cuyo producto estrella, The Super Elixir, tiene a Kate Moss entre sus mayores fans. “La gente siempre me dice: 'Oh, deberías hacer menos', o 'deberías hacer más'. Pero mientras encuentre proyectos inspiradores y disfrute haciéndolos, puedo con todo. No se trata de dinero, porque hay veces que cuando se inicia un proyecto no se gana mucho, si es que se gana algo. Cuando empecé a trabajar con Bendon ganaba unos 50.000 dólares al año y en ese momento equivalía a unos 15.000 euros; ese era mi principal ingreso mientras vivía en Londres. No es que haga las cosas porque 'sí, esto me hará ganar dinero rápido'. Es más bien como: '¿Vale la pena mi precioso tiempo y energía?'. Soy cuidadosa con los proyectos que emprendo. Si no creo en ellos, no los hago", declaró en 2008 a las páginas de The Sidney Morning Herald.

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    Actualmente se encuentra mejor que nunca. Si bien en la publicación australiana Gritty Pretty explicó en 2020 que “lo cierto es que a los 40 fue cuando estuve sobria” o que “los 40 son un año de mucha introspección”, superar la barrera de los 50 le ha sentado de maravilla. Eso, al menos, es lo que se extrae de la entrevista que concedió el pasado julio a Red Magazine: “La genética tiene un límite. Cuando llegas a los 50 te das cuenta de que lo importante es cuidar tu cuerpo y tus niveles de vitalidad para poder hacer las cosas que quieres. He probado todo tipo de ejercicios y dietas, pero muchas de las cosas que hacía a los 30 y los 40 ahora ya no me funcionan. Solía pensar que estaba sana porque podía sobrevivir con tres horas de sueño y bebiendo mucho café. A los ojos de la gente tenía un aspecto estupendo, pero no me sentía bien. Eso era desmoralizante. No tenía una sensación de vitalidad. Me sentía diferente conmigo misma. No me preocupa envejecer. Ya no siento la presión de tener un aspecto determinado; me interesa mucho más mi bienestar. Creo que la verdadera belleza está en el alma, no en la piel. Sin envejecer nunca podría haber tenido el regalo de ser madre de dos jóvenes adultos. Es maravilloso. Nuestra relación ha evolucionado a medida que ellos han crecido. Están muy compenetrados en muchos niveles y yo aprendo mucho de ellos'.

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