S MODA + Viña Esmeralda

El momento ‘glam’ de una fiesta se consigue gracias a este vino blanco

Dos creadoras de eventos exclusivos, Andrea Pascual y la 'wedding planner' Lara Cos, disfrutaron de un atardecer compartido al son refrescante de una copa de Viña Esmeralda en la gran fiesta del verano en Valencia.

villa esmeralda vino blanco

La 'wedding planer' Lara Cosa y la consultora de lujo Andrea Pascual lo tienen claro: un buen vino blanco, como Viña Esmeralda, nunca puede faltar en un evento.

Andrea Pascual (Valencia, 1979) se licenció en Derecho pero al terminar descubrió que, para completar su perfil profesional le faltaba la parte empresarial. Por eso estudió un MBA del negocio de la moda en el ISEM. Tras un periodo formándose en el sector de los eventos decidió crear, junto a su socia Ana María Chico de Guzmán, Mimoki, una agencia de comunicación y relaciones públicas que trabaja para firmas como Estée Lauder, Shiseido, Nanos, Saporem o Miguel Marinero.

Para Lara Cos (Barcelona, 1985) fue difícil sobrevivir a 18 años de un sistema educativo donde confiesa que no le enseñaron a pensar sino a obedecer y que, en lugar de motivarle a buscar la felicidad, el resultado fue que terminó perdida de sí misma. Ejercía como jefa de catering cuando detectó una necesidad en el sector nupcial y decidió crear su propia empresa, en la que se ha marcado como misión ayudar a las parejas a celebrar una boda a su medida.

Esta tarde Andrea y Lara comparten mesa en la terraza de Brassa de Mar, el restaurante de diseño junto la playa de Alboraya en Valencia que acoge la fiesta del verano. El sol cae y junto a ellas una cubitera hasta arriba de hielo preserva el frescor de la botella de Viña Esmeralda que llena sus copas, un vino que en opinión de Lara aporta el momento glam de un evento. “Es perfecto para tener una buena conversación acompañado de amigas y de buena gastronomía como, por ejemplo, un queso singular”, explica la wedding planner. Andrea por su parte no concibe un evento sin un buen vino blanco, por eso está presente en todo aquello que organiza. “En concreto me encanta Viña Esmeralda porque, como es un vino muy afrutado, viene bien a cualquier hora del día y es perfecto para eventos de mañana, tarde o noche”.

Las dos visten de blanco y verde, los colores que marcan el dress code de esta fiesta junto al mar ambientada con ritmos tropicales y bossa nova. Si en algo coinciden Andrea y Lara es en el éxito que ambas han cosechado pese a llevar poco tiempo con sus empresas y en la excelencia a la hora de abordar cada trabajo. “Para mí la clave es que contamos con un súper equipo y que tanto Ana María como yo estamos muy encima de todo, cuidamos hasta el mínimo detalle y le ponemos mucha ilusión y cariño. Para nosotras todos los clientes son igual de importantes”, asegura Andrea. Lara añade, “creo que en primer lugar es fundamental saber captar qué es lo que el cliente quiere y, en segundo lugar, aportar la originalidad que requiere el proyecto. Esto se consigue estando al corriente de las tendencias internacionales  y buscando inspiración en todo. Además de la creatividad con la que uno nace y que aporta la nota personal”.

vino blanco

La terraza de Brassa de Mar, el restaurante de diseño junto la playa de Alboraya en Valencia, acogió la gran fiesta del verano. Una cubitera hasta arriba de hielo preservaba el frescor de las botellas de Viña Esmeralda con las que servían a los invitados.

Esa búsqueda de la excelencia les ha llevado, tanto a Andrea como a Lara, a estar continuamente formándose y viendo cómo poder dar lo mejor de sí mismas. En el caso de Andrea, las redes sociales son el escaparate perfecto para poder ver lo que se está haciendo en todo el mundo. Uno de sus grandes referentes es el famoso productor de desfiles Alex de Betak. “Me fascinan los eventos que organiza, creo que es un fuera de serie. Tengo la suerte de conocerlo personalmente, es una persona súper sencilla con un talento increíble”. Lara confiesa estar metida en un circulo vicioso que le lleva a estar las 24 horas pensando en cómo seguir generando más valor a sus clientes sin desconectar de su proyecto. “Eso se traduce en llamadas en el coche, escuchar conferencias antes de dormir o podcasts de casos de éxito en el gimnasio. Estoy todo el día online, no cojo días libres y soy capaz de quitarme hobbies o cenas con amigos, pero no de dejar de mirar en el móvil las cosas que me interesan”.

A la hora de describir qué cualidades, en su opinión, debe de tener cualquier persona que quiera dedicarse al mundo de los eventos, Andrea cree que el secreto es ser muy trabajador y esforzarse al máximo. “Parece una obviedad pero es muy importante que te guste la gente, yo estoy todo el día rodeada de todo tipo de personas que me aportan y a las que intento aportar”, describe. Para Lara se trata de empatía, pues es necesario adaptarse a la personalidad de los novios y que se sientan acompañados y seguros. “La creatividad también es esencial, aportar nuevas ideas con las cuales se sientan únicos del resto y hacer que su boda sea lo más aproximada a la soñada o aún mejor”.

Los invitados visten la terraza de blanco y verde. Las notas afrutadas y refrescantes de Viña Esmeralda protagonizan los brindis de la noche y tanto Andrea como Lara rellenan sus copas y disfrutan de la puesta de sol. A Andrea la copa de vino blanco le trae a la cabeza la sensación de rodearse de otras mujeres, de complicidad y confesiones compartidas. “Yo soy del Mediterráneo y Viña Esmeralda me transporta a mis raíces, a mis veranos en Mallorca, a estar con la gente que quiero”, explica. Lara se considera una amante de los clásicos, pues cree que aportan elegancia y dan un punto de sobriedad que, combinado con aspectos contemporáneos, otorgan una calidad extra al evento. “Un clásico perdura en el tiempo y de eso se trata. Considero a Viña Esmeralda como una marca muy fiel al tradicionalismo actual, con un diseño estiloso y una estética contemporánea”. ¿Y si Viña Esmeralda fuera un enclave especial en el que celebrar ese evento único? “Sería un lugar lleno de belleza y privacidad, estaría junto al mar y en él podría disfrutar del tiempo junto a la gente que quiero. Sin duda sería Deyá, en Mallorca”, describe Andrea. Y Lara concluye: “Se me ocurre un lugar con vistas al mar, delicado y fresco, rodeado de viñedos y con aromas mediterráneos”. 

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