Eduardo Mendoza: «Si escribes en camiseta, no superas el ‘qué pasa, tronco’ «

Tiene un aire de lord inglés, un gusto especial por las gabardinas y lo último que llevaría sería un chándal.

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Tras ganar el Premio Planeta en 2010 con su novela Riña de Gatos. Madrid 1936, el escritor Eduardo Mendoza regresa a las manos de miles de lectores con una sátira llamada El enredo de la bolsa o la vida (Seix-Barral). Lleva la chaqueta como nadie, confiesa que nunca saldría a la calle con un traje blanco y opina que la ropa es como la comida: «Hay cosas que no te gustan pero que hay que usar. Creo que jamás llevaría una falda escocesa, pero nunca se sabe».

¿Lleva siempre americana?

Sí. Creo que me sentiría rarísimo si saliese a la calle sin ella. Además, los bolsillos de las chaquetas son indispensables para guardarlo todo. Porque con bolso sí que no me veo, francamente.

¿Le gusta la ropa formal?

Es que sienta de maravilla. Un grupo de señores con esmoquin siempre queda bien, da igual que uno sea gordo, el otro bajito y el otro feísimo. El conjunto es siempre estupendo.

¿Y usted tiene alguno?

Uno. Me invitaron a una fiesta que pedía etiqueta y me hice uno a medida. Mi frustración es no haber podido usarlo más que una vez. Y el frac también me gusta.

¿Se lo ha puesto?

Para tener ocasión de usar frac hay que pertenecer a la Academia o a una orquesta. Y no me veo en ninguno de los dos sitios. Aunque hay partidos que merecerían ir de etiqueta, no creo que vaya así al fútbol.

¿Tiene muchas corbatas?

Sí. Casi todas son de la época en la que trabajaba como funcionario en la ONU y tenía que ir de traje.

¿Qué viste para escribir?

Algo cómodo: camisa, suéter, pantalón y mocasines. Tengo unos que solo uso parar andar por casa.

Intuyo que no es de los que al llegar se colocan un pantalón de chándal.

¡Eso nunca! Yo creo que deberíamos escribir como lo hacía Musil: con cuello duro, puños, chaleco y una gardenia en el ojal. Así salían grandes obras con una prosa limpia y perfecta. Pero claro, si escribes en camiseta, no vas a superar lo de «qué pasa, tronco».

¿Quién sería un modelo de elegancia para usted?

 El príncipe de Gales. Pero no el de ahora, sino el que se casó con Wallis Simpson. Si me atreviese, iría siempre vestido como él.

¿Le gusta usar sombreros?

Mucho. Los llevo poco, porque llaman demasiado la atención, y siempre a petición de las inclemencias del tiempo. Tengo uno negro, para el frío y la lluvia, y un panamá para el sol riguroso.

¿Prefiere comprar solo o acompañado?

Siempre solo. No admito sugerencias. Ni siquiera expresiones faciales que indiquen que me estoy equivocando.

¿En qué ciudad ha comprado mejor?

En Viena hay unas tiendas fantásticas de ropa de hombre. Me gustaban mucho por lo que tenían y por aquellos dependientes mayores y amables con modales de príncipes. Ahora compro camisas en Estados Unidos, el algodón de allí es muy bueno.

Nunca se pondría…

Un traje blanco. Si ocurriera, al menos estaría bien cortado.

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