Catherine Deneuve en Belle de Jour de Buñuel. Foto: Getty

Perdió a su hermana del alma en un trágico accidente y supo convivir con su belleza extrema: los 77 increíbles años de Catherine Deneuve

Con motivo de su cumpleaños repasamos en imágenes la vida y la obra de la actriz más sensualmente gélida de la historia. Pese a su edad, no tiene ninguna intención de retirarse.

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    Actriz por accidente. Ponerse delante de las cámaras no era algo con lo que precisamente soñaba, lo cual llama la atención porque sus progenitores, Maurice Dorléac y Renée Deneuve (más conocida como Renée Simonot), sí se dedicaban a la interpretación. La culpa la tuvo de forma indirecta una de sus hermanas pequeñas, Sylvie, quien en 1956 hizo un pequeño cameo en el filme Les Collégiennes. Por entonces, con 13 años, Catherine se animó a hacer de extra en la cinta figurando en los títulos de crédito como Catherine Dorléac. “Tuve la oportunidad de participar en una película durante las vacaciones escolares de verano con mi hermana, y acepté porque tenía curiosidad de ver cómo se hacía. Incluso, después de haberla hecho, todavía no estaba segura de si quería hacer otra más. Pero entonces me ofrecieron otra película, y mis padres tuvieron que decidir si debía seguir y dejar la escuela. Mi madre no estaba tan entusiasmada, pero mi padre dijo: ‘Si ella es feliz, ¿entonces por qué no?’. Así que continué haciendo películas. Hasta que no conocí a Jacques Demy no estaba segura de si iba a seguir siendo actriz”, contó ella misma en The Guardian en 2005.

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    Sus planes eran otros. ¿Cuáles eran pues sus verdaderas aspiraciones? En 2008 confesó en Film Comment que “probablemente, no habría hecho nada en absoluto. Me habría casado con mi novio, que había ido a la guerra de Argelia, habría tenido hijos y me habría divorciado tres años después, ¡eso es seguro! Creo que me hubiese gustado ser arquitecta o arqueóloga. Sí, cosas que después desee que fueran mis hijos”. De todos modos, dejando a un lado a Sylvie (ya que sólo ejerció de actriz de forma ocasional), Catherine sí siguió los pasos de la que en aquel momento era la incipiente estrella de la familia: su hermana mayor Françoise Dorléac, con quien se llevaba poco más de un año de diferencia. En la imagen, con Françoise Dorléac.

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    Sin rivalidad. “Françoise solía decir que las dos juntas haríamos una mujer completa porque éramos muy diferentes. Ella era enérgica, y yo más reservada”, explicó en 1998 a Associated Press. Desde que debutó en la gran pantalla en 1960, Françoise alcanzó de inmediato el estrellato internacional trabajando con grandes del cine como François Truffaut en La Piel Suave (1964) o Roman Polanski en Callejón Sin Salida (1966). Su ascenso, precisamente, coincidió con el de la propia Catherine, ya que en 1964 la carrera de ésta despegó con el exitoso musical Los paraguas de Cherburgo de Jacques Demy (de hecho, la película le arrebató la Palma de Oro en Cannes a la cinta de Truffaut). Aun con esas, ambas eran uña y carne y nunca se dejaron llevar por la envidia. Prueba de ello se demostró en 1967 cuando las dos protagonizaron el musical Las señoritas de Rochefort, también de Demy. Lo que nadie se imaginaba era la tragedia que estaba a punto de acontecer.

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    Perdió a su alma gemela. La mañana del 26 de junio de 1967, escasos meses después del estreno de Las señoritas de Rochefort, Françoise sufrió un accidente de tráfico mientras se dirigía al aeropuerto de Niza. El vehículo en el que iba se incendió y falleció en el acto. Tenía 25 años. La noticia conmocionó a toda Francia. Catherine, desolada, decidió refugiarse en su trabajo para sobrellevar la tragedia. "Sólo hay una película en la que puedo verla porque es una verdadera comedia, El Hombre de Río. Me gusta ver fragmentos porque me gusta oír su voz. La voz le da mucha presencia a un rostro. Pero no me gusta tanto ver las películas. Es bastante emocional, bastante melancólico. Hice un especial sobre ella el año pasado para la televisión francesa, así que tuve que mirar mucho material de ella. En realidad, fui capaz de hacer más de lo que pensé que podía", comentó a la agencia Associated Press.

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    ‘La Doncella de hielo’. Tras la muerte de Françoise, Catherine se metió en la piel del personaje que, aún en hoy en día, sigue siendo el más icónico de su carrera. Hablamos de Belle de Jour, la película dirigida por Luis Buñuel en 1967 en la que dio vida a Séverine, una burguesa de existencia vacía que ejercía la prostitución y exploraba su vena más sadomasoquista. Su enigmática mirada, así como su contención ante la cámara, la convirtieron en un mito, en un icono de la sensualidad más etérea. "Trato de no pensar que estoy actuando, sino que soy la persona. En lugar de dar al público completamente sus fantasías en una actuación, creo que es más interesante darles un lugar donde puedan imaginarse cosas en lugar de saberlo todo. Tal vez eso es muy francés", verbalizó sobre su gélido (a la par que efectivo) método interpretativo en Los Angeles Times en 1992. Ella siempre afirma que escoge sus papeles no por el guión, sino por los directores. Lejos de aceptar personajes convencionales, lo que realmente le gustan son los retos. De ahí que repitiera con Buñuel en Tristana en 1970 o que, trece años más tarde, accediera a rodar una vampírica escena lésbica con Susan Sarandon en El Ansia de Tony Scott.

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    Los hombres de su vida. A pesar de tener dos hijos, Christian Vadim (1963) y Chiara Mastroianni (1972), frutos de su relación con el cineasta Roger Vadim y el actor italiano Marcello Mastroianni, respectivamente, ella únicamente ha pasado una sola vez por el altar. El afortunado fue el fotógrafo británico David Bailey, con quien se casó en 1965. Aunque en 1972 se divorciaron, la ruptura fue de todo menos dramática. Así lo rememoró el pasado año el propio Bailey en The Guardian: “En realidad, con Deneuve, no fue triste. Simplemente nos distanciamos. Ella estaba en París, yo en Londres. Me llamó una vez y me dijo: ‘Oh, Bailey, es genial’. ‘¿Qué es genial?’, contesté. ‘Nos divorciamos hoy’. Yo dije: ‘¿Es genial?'. Y ella dijo: 'Sí, significa que ahora podemos ser amantes'".

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    Contribuyó al éxito de Yves Saint Laurent. Su relación con el modisto se remonta a 1965, cuando con 22 años fue invitada a conocer a la reina Isabel II y, sin saber qué ponerse, David Bailey le sugirió que contactara con el hombre de moda en París. Quedó tan encantada del resultado que aquel mismo día no dudó en proponerle que se encargara de su vestuario en Belle de Jour (salvo del calzado, eso sí, que corrió a cargo de Roger Vivier). Cuando el 26 de septiembre de 1966 el argelino abrió su primera boutique de prêt-à-porter en el número 21 de la calle Tournon, Saint Laurent Rive Gauche, ahí estuvo Deneuve ejerciendo de madrina. Aunque no fue hasta poco después, tras el estreno de la cinta de Buñuel, que las ventas de Saint Laurent Rive Gauche aumentaron drásticamente. Gracias a la promoción que les aportó la película, tanto Pierre Bergé como él se dieron cuenta de que había un gran nicho de mercado más allá de los márgenes de la alta costura. La culpa de todo la tuvo Séverine.

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    Su vestimenta ha sido imitada por varias generaciones. La actriz, por sí sola, fue, es y seguirá siendo todo un referente del estilo francés. Dejando de lado su adicción al tabaco (nunca ha abandonado este mal hábito), la hemos podido ver en infinidad de títulos armada con una cola de caballo alta y llevando lazos, diademas y pañuelos de seda en la cabeza, así como luciendo abrigos monocromos, gabardinas, gafas de sol y zapatos kitten hells. Sus looks no pasan de moda: para muestra ahí está el vestido negro con la espalda escotada que se puso en el estreno de Repulsión. ¿Ella es consciente de que ha influenciado en los armarios de millones de mujeres? “La gente siempre piensa en mí como si estuviera vestida de Yves Saint Laurent yendo a un estreno. Eso es cierto y no es cierto. Engordo y tengo que hacer ejercicio. Es bueno que me hayas conocido, que veas que puedo usar un reloj Swatch. Eso es quizás lo más importante que has aprendido de mí hoy", bromeó al respecto en la entrevista que concedió a la periodista Hilary de Vries en Los Angeles Times.

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    Para bien o para mal, siempre ha sido controvertida. El 5 de abril de 1971 la revista Le Nouvel Observateur publicó el “Manifiesto de las 343”, donde 343 mujeres y celebridades de nuestro país vecino reconocieron que, en el pasado, habían abortado. Entre ellas estaba Deneuve. El texto, redactado por Simone de Beauvoir, supuso todo un escándalo (tal es así que de forma despectiva se conoció a este grupo como “Las 343 zorras”). Sin embargo, viéndolo ahora en perspectiva, fue todo un ejemplo de desobediencia civil y contribuyó a que en 1975 se aprobara la Ley Veil, la cual terminó despenalizando la interrupción voluntaria del embarazo en Francia. Tampoco habría que olvidar que, en enero de 2018, la actriz volvió a acaparar las portadas de medio mundo tras, junto a un centenar de intelectuales francesas, apoyar una tribuna de Le Monde en la que se cuestionaba el puritanismo sexual del movimiento #MeToo. Días después no le quedó otra que recurrir a las páginas de Libération para puntualizar sus palabras: “Saludo con cordialidad a todas las víctimas de actos detestables que hayan podido sentirse ofendidas por esta carta publicada en Le Monde. Es a ellas, y sólo a ellas, a quienes me disculpo”.

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    Ha prestado su imagen a todo tipo de anuncios. En la década de los 70 la cara de Deneuve se coló en las marquesinas y las revistas de moda gracias a la campaña que Richard Avedon realizó para el célebre perfume Chanel Nº5. Del mismo modo, a lo largo de los últimos años también ha sido embajadora de su amigo Yves Saint Laurent (claro está) o del propio Marc Jacobs antes de que fuera despedido como director creativo de Louis Vuitton. “Los americanos no me han visto tanto en el cine, piensan en mí a partir de fotos fijas de los anuncios que he protagonizado”, llegó a decir sobre ello en Los Angeles Times. Pese a esto, la actriz no siempre ha acertado en sus coqueteos con la publicidad. En 1987 fue la imagen de la empresa financiera Suez. “Pronto podrás ser accionista de Suez. Piénsalo”, decía ella misma en los spots que sin descanso se emitieron en su país. Con lo que no contaba es que el 19 de octubre de 1987 Wall Street se desplomaría y, en su primer día cotizando en bolsa, la empresa perdería más del 17% de su valor.

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    Literalmente, inspiró a un símbolo nacional –¿Qué tiene en común nuestra protagonista con Brigitte Bardot, Mireille Mathieu, Inès de la Fressange, Laetitia Casta, Évelyne Thomas o Sophie Marceau? Todas ellas prestaron sus rasgos al busto de la Marianne, la figura alegórica que personifica a la República Francesa. Cierto es que a través de la gran pantalla Deneuve siempre ha sido la mejor representante de la belleza y el glamour puramente francés, pero en 1985 dicha escultura dejó claro que, además, es un símbolo para todos sus compatriotas. Pocas personalidades pueden presumir de ello.

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    Aunque no le agrade, ha sabido cómo envejecer.A sus 77 años recién cumplidos, la francesa es más que consciente de su edad. A estas alturas ya no tiene que demostrar nada a nadie. Cuando en 2005 le preguntaron en The Guardian acerca de si la gente se fijaba más en su belleza que en su talento, no tuvo reparo en contestar lo siguiente: “Por suerte hice las películas importantes cuando era muy joven. No, la carga viene más del hecho de que la gente te mira primero y espera mucho de ti. Esperan más de alguien que creen que se ve interesante. Es una carga porque, sobre todo, cuando eres joven, intentas satisfacer esa expectativa que la gente tiene de ti. Puede ser muy estresante. Aunque con el tiempo se ha vuelto menos problemático. Hoy me conozco, sé quién soy, cómo era. No quiero saber cómo seré porque nadie lo sabe. Pero a veces es difícil porque ser actriz es algo muy físico. De todos modos, sé que si no tuviera el aspecto que tengo nunca habría empezado en el cine. Eso lo recuerdo y tengo que aceptarlo. Pero envejecer no es agradable para nadie, ni para los hombres, ni para las mujeres. Y aún es más difícil para las personas que dependen de su apariencia física. Pero no es un drama. Conozco a algunas personas que están mucho más estresadas que yo. Además, vivo en Europa; creo que esto sería mucho más difícil si viviera en América”

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