Alice Dellal, la fiera domada

Era un terremoto y hoy es una agradable brisa. La modelo y socialité brasileña Alice Dellal, que sacudió la escena londinense hace una década con su actitud canalla y media cabeza rapada, disfruta, en su casa del campo, de una recién descubierta tranquilidad.

Alice (Río de Janeiro, 1987) no lleva botas: lleva el acorazado Potemkin en los pies. «Las tengo desde hace años. Acabo de arreglarles la suela, se estaban rompiendo». Desde ese mazacote de tachuelas y acero fundido en los Altos Hornos de Vizcaya nos mira una mujer menuda y frágil, alejada del huracán fiestero que se nos ha vendido. La culpa no fue suya, sino de lo que vale un peine. ¿Recuerda usted cuando se dejó la larga cabellera y la mitad de la cabeza rapada? Pues, aunque no lo sepa, fue por ella, por su súbita fama, provocada por esa irrefrenable pulsión que siente la moda por las herederas díscolas. Y ella lo es: tanto, que nos piden un cuestionario cerrado, por aquello de que, con la reciente muerte de su multimillonario abuelo iraní, anda la familia a tortazos por la herencia. Las buenas familias son así.

¿Es consciente de cuántas chicas han copiado su peinado?

Yo no inventé ese corte de pelo. Pero cuando me lo hice, mucha gente me copió. Tuve que dejármelo crecer porque íbamos todas iguales.

Está en Madrid para inaugurar una tienda de Pull & Bear: ¿por qué cree que la han elegido?

Imagino que luzco bien en su ropa… Y a mí me gusta su estilo.

¿Le preocupa el mundo de la moda?

No soy una gran compradora. Suelo customizar las cosas que llevo y soy una asidua de los mercadillos.

¿Se ha planteado alguna vez diseñar?

Apoyé financieramente a Dominic Jones en su firma de joyas… La tuvimos que cerrar: los negocios no son lo mío. Prefiero vivir tranquilamente en el campo.

¿Usted? ¡Pero si era la quintaesencia de la urbanita!

Cambié. Me encanta la ciudad, pero me pasaba el día hablando de cosas que quería hacer y que nunca hacía… Como hacer fotos. He montado un cuarto oscuro en mi casa. Además, puedo vivir con mi novio y tener un perro.

No le preguntaré ni por su novio ni por su perro, pero ¿podría contarme más sobre su pasión por la fotografía?

Es la razón por la que empecé en moda: para aprender a iluminar. Aunque no me ha servido de mucho, porque no me interesa la fotografía de estudio. Me quedo con la oportunidad de viajar que me ha dado la pasarela: me gusta el fotoperiodismo, gente como Weegee, Robert Frank…

¿Se ha planteado hacer una exposición con su trabajo?

Siempre lo retraso. Creo que tengo algo de miedo a enseñar mis fotos.

Hace bandera de sus tatuajes. ¿Hay tatuadores en el campo?

El otro día me hice mi primer tatu en cinco años: unas cruces en mi mano que significan «Kisses». Me encantan los tatus, verlos constantemente. No me gusta esconderlos.

Tampoco esconde su vida personal: hace tiempo, cuando hacía cuchipandi con Laura Fraser, de Breaking Bad, afirmaba ser asexual.

No sé por qué dije eso. ¡No he sido asexuada en mi vida!

Hablemos de otro ménage à trois: el que se monta con sus amigas Kristen Stewart y Vanessa Paradis fuera y dentro de la moda…

Son auténticas, con los pies en el suelo, además de ser talentosas e inteligentes. No es que nos peguemos grandes fiestas… Vanessa tiene dos hijos y a Kristen no le agrada mucho salir, pero sí nos divertimos.

¿Le gustaría seguir los pasos de Kristen en el mundo del cine?

Me encanta mi trabajo y el lugar que ocupo en el circuito, no tengo que soportar esa parte horrible de la fama que sufre Kristen. Quiero vivir una vida normal. Soy una persona muy pudorosa.

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