Verdades y mentiras sobre la cosmética ecológica

Las firmas respetuosas con el medio ambiente defienden un trabajo que se ve ‘contaminado’ por los falsos mitos y un marketing alejado de la realidad.

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Foto: Getty Images

El cuidado y el respeto por el medio ambiente se han convertido en una de las prioridades de los españoles. Más de un 76% de la población declaraba estar interesada en la ecología y la sostenibilidad en los últimos barómetros del CIS, 16 puntos por encima de lo que suscitaba a finales de los años 90. Al mismo tiempo, dos de cada tres observaba que los problemas del medio ambiente afectaban a su vida diaria.

Entre los ámbitos cotidianos donde podemos poner nuestro granito de arena está la alimentación, el consumo energético y, cómo no, el uso de productos sostenibles tanto en su composición como en su logística. Es aquí donde las firmas de belleza intentan desmarcarse y mostrar su conciencia ecológica. Sin embargo, es fácil caer en contradicciones o en falsas realidades, mitos de la ‘cosmética verde’ que las propias marcas implicadas en una política ecológica real desmienten.

La cosmética reciclada NO existe

Es posible usar envases fabricados con materiales reciclados (plásticos, cartón…), pero la composición del producto nunca podrá serlo. “La legislación no contempla el uso de materiales a partir de desechos o desperdicios. Lo que sí se puede es desarrollar ingredientes a través de subproductos de otras industrias, como el aceite de pepitas de uva, que es un desecho de la industria vinícola. Lo que una va a desechar, lo aprovecha otra”, explica Ana Isabel de Andrés, de Amapola Biocosmetics.

El agua pura también se filtra

El agua empleada en la fabricación de productos cosméticos debe tener una mínima carga microbiológica, y controlarse para cumplir unos parámetros microbiológicos. “Por buenas prácticas de fabricación, cualquier red de agua de una fábrica tiene que seguir y cumplir unos procesos de purificación, osmosis y desinfección a través de luz ultravioleta de esta agua antes de su utilización. El agua que se utiliza en cosmética normalmente es un agua desmineralizada, es un agua purificada a través de osmosis”, explica Paola Gugliotta, experta en dermocosmética y fundadora de Sepai.

La fabricación en frío es la más adecuada

“Si el fabricante del producto acabado es el proveedor de las materias primas, algo muy poco habitual y que podemos considerar la nueva ‘frontera del lujo’ en cosmética natural, sí hay un ahorro real de energía”, explica el farmacéutico Pedro Catalá, fundador de Twelve Beauty. “La preparación en frío evitan calentar los ingredientes y bastará una agitación mecánica, usando energía eólica o solar para ello”, prosigue. “El proceso en frío sebe utilizarse durante todo el proceso de fabricación, siempre que sea posible, y llevarlo más allá. Nosotros lo hacemos en edificios donde el 100% de la energía es renovable”, añade Daniel Isaacs, director de Investigación de Medik8.

La sostenibilidad no entiende de marcas grandes o pequeñas

Aunque las dimensiones de una gran firma impiden un control cercano como en las marcas nicho, no es imposible cuidar del medio ambiente. El secreto está en maximizar cada proceso. Un ejemplo es Aveda, cuyos productos se fabrican con una base de agua destilada. “Aunque algunas marcas quieran destacar que el agua que utilizan es pura no afecta a la composición o efectividad del producto”, explica Natalia Prager, Directora de Formación de la marca en España–. Todos los productos se elaboran utilizando un 100% de energía eólica y distribuidores específicos fabrican envases reciclados, algunos con hasta el 100% de materiales reciclados.

El cultivo en laboratorio SÍ reduce la huella de carbono

La imagen idílica de un proceso 100% natural en talleres en medio de la montaña no se ajusta a la realidad. La biotecnología se ha convertido en la gran aliada de las firmas eco´-responsables. “A través de procesos como la fermentación o el cultivo de células obtenemos especies cultivadas en laboratorio que reducen el consumo de agua y de energía, reduciendo así la huella de carbono”, explica Paola Gugliotta. En Sepai optan por no aceptar cultivos de productos exclusivamente pensados para el cuidado de la piel, sino ingredientes que sean subproducto de la industria alimentaria.

Los ingredientes ‘sospechosos’ exigen certificado de sostenibilidad

El aceite de palma, la mica, filtros solares nano, exfoliantes no hiposolubles… causan desde su origen hasta su desecho (o la falta del mismo, al no descomponerse en algunos casos) un gran daño a diferentes ecosistemas. Solo con certificados de sostenibilidad podremos saber a ciencia cierta que se están siguiendo los protocolos necesarios para que no sean tan dañinos.

Los envases reciclados son a partir de un 20% más caros

“Todos los envases fabricados con material reciclado y/o que pueden reciclarse son mucho más caros que el no sostenible”, explica Daniel Isaacs. “Sin embargo, siempre optamos por ellos porque es nuestro deber como marca ser lo más sostenibles posible”, prosigue. “El sobrecoste es mínimo del 20%”, indica Ana Isabel de Andrés. Precisamente Amapola Biocosmetics utiliza plásticos recogidos del océano para fabricar sus envases.

El envase de vidrio es el futuro

El vidrio se ha convertido en el material que mejor asegura la sostenibilidad del envase. “Lo usamos siempre que sea posible porque al menos el 35 % es reciclado. Plásticos, solo si las piezas no existen en otros materiales; y en último caso aluminio, con recubrimiento libre de bisfenol A [una sustancia cancerígena]”, explica Paola. Para los envases, “tinta bío, basada en materias primas renovables y libre de metales pesados”.

El consumidor acepta el precio de la cosmética responsable

El que sean más caros no es un problema para quienes optan por la ‘belleza responsable’. “Los clientes están dispuestos a pagar más por un buen producto que respete al medio ambiente porque están cada vez más concienciados de las amenazas y el peligro que corre nuestro planeta”, explica Natalia Prager. “Muchas veces son ellos mismos los que nos sugieren cambios para mejorar nuestro compromiso con el medio ambiente y la salud de las personas. Son consumidores bastante exigentes”, dice Ana Isabel.

La cosmética ecológica NO ha tocado techo

El sector de la cosmética natural y orgánica presenta un crecimiento aproximado de entre el 8 y el 10 % anual. Según un informe de la consultora Grand View Research, en 2025 alcanzará los 22.085 millones de euros, lo que significaría duplicar su tamaño en apenas una década (las ventas en 2015 fueron de alrededor de 10.000 millones, según la misma fuente). Serán los mercados emergentes (Asia y América del Sur) los que ayuden a marcar la diferencia, ya que en Europa y EEUU se considera que el mercado tiene poco desarrollo a medio plazo.

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