«Si Bernard Arnault (presidente de LVMH) prometió 200 millones de euros para Notre Dame, los dará»

Hablamos con Juan Pedro Abeniacar, CEO del conglomerado del lujo francés en España, de la relación del grupo con el arte durante la presentación de la exposición de Loewe en el Museo Thyssen.

expo loewe museo thyssen

Juan Pedro Abeniacar, CEO de LVMH España

Las marquesinas de las grandes ciudades despliegan imágenes en blanco y negro de extrañas figuras que se retuercen, suben o se expanden. Con ellas, dialogan cuerpos desnudos de hombres y mujeres, también en tonos grises, que imitan las formas de esos extraños seres. Debajo, la fotografía de un frasco y unas letras, Loewe, explican el cuento: se trata de la última campaña de los perfumes españoles. Que va más allá de la simple publicidad; se trata de un cambio total de imagen.

Los bultos extraños son plantas. Más concretamente, las imágenes del artista Karl Blossfeldt (1865-1932), un fotógrafo alemán reconocido por sus imágenes botánicas. Formado en la Escuela de Artes Aplicadas de Berlín, se dedicó a documentar los especímenes de plantas que se encontraba con cámaras que fabricaba él mismo. Y lo hacía para conseguir ampliar hasta 30 veces el tamaño real de los objetos que fotografiaba. Su juego de texturas, líneas y contrastes, así como la descontextualización, convierten estas formas vegetales en auténticas esculturas. Su trabajo, poco conocido en España, se expone hasta el 5 de octubre en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza bajo el título Karl Blossfeldt «Urformer der Kunst», de acceso gratuito al público. En ella, se reúnen 40 litografías extraídas del fotolibro que da nombre a la exposición, con el que el alemán se dio a conocer en la esfera artística.

Los envoltorios de Loewe 001 junto a dos ejemplares del libro que hila la exposición de la firma en el Thyssen. Foto: DR

La muestra llega de la mano de Loewe. «Nos parecía importante rendir homenaje a una persona cuya obra nos está dando tanto», dice a S Moda Juan Pedro Abeniacar, CEO de LVMH España, grupo al que pertenece Loewe. Al artista le deben el nuevo lenguaje de sus perfumes. Cada fragancia (nueve en total) luce en su caja una planta, que la hace identificable de un vistazo. «Coincide con la expresión de la firma», asegura Abeniacar. Ahora, las dos divisiones (la textil y la cosmética) confluyen, hablan un mismo idioma. Jonathan Anderson, director creativo, usó una imagen del alemán por primera vez con Loewe 001. Su buen rendimiento, en términos emocionales, les llevó a expandirlo al resto de la rama. «Puedo decir que los resultados económicos se han visto refrendados. Ahora toca seguir, un cambio en el envoltorio no es suficiente, hay que aportar innovación, algo que atraiga al público más allá del paquete», cuenta con orgullo Abeniacar sobre los efectos de este repackaging y sus planes de futuro.

LVMH y el arte, una relación duradera

Que una de las firmas del conglomerado del lujo se aferre al arte para relacionarse con el consumidor no es novedad. Otras, como Louis Vuitton, también lo hacen, y no solo para conformar los códigos de la firma. Desde 2014, la Fondation Louis Vuitton, en el distrito XVI de París, promueve a artistas contemporáneos internacionales con su colección permanente y sus exposiciones temporales, eventos musicales, encargos artísticos… «Ya solo el edificio es un monumento en sí», opina Abeniacar de la fundación, diseño de Frank Gehry, responsable del Guggenheim de Bilbao. El arquitecto también reforma La Maison LVMH, un espacio en el mismo barrio parisino que abrirá en 2020, reforzando su apuesta por el arte en la capital francesa. «Creo que el presidente del grupo, Bernard Arnault, tiene buena relación con Gehry, que ha dado lugar a estas colaboraciones con este genio actual», explica el español.

El grupo también ha llevado a cabo otras acciones filantrópicas, como la reforma del Palacio de Versalles. Y pese a este continuo apoyo a las disciplinas artísticas, sus movimientos a favor de la cultura accionan las críticas de los más escépticos, que se preguntan las razones reales de esta actitud. A saber: intereses económicos basados en reducción de impuestos, y argumentos similares. Para Abeniacar, son gajes del oficio. «En el momento que haces algo destacado, aunque sea por el interés común, van a salir detractores. También los hay aquí, sin mencionar a nadie, pues ya tenemos todos en mente quiénes son. Sus motivos tendrán, probablemente muchos pueden aprovecharlo y salir en los medios de comunicación. No lo entiendo y no lo comparto».

De las últimas polémicas del grupo, destaca la remodelación de la catedral de Notre Dame tras el incendio del pasado 15 de abril. Su CEO, Bernard Arnault, se apresuró a prometer 200 millones de euros para ayudar en su reconstrucción. Hasta la fecha, solo han llegado 10 millones. Abeniacar manda un mensaje tranquilizador: «Si Bernard Arnault prometió 200 millones de euros para Notre Dame, dará 200 millones de euros, y el 100% se destinará a la rehabilitación de la catedral».

La relación de Loewe, que nació en España, con el arte también viene de lejos. De su logo se encargó el pintor, escenógrafo y ceramista valenciano Vicente Vela en 1970. Y siempre ha apostado por la artesanía para la creación de sus piezas. El objetivo, ahora, es abrirse a nuevas fuentes de inspiración. «Hemos bebido mucho de artistas nacionales, pero estamos abriendo el espectro. Hay una gran cercanía entre el universo del arte y la firma», sentencia Abeniacar.

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