Así es la vida (y así son las casas) de los que optan por vivir sin plástico

Las mujeres lideran toda una revolución en forma de blogs y consultorios en la red para tratar de reducir el impacto ecológico a cero.

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Bea Johnson dirige Zero Waste Home, que vendría a ser el 'Goop' de aquellos que aspiran al impacto cero. Foto: Coleman-Rayner | Bae Johnson

Una ballena agoniza en las costas de Sotra (Noruega). Tras practicarle la eutanasia, los veterinarios encuentran en su estómago 30 bolsas grandes de plástico -en algunas de ellas, irónicamente, todavía puede verse el logo de 100% reciclable–, además de trozos más pequeños de este material. Al día siguiente, el cubo de basura dedicado a los envases se convierte en una imagen molesta, un Pepito Grillo que nos devuelve a la muerte de ese grandioso animal. Pero bajar la bolsa y añadirla a las muchas que ya llenan el contenedor amarillo es ya un puñetazo en la conciencia. ¿Puede ser capaz la ciudad, el municipio, el país, el planeta de deshacerse de toda esta basura?, ¿qué proceso hay detrás de ese truco de magia que cada noche hace desaparecer miles de botellas de agua, celofanes, bolsas u objetos de plástico que desechamos sin apenas darle uso, mirarlos o necesitarlos realmente?

La tarea medioambiental de muchos se reduce a no tirar cosas al suelo y a separar las basuras y meterlas en el contenedor adecuado. Otros, sin embargo, van mucho más allá y ponen el énfasis en reducir, no solo el plástico, sino todos sus residuos hasta llegar a abrazar la filosofía del zero waste. Una tendencia que, curiosamente, está capitaneada por mujeres. Las heroínas de un mundo sin basuras cuentan cómo transitar al camino verde en sus blogs con miles de seguidores en todo el mundo.

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Johnson y su familia en el salón de su casa. Ella asegura que solo gastan un tarro al año en plástico. Foto: Zona Foto/Coleman-Rayner

Las más veteranas son Beth Terry y Bea Johnson. La primera cuenta en su My Plastic-free life como todo empezó cuando se recuperaba de una operación quirúrgica y vio en una revista el triste caso de un ave que moría con su estómago lleno de plásticos. Johnson, aunque francesa, está afincada en EEUU y su Zero Waste Home es algo así como el lifestyle de esta corriente ecologista. Bea presume de que con cuatro en casa (marido y dos hijos), la familia solo genera un tarrito de basura al año.

Pero hay más: Lauren Singer, en Nueva York, con su blog Trash is for tossers; Shia, en Alemania, con su Wasteland Rebel, donde da rienda suelta a su apreciado sentido del humor o Kathryn Kellogg, en California, que firma Going Zero Waste.

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Así es la habitación de Johnson y su marido. Foto: Michael Clemens , Sees The Day

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La habitación de uno de los hijos de Johnson. Foto: Zona Foto/Coleman-Rayner

El ejemplo español

En España, Alba (27 años), autora del blog Una vida simple, empezó a escribir de ecología en la red tras su estancia en Holanda. Allí trabajó de voluntaria en asociaciones culturales que pretendían acercar la cultura al medioambiente. “Me di cuenta de que había que cambiar muchas cosas, pero sobre todo desde el punto de vista educacional. Más tarde empecé con el reto de dejar el plástico. Por aquel entonces yo creía que estaba haciendo mi parte: reciclar, hacer compost, comprar muchas cosas de segunda mano, pero cada noche el cubo de los envases se llenaba. Empecé con una iniciativa que titulé en mi blog Los viernes sin plástico, al mismo tiempo que comenzamos a contar (mi pareja y yo) las bolsas de basura de envases que generábamos y que hemos ido reduciendo drásticamente”.

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Shia, de ‘Wasteland Rebel’, escribe sobre su vida sin plástico desde Alemania. Foto: http://wastelandrebel.com

Patricia Reina (35 años) del blog Vivir sin plástico empezó a renunciar a este material en agosto del 2015; al mismo tiempo que abría, junto a su pareja Fernando Gómez (50 años), su sitio en la red para contar su proceso de transición, sus problemas y alternativas. “En cierta medida, escribir de esto fue una forma de anclar el experimento. Algo así como ahora ya no podemos echarnos atrás”, dice Patricia, fotógrafa que trabaja en una tienda online.

“Nuestro proceso fue poco a poco porque si alguien se plantea de un día para otro dejar de utilizar plásticos puede resultar abrumador y hacer que la persona desista”, continua esta bloguera. “Yo recomiendo que para empezar se prescinda de las bolsas de plástico. Hay que ir a la tienda a comprar con la cesta de la compra y llevar tus propios contenedores para la carne, pescado o frutas. Por ejemplo, en la frutería la gente mete las manzanas en una bolsita de plástico, los plátanos en otra, etc. Yo lo guardo todo junto en la cesta y luego lo separo para que me lo pesen. Otra alternativa es tener bolsas de tela para separar las frutas y verduras y facilitarle así el trabajo a la dependienta a la hora de pesarlo. Normalmente no he tenido problemas. A los tenderos les encanta este sistema -se ahorran tener que comprar bolsas de plástico- y los demás clientes te preguntan por qué haces eso. Es entonces cuando aprovecho para explicarles nuestra filosofía y muchos parecen interesados, o al menos empiezan a cuestionarse determinadas cosas”.

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Olvida las bolsas de plástico: este es el kit para hacer la compra que necesitas, según ‘Zero Waste Home’. Foto: Coleman-Rayner | Bae Johnson

“El problema es que hemos elegido un material casi eterno para usar y tirar y esto nos está pasando una enorme factura”, apunta Fernando, teleoperador. Los creadores de Vivir sin plástico residen en Madrid, compran en tiendas a granel (en su blog hay un directorio de estos establecimientos en toda España), hacen su propio compost y parte de la basura orgánica, que tarda más en descomponerse, la llevan a huertos urbanos. Siempre que sea posible, evitan comprar en grandes superficies, donde el empaquetado lleva inevitablemente plásticos. Jamás utilizan el take away y si acuden a un concierto, en el que no dejan entrar vasos de cristal, renuncian a la bebida. “No podemos decir que nuestro consumo de plásticos es cero. Siempre hay cosas que es imposible evitar, pero es casi inexistente. Actualmente se limita a los dosificadores de las botellas de aceite (que compramos en cristal), pastillas o medicinas y el plástiquito de algunos sobres con ventana del banco”, apunta Patricia.

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El armario sin plásticos de Scott y Bea de ‘Zero Waste Home’. Foto: Coleman-Rayner | Bae Johnson

No hay, necesariamente, que vivir en el campo para ser zero waste

Alba vive ahora en San Vicente de la Barquera (Cantabria), pero antes residió en Madrid, donde empezó con esta iniciativa. “Mucha gente se cree que prescindir del plástico o llevar una vida más ecológica, es más fácil si vives en el campo, pero no es del todo cierto. Aquí no hay tiendas a granel ni determinados productos que usamos para sustituir a los de plástico. Una vez al mes vamos a una ciudad para hacernos con provisiones (arroz, legumbres, azúcar, cereales…) y evitar así comprar estos productos en el supermercado, rodeados de packaging. Otra pregunta que me hacen a menudo en el blog es si es más caro este estilo de vida. Es cierto que comprar en tiendas a granel es más costoso que hacerlo en Mercadona pero también te ahorras muchas cosas. Nosotros hacemos nuestras recetas caseras y los productos de limpieza, como lavavajillas o detergente, los compramos en Goccia Verde, donde reutilizan los envases y los venden a granel. La cosmética es más complicada porque muy poca viene en tarros de cristal. La poca basura orgánica que echábamos al contenedor, al principio, la envolvíamos en papeles de periódico”.

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La cocina y la despensa de la familia de ‘Zero Waste Home’. Foto: Michael Clemens , Sees The Day

Elvira Jiménez es la responsable de la campaña de plásticos de Greenpeace. Su labor es concienciar a la población sobre la necesidad de la reducción de plásticos de un solo uso (envases y recipientes), que en España está cerca del 40% del consumo total de este material. “Pero también va dirigida al gobierno y a las autoridades competentes para que incluyan políticas de reducción y reutilización de envases, ahora que se elabora la Estrategia Europea de Plásticos”, comenta Jiménez. “En algunos países como Noruega o Alemania, se está llevando a cabo lo que se llama Sistema de Depósito de Residuos. Unas máquinas se encargan de recoger los envases vacíos de bebidas (de plástico o latas) y devuelven al que los ha introducido una determinada cantidad de dinero. Esos envases se reutilizan y así se genera menos basura. Es algo parecido a lo que se hacía antes con los cascos de las botellas de vidrio. En España podría implantarse este sistema y nuestra experiencia es que las comunidades autónomas (especialmente Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares) están más interesadas en esto que el gobierno central”, apunta Elvira.

Nieves Rey, directora de comunicación de Ecoembes, alerta de que este sistema que se utiliza en algunos países tiene su parte negativa. “El Sistema de Depósito de Residuos es muy controvertido. El problema viene porque puede afectar al bolsillo de los consumidores encareciendo el precio final, complicar la infrastructura de sus cocinas y hacer cargar a los supermercados con la compra de máquinas y toda la logística necesaria para el proceso de reciclaje. Es un sistema caro que solo permite reciclar en horario comercial, cuando con los sistemas actuales que utilizamos en España podemos reciclar las 24 horas del días, los siete días de la semana. Además, no hay que olvidar que crear todo un sistema de recogida de envases de bebidas en horario comercial conlleva camiones y furgonetas expulsando CO2 en hora punta y generando más tráfico y atascos, con el problema de contaminación que tenemos en las grandes ciudades. Nosotros lo vemos como un despropósito”.

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Sí, es posible encontrar porductos de higiene y cosmética libres de plásticos, según Zero Waste Home. Foto: Coleman-Rayner | Bae Johnson

Por otro lado, hay también una normativa europea que quiere reducir el consumo del bolsas de plástico. “En España se ha hecho un borrador de ley que va con retraso y que todavía no se ha aprobado, pero que incluye la prohibición de las bolsas de usar y tirar para el 2020”, comenta Elvira Jiménez, de Greenpeace.

Otro de los problemas del plástico es que además de ser muy resistente, tienen una gran capacidad para absorber los tóxicos que hay alrededor. “Se ha comprobado que los microplásticos, especialmente los primarios (que son los que se fabrican y no los que se han roto por la erosión), tienen concentraciones de tóxicos hasta 1.000 veces superiores al agua que los rodea”, apunta esta responsable de Greenpeace.

La ideología zero waste no solo es buena para el planeta sino para sus practicantes. “La gente es sensible a los problemas medioambientales y quiere hacer cosas, pero no sabe qué ni cómo. En el blog recibo muchas preguntas. Se trata de tomar decisiones y, en parte, este estilo de vida te ayuda a saber que puedes actuar de forma distinta a la mayoría. Puedes decidir no hacer lo que nos están dictando que hagamos”, sentencia Alba. Para Fernando reducir sus basuras al mínimo “ha hecho que me sienta mejor conmigo mismo. Empiezas a ser coherente con tus ideas y fiel a tus principios. Pasas de dejarte llevar por la sociedad o el sistema a hacer lo crees que debes hacer y eso es algo importante”.

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