¿Qué son las pelusillas del ombligo?

La cicatriz tiene operación estética propia (umbilicoplastia), es un atractivo erótico, se puede hacer desaparecer y está habitada por organismos que desconocías.

Kim Novak

Foto: Everett

El ombligo no es más que un cicatriz que recuerda al lugar por el que una vez estuvimos unidos con nuestra madre. Ese por donde nos alimentábamos durante nuestra gestación. Más allá de ese origen, para muchos se trata de uno de los fetiches eróticos del ser humano. Los griegos lo consideraban el centro del cuerpo (aunque no lo sea) y en Las Mil y Una Noches se le define como “recipiente que contiene poderosos aromas afrodisíacos”. Tanta lectura sensual hizo que en 1922 Hollywood impusiera un código de pudor a las actrices: De enseñar el ombligo nada, era algo “diabólico”  porque, en la mente de algún pensante, aquello se asemejaba demasiado a los genitales femeninos y eso, de puertas para afuera, no estaba bien visto. En la época franquista tampoco se podía mostrar en las revistas ni en las películas.

La censura se ha esfumado. Y menos mal, porque todos los humanos tienen ombligo. Bueno, todos menos un par (conocidos): La top Karolina Kurkova, a quien se lo eliminaron durante una operación en su infancia y ha habido que photoshopearlo en más de una ocasión; y la atleta británica Kelly Sotherton, que tampoco lo tiene. Se rumorea, aunque no está confirmado porque nunca posó públicamente en paños menores, que Alfred Hitchcock también era de este selecto club.

¿Y quien tiene el ombligo más sexy del mundo? Para gustos los colores, pero la compañía de  alimentos probióticos AntiBloat hizo un ranking en 2008 que situó en primer lugar al de Rihanna, seguido del de Keira Knightley y el de la veterana actriz Helen Mirren. El cuarto puesto era para Sienna Miller y el quinto para Jemima Khan, ex de Hugh Grant.

En el listado no estaba Madonna. Su ombligo es el más demandado en las clínicas estéticas de Japón, donde las pacientes van con una foto y le piden al cirujano uno igualito al de la diva, a saber: de forma rasgada, para poder lucir sus cropped tops sin miedo a equivocarse.

riri keira

Rihanna y Keira Knightley ganaron una ‘encuesta’ sobre quién tenía el ombligo más bello.

Cordon Press

Doctor, cambiámelo

Esa operación estética tiene nombre, umbilicoplastia, y no solo se hace en Japón, sino en todo el mundo. Mediante esta cirugía se puede cambiar la forma, tamaño, altura o localización del ombligo, con un coste medio de 800 euros en España, donde se practican 5.000 abdominoplastias anuales y muchas de ellas tienen como objetivo (solo o acompañado) la modificación umbilical. La piden los pacientes que padecen una hernia umbilical, alguna malformación congénita y, “en la mayoría de los casos, reducciones postparto y personas que se han sometido a dietas especiales, por ejemplo de preparación atlética”, señala el doctor Antonio Tapia, deI Instituto Tapia de Barcelona. “Hoy en día hay una exaltación de la imagen musculada y, en ese cuerpo delgado, destaca el ombligo”, añade.

El perfil del paciente que reclama una umbilicoplastia es “aquel que acude para mejorar estéticamente el abdomen y además de retirar la piel sobrante, las estrías, reconstruir la musculatura etc, requiere la mejora del aspecto del ombligo, que es el centro estético del abdomen y por tanto parte fundamental”, indica el doctor Gustavo Sordo, de la Asociación Española de Cirugía Estética y Plástica.

Nueve de cada diez personas en el mundo tiene el ombligo hacia dentro. Entonces, ¿qué canon es el que manda a la hora de determinar si es bello o no lo es? Un estudio realizado por el investigador Aki Sinkkonen, de la Universidad de Helsinki, concluyó que los que tienen forma de T, los que son ovalados y verticales son los más atractivos; mientras que los que están hacía afuera  (outies, en inglés) o demasiado hacia adentro (innies) no son tan bonitos. “En realidad, es el paciente que quiere someterse a una umbilicoplastia quien tiene una sensación de defecto, porque no es una cosa visible. Es un punto de su cuerpo donde se fijan ellos, pero no los demás”, advierte Tapia. El doctor Sordo añade que un ombligo “debe ser vertical, no proyectar hacia afuera y de tamaño moderado”.

La cirugía puede ser realizada con anestesia local (indicada para la sutura de orificios secundarios o piercings que ya no se desean y hay que cerrar), con algún grado de sedación (en el caso de desgarros o la falta de “hundimiento”, mediante suturas de fijación) y con anestesia general (en el supuesto de una abdominoplastia completa o en corrección de hernias en esa zona). La operación puede suponer un máximo de 48 horas de ingreso hospitalario (en el caso de cirugías abdominales y reposición del ombligo) o incluso sin él.

Kurkova ombligo

Karolina Kurkova, la top sin ombligo

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¿Qué pasa con las pelusillas?

Más allá del fetichismo erótico de esta zona en concreto (muchas páginas al respecto en internet, que aluden a todo tipo de prácticas), quien dijo que el ombligo no vale para nada se equivocó. En la actualidad, se utiliza como canal para la práctica de laparoscopias, por no hablar de que en sí mismo alberga un auténtico ecosistema: Está habitado por dos mil especies de bacterias y microorganismos, alguno de los cuales no está presente en ninguna otra zona del cuerpo. Otros son más comunes, como los estafilococos (presentes en la piel), bacilos que luchan contra hongos y virus o micrococcus, que son las bacterias responsables del olor corporal.

Hay bacterias del ombligo que solo están presentes en menos de diez de cada 60 individuos, aunque la mayoría puede encontrarse en el 70% de los cuerpos, según una investigación científica de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, que se publicó en la revista PLoS ONE.

Y luego están las pelusas, esos elementos misteriosos que dejaron de serlo tanto cuando los científicos se interesaron por ellas. El doctor Karl Kruszelnicki de la Universidad de Sydney se puso manos a la obra y averiguó que está formada por fibras de ropa, piel muerta y vello (por eso que las mujeres tengan menos que los hombres, ya que su vello corporal es más fino y más corto). Tamaño descubrimiento le valió el Premio Ignobel en 2002, una parodia de los Nobel que se entregan a investigadores que han realizado estudios que hacen gracia pero dan que pensar.

Seis años más tarde, el químico Georg Steinhauser hizo otra investigación utilizando como muestra 503 pelusas de su propio ombligo. Así constató (y publicó en Medical Hypotheses), que las camisetas nuevas generan más pelusas que las viejas y que el ombligo las “atrapa”, así que mejor utilizar ropa usada y afeitarse la zona.

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