¿Qué nos está robando la energía?

Las comidas desordenadas, el tabaco y el alcohol, y sobre todo no descansar cuando necesitamos desconectar pueden acabar con nuestras ganas de hacer cosas.

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Nuestros malos hábitos de vida son básicamente los únicos responsables de nuestra pérdida de energía. Hablamos con expertos para saber cuáles son esos ladrones que nos quitan las ganas de hacer cosas y qué podemos hacer para recargar mejor nuestras pilas.

1. Alimentos que nos dejan sin batería:
Vigilamos mucho el tipo de combustible que le ponemos a nuestro coche, y sin embargo, hacemos mucho menos caso a lo que ingiere nuestro cuerpo, y es que lo que comemos, o aún más, cómo lo comemos, es vital a la hora de sentir renovada nuestra energía. Es común que cuando nos sentimos cansados recurramos a bebidas con cafeína, pero lo que no sabemos es que un exceso de las mismas puede producir el efecto totalmente contrario. Tampoco nos paramos a pensar en cómo influyen en la calidad de nuestro sueño, y por tanto, en volver a levantarnos con esa sensación de cansancio. De forma similar, el azúcar, también puede tener ese efecto de “subidón”, pero los carbohidratos refinados como el pan blanco, el arroz, patatas o cereales, que son también una fuente importante de azúcar, se digieren rápidamente por el cuerpo, lo que en grandes cantidades puede llevar a una caída en los niveles de azúcar en sangre, dejando sensación de fatiga en el cuerpo. Asimismo, Marián García, doctora en Farmacia, nutricionista y autora del blog Boticaria García, recuerda que "los azúcares son imprescindibles para la función vital (son el alimento favorito de nuestras neuronas) pero en demasía, una parte de la glucosa puede transformarse en colesterol”, que como sabemos, también en exceso, puede obstruir nuestras arterias, es decir, estropear nuestra maquinaria.

2. Consumir tóxicos: Marián García señala entre esas cosas que nos quitan la energía dos malos hábitos muy extendidos, como es el consumo de alcohol y tabaco, y es que ambos además de provocar múltiples y graves enfermedades a largo plazo, van debilitando nuestro cuerpo poco a poco. En cuanto al tabaco, la experta incide en que “podría decirse que nos va matando por dentro, pero también por fuera. Fumar puede producir un envejecimiento prematuro en la piel, especialmente en las mujeres, ya que tienen una piel más fina”. No olvida igualmente que el alcohol, más allá de sus efectos crónicos, tiene un efecto inmediato, y es que esa copa de más la noche anterior, puede dejarnos totalmente K.O al día siguiente. “¿Por qué? El alcohol actúa como irritante de la mucosa gástrica y además puede provocar dolor de cabeza, náuseas y debilidad. El mejor consejo es una buena hidratación y, aunque sea de cajón, limitar el consumo del mismo”.

3. Comidas desordenadas:
No es sólo lo que comemos, sino cómo lo comemos. Aunque la cantidad ingerida sea la misma, no es lo mismo comer ordenadamente varias veces al día, que pegarse un atracón ocasional y pensar que así nuestro cuerpo se quedará satisfecho para el resto de la jornada. Por ello es importante no saltarse comidas, sobre todo el desayuno, por mucha prisa que tengamos por llegar pronto al trabajo. “No desayunar, además de dejarnos a medio gas, es un mal hábito que algunos estudios asocian a hipertensión y obesidad en el futuro”, recuerda García. La experta también reseña en este punto que “no sólo es importante aportar energía al cuerpo en cantidad, sino en calidad. Las vitaminas y los minerales son los reguladores del organismo, los que se encargan de que todo funcione correctamente, y por ello las frutas y verduras deben estar presentes en cada una de las comidas diarias”.

4. No hidratarnos: Nos centramos tanto en lo sólido, que muchas veces nos olvidamos de la importancia de los líquidos. Y es que, si en ocasiones nos sentimos desfallecidos, no es por no haber comido, sino por no haber bebido lo suficiente, puesto que la deshidratación leve puede tener efectos adversos en nuestro nivel de energía, el estado de ánimo y la concentración. Incluso, en casos más extremos, tal como señala Marián García, puede producir “mareo, cansancio o fatiga y pérdida de memoria”. Una deshidratación más severa puede llegar a disminuir las habilidades mentales y psicomotoras “o hasta producir una pérdida de conocimiento”, así que es muy importante no olvidar ingerir líquidos a lo largo de todo el día.

5. No movernos lo suficiente: Ya sabemos que hay que hacer ejercicio, pero la realidad es que muchos pasamos, por obligación, incontables horas sentados en la oficina, por mucho que nos digan que estar sentados puede acortarnos la vida. ¿Qué hacer entonces? Pablo Delgado, fisioterapeuta en Fisioterapia de la Serna propone “intentar cada dos horas levantarse y dar un paseo de un minuto aunque sea, de tal forma que movamos el cuerpo, mejorando su circulación. También puede ayudar hacer ejercicios con los pies (giros, lateralizaciones, etc.) para favorecer el retorno venoso”. Por supuesto, la otra recomendación pasa por que cuando salgamos de trabajar no nos dediquemos en exclusiva al “soffing”, sino que intentemos hacer algo de ejercicio, al menos durante media hora, cuatro días en semana. Para quien ya tenga en mente ese “no tengo tiempo” o simplemente el “odio del deporte”, el fisioterapeuta apunta que “siempre se puede optar por subir por las escaleras y no por el ascensor, si se va en transporte público bajarse alguna parada antes, o aparcar el coche a una distancia que nos obligue a caminar, porque aunque sea poco, si se hace a diario, haremos un bien mayor a nuestro cuerpo de lo que pensamos”.

6. No descansar:
Si hay algo que realmente nos roba la energía es no dormir bien. Es como cuando no apagamos el móvil en todo el día, y empieza a hacer cosas raras, pues a nosotros también nos pasa. Toda máquina necesita su tiempo de descanso para hacer “reset”, y muchas veces lo que nos lo impide son también nuestros malos hábitos antes de ir a la cama, como precisamente, seguir con el móvil conectado. No sólo por la influencia lumínica de las pantallas, sino también por el hecho de mantener la mente tan activa hasta justo el momento antes de cerrar los ojos. Por ello, el fisioterapeuta de la Serna cree necesario “un rato antes de dormir, ir bajando el ritmo de actividad mental, de tal forma que al llegar a la cama a dormir, estemos más dispuestos y preparados/relajados para el descanso”.

7. El estrés: Pese a que hagamos caso a estas recomendaciones, muchas veces el motivo de nuestro insomnio es nuestro propio estrés, y es que si hay algo que nos deja sin fuerzas para afrontar el día, son las tensiones y las presiones a las que cada vez más nos vemos sometidos. Nuestra cabeza también es parte de la máquina, y como todo, forzarla a veces sólo supone bloquearla. Desde un punto de vista mucho más técnico, Pablo Delgado explica que el estrés afecta a nuestra musculatura, puesto que “se somatiza, produciendo dolores muy típicos, por ejemplo en la zona cervical (que puede llegar a darnos dolores de cabeza, sensación de vértigos, bruxismo, etc.)”. El consejo para ello es el que todos sabemos, pero que pese a ser simple, es el más difícil de aplicar de todos. Tomarnos la vida de otra manera.

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