Puede que abusar del zapato plano sea tan malo como el tacón

Una suela recta, advierten los expertos, provoca problemas como la fascitis plantar o la fractura de estrés, que causan molestia y hasta dolor al caminar.

Puede que abusar del zapato plano sea tan malo como el tacón

La ausencia completa de elevación entre el antepié y el talón puede causar lesiones Foto: imaxtree

Siempre en el punto de mira, el tacón ha generado controversia tanto por su simbolismo (quienes lo consideran una imposición heteropatriarcal frente a quienes lo reivindican como arma feminista) como por su falta de comodidad. Y es que está demostrado que el abuso en su uso repercute negativamente en el pie. Ahora bien, ¿y si su contraparte, la suela completamente plana, tuviese efectos tan dañinos como esos centímetros de más?

Los expertos de Fisioserv, clínica de fisioterapia a domicilio, advertían recientemente de que el uso continuado de calzado plano influye en el desarrollo de ciertas enfermedades. Señalan, por ejemplo, a la fascitis plantar, una inflamación de la fascia compuesta por tejido conectivo que va desde el hueso del talón hasta los dedos y causa un dolor intenso en la planta del pie. También destacan la intensificación de la presión sobre el puente, que puede desembocar en la enfermedad del arco caído (pies planos), cuya consecuencia inmediata es malestar al caminar.

El doctor Manuel Monteagudo, responsable de la Unidad de Pie y Tobillo del Servicio de Traumatología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, rebaja el nivel de aviso a un sector de la población: “Las personas que, constitucionalmente, tienen un sistema gemelos-Aquiles-fascia plantar menos elástico toleran peor esta suela, pues sobrecargan los gemelos y pueden sufrir molestias”. El doctor Manel Ballester, jefe de la Unidad de Pie y Tobillo de Creu Blanca, coincide en el diagnóstico: “Para una persona que no está acostumbrada a caminar mucho, un zapato plano puede producir fractura de estrés (una pequeña grieta en el hueso producida por microtraumatismos repetidos o una carga excesiva)”.

¿Y qué ocurre entonces con el tacón? Monteagudo se mantiene firme: “Depende de cada persona. Hay mujeres que tienen una buena mecánica de carga y que toleran todo tipo de tacones de manera continuada, porque sus mecanismos de compensación muscular son muy buenos. Otras, sin embargo, desarrollan una metatarsalgia (dolor en la región de la almohadilla plantar anterior)”. Para Ballester, el problema sucede por la asociación entre esa elevación y una horma estrecha. “Suelen diseñarse así, pues la moda restringe mucho el tipo de zapatos disponible en el mercado”, considera el experto.

Del tobillo para arriba

Los problemas del uso de un calzado inadecuado no se limitan a los pies. Estas extremidades acogen el peso de todo el cuerpo, por lo que la pisada puede afectar a otros músculos y articulaciones, en especial de las piernas. “Efectivamente, todo está conectado”, confirma Montagudo. “La exigencia del calzado plano es mayor sobre la musculatura gemelar e isquiotibial, y la del calzado con tacón es mayor en los extensores del tobillo y de la rodilla”.

Los profesionales de Fisioserv advierten: utilizar zapato plano a diario puede provocar osteoartritis (el trastorno articular más común debido al envejecimiento, desgaste y rotura en una articulación) y daños en las articulaciones. “Además, repercuten en la zona baja de la espalda, en los tobillos y en las caderas, causando también diferentes dolores crónicos, por ejemplo en la zona lumbar más baja”, añaden. Monteagudo lo desarrolla: “Pueden desarrollarse dolores de transferencia o compensación, pero no debemos esperar que se produzcan lesiones importantes en otras articulaciones o músculos”.

La mejor opción: el término medio

Con afecciones similares en número y gravedad de una y otra suela, la decisión sobre cuál elegir parece difícil. Monteagudo recomienda alternar el tipo de calzado para que el pie se adapte a trabajar diferente. “Cuanta mayor variedad se utilice, mayor será la flexibilidad y potencia del pie durante la marcha”. Claro que, de nuevo, advierte de que todo va en función de cada una. “La tolerancia individual puede marcar los tiempos, según la comodidad de cada persona con cada tipo de calzado”.

“Lo importante es tener una buena salud del pie”, recomienda Ballester. Para el doctor, lo idóneo es hacerse con zapatos cómodos, aunque eso signifique renunciar a la moda. “Es normal que en ciertas ocasiones se deban poner pares más estilosos, pero se debe limitar su uso”.

Para el uso diario y constante, Monteagudo se inclina por un tacón moderado, lo que llama “una buena solución para la mayoría de personas”. Desde Fisioserv, sitúan la medida justa de esta elevación entre los 3 y los 5 centímetros, “con el fin de proteger la espalda y evitar también diferentes tipos de lesiones en los pies”. Y aunque el zapato ideal no existe, parece haber consenso en unas características comunes: una base de tacón amplia, combinada con una caja anterior (acomoda el antepié) igualmente extensa, y una plantilla original con soporte del arco interno. Y medir el pie para dar con la talla adecuada.

La conclusión, por tanto, parece obvia: se debe prestar atención a las características propias y, en función a estas, decidir el calzado más adecuado y limitar el uso del más perjudicial. Al final, como destaca Ballester, ninguno de ellos es inherente al ser humano. “Durante miles de años el ser humano ha ido descalzo y el organismo y el propio pie se ha adaptado. Recomienda muchas veces ir descalzo y sentir el suelo, pues tiene muchos beneficios en la musculatura, el equilibrio y demás”.

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