Chamanas de Instagram: la invasión de las ‘influencers’ de la pseudociencia

Una legión de jóvenes estilosas mezcla la narrativa del 'empoderamiento femenino' con el negocio de las pseudociencias. Las díscipulas del 'wellness' crean un nuevo género de curanderas que bebe del pulso activista y lo mezcla con hechizos o piedras 'curativas'.

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La 'influencer' Claudia Ayuso. Foto: Instagram Claudia Ayuso

«Si algo me cuadra, no me hace falta que esté demostrado científicamente». A Miranda Makaroff (292.000 seguidores en Instagram e imagen de varias firmas de moda) le encantan las pseudociencias. La influencer ha defendido desde sus redes sociales y en alguna que otra entrevista su entusiasmo por lo que el ministro de Ciencia cataloga como «teorías de sacacuartos peligrosas«. Makaroff disiente y unas veces anima a leer las teorías de curanderos como Francisco Moya (un radiólogo con consulta que sostiene que toda patología, también el cáncer, tiene un origen emocional. Que si enfermamos, básicamente, es porque no somos lo suficientemente positivos); otras, publica stories en su cuenta de Instagram donde recomienda la lectura de libros como Spiritual Growth y narra su epifanía tras entender que su eczema atópico se curó por su felicidad personal. Motivo para concluir, sustentándose en las teorías del libro, que lo mismo los seres humanos enferman porque no nos queremos lo suficiente a nosotros mismos.

Makaroff no hace negocio con las pseudociencias aunque haga apología de ellas con sus seguidores. Otras estrellas, como Gwyneth Paltrow, sí han edificado un mastodóntico imperio empresarial –Goop, valorado en 200 millones de dólares– a base de mercantilizar los miedos de la mujer occidental con terapias alternativas. Suyo es el arte de dominar el wellness, ese cajón de sastre en el que mediums y curanderos se mezclan con perfiles médicos poco ortodoxos ofreciendo supuestas respuestas a la ansiedad y debilidades más oscuras de la mujer moderna (¿Por qué me veo gorda? ¿Por qué me veo vieja? ¿Por qué no duermo bien? ¿Por qué no me sube la libido?). Paltrow monetiza remedios por los que la comunidad científica ha puesto el grito en el cielo en repetidas ocasiones –y por los que ha sido hasta multada– pero a ella, todas estas denuncias, plin. Hasta las agradece. La viralidad de esa indignación, ironías del destino, redirige a su web y aumenta sus beneficios de forma directa, algo por lo que ella se vanaglorió personalmente en el indispensable perfil del suplemento de The New York Times que firmó este verano la siempre afilada Taffy Brodesser-Akner.

El wellness de la actriz y empresaria a ratos y sus sucedáneos, acogidos con entusiasmo por las revistas femeninas en la última década, ha derivado en un nuevo fenómeno al hilo del auge del marketing feminista y la popularización de las redes sociales: la eclosión de las denominadas influencers de la pseudociencia. Chicas estilosas, hábiles en la neoestética del rosa millennial y de la narrativa del meme. Se venden como brujas y chamanas modernas y lo mismo comparten una cita de Gloria Steinem que te venden «un elixir de hierbas para abrir el corazón». Son místicas ensalzadas por las revistas de tendencias que se suben al carro del empoderamiento femenino –algunas lo bautizan como «activismo espiritual»–,  mientras se lucran vendiendo las bondades de piedras mágicas, tutoriales de construcción de altares o rituales de brujería moderna para «desterrar a una persona tóxica». Que nadie las confunda con las W.I.T.C.H, el grupo feminista de los 70 que imitó la iconografía visual de las brujas como recurso activista. Hablamos de mujeres que han construido una marca pseudocientífica bajo el envoltorio cool del marketing activista que triunfa tras el despertar feminista global.

Gabriela Herstik se autodenomina «alquimista de la moda y bruja moderna», tiene columna en revistas y webs de éxito como Nylon, i-D o Broadly, 15.000 seguidores en Instagram y el próximo cuatro de octubre publica con Roca Editorial la traducción al castellano de Cómo ser una bruja moderna, un compendio de consejos vitales porque, según cuenta en la presentación del libro sabe «que cada palabra tiene magia y agregarle un poco de lápiz labial nunca duele».  Entre sus páginas hay una guía de «estilo espiritual» con guiños desde Patti Smith a Morticia Adams, tutoriales para preparar agua bendita o un capítulo dedicado al Abecé de los cristales y la astrología. Herstik, en este nuevo paradigma, no es la única en promulgar estas bondades. Chani Nicholas  también arrastra un culto de fans (163.000 seguidores en Instagram) con sus memes en los que mezcla cultura pop y críticas al patriarcado con la astrología, escribe columnas para el newsletter de Lena Dunham  y en su web publicita workshops sobre La sabiduría de las diosas.

«Los pensamientos son energía que se transforma en lo que tú decidas» o «mirad, yo me pongo fluorita al lado del ordenador para evitar las ondas negativas y las caquitas de la tecnología«. Estos son algunos de los consejos que ofrecen las influencers ‘chamánicas’ que denunció este verano Rocío Vidal en su canal de YouTube. Conocida bajo el alias de La Gata de Schrödinger, esta periodista de Castellón con máster en comunicación científica descubrió desde su plataforma dos casos de influencers espirituales españolas relacionadas con el mundo de la moda y belleza –ambas promocionan marcas de este ámbito en sus cuentas–. Vidal voceó sus casos alegando que se lucraban con las terapias alternativas apelando a las inseguridades de sus seguidoras. Se trataba de María Cadepe (256.000 seguidores) y Claudia Ayuso (129.000 seguidores ), dos chicas que se habían especializado en la cultura del lifestyle y que en los últimos meses viraron su filosofía y posts de recomendaciones a una labor mucho empresarial. Las influencers se asociaron con una astróloga británica bajo el dominio Live by your soul, donde ofrecían sesiones de «conversaciones con tu alma» (durante 45 minutos y por unas 50 libras por Skype te limpiaban el aura a distancia y te equilibraban los chacras); por 70 libras te hacían la carta Astral y por 20 libras te mandan un PDF con tu animal espiritual. La polémica llevó al cierre de la web y ahora estas dos jóvenes venden sus productos y terapias desde sus dominios personales.

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«No pretendía criticar gratuitamente», aclara a S Moda Vidal y hace hincapié en el hecho de que las jóvenes se lucran con terapias pseudocientíficas. «Hice el vídeo porque estas chicas venden unas vidas idílicas desde sus redes y pueden influenciar y aprovecharse de gente vulnerable, desesperada o con problemas de salud. Muchas chicas jóvenes quieren replicar estas vidas y puede ser problemático si se sustentan en la pseudociencia». Las dos influencers afectadas respondieron desde sus redes alegando ser víctimas de una «caza de brujas». Vidal no desfallece. «Hay mucho mito que desmontar: imagina que una persona enferma deja de tomar su medicación o, desesperada, se pasa a este tipo de prácticas que se aprovechan de sus debilidades, es ahí cuando se debe denunciar». Más allá del bodegón preciosista con cristales rosas curativos y la excusa de reunir a unas amigas para establecer un hechizo entre risas, un centenar de médicos y científicos pidieron esta misma semana a la ministra de Sanidad firmeza con las pseudoterapias tras la muerte de Rosa Morillo, una mujer que abandonó su tratamiento de cáncer para recurrir a la homeopatía: «Seamos claros: las pseudociencias matan«.

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